21 febrero 2026

En la Bienal de Sídney 2026 la memoria será un espacio vivo y en disputa

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La 25ª Bienal de Sídney, curada por Hoor Al Qasimi, construye un mapa de voces marginales, poniendo en relación comunidades y prácticas artísticas a escala internacional.

La Bienal de Sídney se prepara para su 25ª edición, que tendrá lugar del 14 de marzo al 14 de junio de 2026, en cinco sedes expositivas distribuidas en el área metropolitana de Sídney. La directora artística elegida para la manifestación es la curadora Hoor Al-Qasimi, presidenta y directora de la Sharjah Art Foundation, primera árabe en curar la Bienal de Sídney y primera mujer en hacerlo desde 2018.

Rememory, el título elegido por la curadora, pone en juego la memoria como un espacio inestable, atravesado por fracturas y supresiones. Una postura curatorial que entiende la historia como algo que continúa actuando en el presente, a menudo de manera irresuelta. El término, retomado de Toni Morrison, sugiere una memoria que no coincide con el recuerdo ordenado, sino con un proceso de reactivación.

Es en esta zona ambigua donde se sitúan los proyectos de los 83 artistas y colectivos invitados, provenientes de 37 países, entre ellos Australia, Nueva Zelanda, Guatemala, India, Argentina, Líbano, Etiopía, Argelia, Taiwán y Estados Unidos. Obras que abarcan instalaciones de gran escala, cine, performance y prácticas socialmente comprometidas, cada una arraigada en historias específicas, pero en diálogo con condiciones globales compartidas; artistas convocados a trabajar sobre narrativas fragmentadas y formas de conocimiento que no encuentran lugar en los relatos oficiales. La Bienal asume así la forma de un verdadero archivo abierto.

Los espacios expositivos contribuyen a esta sensación de estratificación: la White Bay Power Station, reincorporada al recorrido tras su debut en la edición anterior, mantiene su identidad industrial como contrapunto ideal para obras que interrogan la relación entre memoria y transformación. Aquí se presentarán esculturas e instalaciones de gran formato de artistas como Nikesha Breeze, estadounidense, y la pintora Nancy Yukuwal McDinny, Garrwa y Yanyuwa.

Las otras sedes, el Art Gallery of New South Wales, el Chau Chak Wing Museum, el Campbelltown Arts Centre y el Penrith Regional Gallery, dibujan un mapa urbano que rechaza un centro único, privilegiando una distribución por nodos y recorridos. También se desarrollarán programas públicos en el centro de la ciudad y en el área metropolitana de Sídney, entre ellos en Centenary Square en Parramatta, el Fairfield City Museum & Gallery y el Redfern Town Hall.

Hoor Al Qasimi. Photograph: Daniel Boud. Source: https://www.biennaleofsydney.art/hoor-al-qasimi/

«Nos honra participar en la 25ª Bienal de Sídney, que presenta artistas extraordinarios provenientes de contextos y formas de arte diversos, locales e internacionales. Los artistas que presentamos reflexionan sobre una variedad de temas, compartiendo perspectivas e historias inéditas que dan lugar a conversaciones importantes», afirmó Mouna Zaylah, directora del Campbelltown Arts Centre.

La Bienal de Sídney de Al Qasimi presentará obras de numerosos artistas y colectivos palestinos, entre ellos Basel Abbas y Ruanne Abou-Rahme, Khalil Rabah y el estudio de arquitectura DAAR Decolonizing Architecture Art Research, dirigido por Sandi Hilal y Alessandro Petti.

Chau Chak Wing Museum

Entre las obras principales ya anunciadas figura una imponente Ngurrara Canvas II, una pieza de 80 metros cuadrados de 1997, que se exhibirá en el Art Gallery of New South Wales. Realizada por más de 40 artistas Ngurrara del Gran Desierto Arenoso de Australia Occidental, en apoyo a su reivindicación ante el National Native Title Tribunal, la obra fue presentada internacionalmente durante la década siguiente y considera la etapa en la Bienal como la última antes de su regreso definitivo al territorio de sus autores.

El artista argentino Gabriel Chaile instalará un gran horno de adobe y arcilla en el interior de la White Bay Power Station, evocando una herencia cultural que entrelaza raíces españolas, afroárabes e indígenas de la Candelaria. Activada mediante comidas colectivas realizadas con Andina Peruvian Cuisine, la obra utiliza la comida como espacio de relación, donde la memoria se transmite a través de gestos compartidos y prácticas cotidianas. Una lógica afín atraviesa las acciones participativas de Mounira Al Solh: desde la preparación comunitaria del tabbouleh en Granville hasta proyectos de dibujo colectivo con la diáspora árabe, la artista libanesa transforma rituales domésticos en herramientas de relato y resistencia.

En Rememory, también el sonido se convierte en un vector adicional de sentido. En la White Bay Power Station, Cannupa Hanska Luger realizará una instalación sonora compuesta por silbatos de cerámica con forma de dingo, que devuelven al espacio las voces animales amplificadas por la arquitectura industrial. En el Penrith Regional Gallery, Nora Adwan incorporará altavoces sensibles a la humedad en el interior de granadas de cerámica, generando un ambiente sonoro que cambia en relación con el clima.

Penrith Regional Gallery

En el Chau Chak Wing Museum, la artista textil de Melbourne Ema Shin presentará el trabajo más ambicioso de su investigación: un gran corazón tejido a mano que parte de una genealogía familiar en la que las líneas masculinas sobreviven, mientras las femeninas desaparecen. Poco después, el filme de Tuấn Andrew Nguyễn, The Unburied Sounds of a Troubled Horizon, abordará los legados irresueltos de la guerra de Vietnam, tratando la memoria no como pacificación, sino como una forma de resistencia política. La precariedad del archivo emergerá también en Flowers of Africa de Kapwani Kiwanga, presentada en el Art Gallery of New South Wales. La artista reconstruye composiciones florales a partir de imágenes históricas de las ceremonias de independencia africanas, dejando que las flores se deterioren con el tiempo: el lento marchitamiento pone en cuestión la idea de documento estable y revela la fragilidad de las narrativas oficiales.

La muestra abordará finalmente de manera directa el tema de la violencia estructural con Lockdown de Dread Scott, expuesta en el Campbelltown Arts Centre. A través de retratos y testimonios en audio de personas detenidas en Estados Unidos, la obra denuncia la realidad del encarcelamiento masivo inscrito en los cuerpos y las voces.

La curaduría de Al Qasimi se mueve a lo largo de un eje que articula dimensión local e internacional. Las colaboraciones con comunidades First Nations y con realidades diaspóricas no son accesorias, sino el núcleo mismo del proyecto. En este marco se inscribe también el diálogo con la Fondation Cartier pour l’art contemporain.

Hoor Al Qasimi declaró: «Rememory está moldeada por artistas y trabajadores culturales que conciben la memoria como algo vivo, donde la historia informa el presente y se repite en formas distintas. A través de sus prácticas, historias fragmentadas, borradas o suprimidas son revisitadas y reensambladas, no como relatos lineales, sino como actos de memoria compartidos y en evolución. A partir de experiencias personales, familiares y colectivas, los artistas de esta edición revelan cómo el pasado permanece presente, invitando al público a interactuar activamente con la memoria como espacio de responsabilidad, reflexión y posibilidad».

En un primer contraste con la Bienal anterior, se observa que Ten Thousand Suns había apostado por una dimensión expansiva, capaz de articular emergencias globales y prácticas artísticas como formas de resistencia y toma de posición. Rememory, en cambio, reduce el radio de acción aparente, eligiendo un enfoque más concentrado, insistiendo en procesos y genealogías menos visibles.

Installation view, ‘Ten thousand suns’ 24th Biennale of Sydney 2024, Art Gallery of New South Wales, featuring art by Pacific Sisters (foreground) and I Gusti Ayu Kadek Murniasih (wall) photo © Art Gallery of New South Wales, Christopher Snee

En su conjunto, Rememory ofrece la imagen de una Bienal que utiliza el arte como instrumento de revisión y escucha, dejando abiertas las preguntas sobre cómo la Historia y las historias se construyen y quién tiene el poder de narrarlas. De ello resulta una Bienal que parece querer funcionar como dispositivo de escucha y confrontación, un lugar donde la memoria se conserva pero también se pone a prueba. Y quizá, precisamente por eso, vuelve a hacerse compartible.

El artículo «En la Bienal de Sídney 2026 la memoria será un espacio vivo y en disputa»  fue publicado originalmente en exibart.com Haz clic aquí para acceder a la versión original en italiano.