En 2022, tras presentar Gris en la Galería Santa Fe como ganador del X Premio Luis Caballero, Edwin Sánchez desplazó su investigación sobre la cancelación y el linchamiento mediático hacia un territorio más amplio: la maquinaria contemporánea de producción de verdad. Si en aquel momento el foco estaba puesto en las dinámicas de censura dentro del campo artístico, en CLICKBAIT, presentada en MATERIAL, el artista amplía la escala y se adentra en la propaganda digital de extrema derecha, la economía algorítmica y la militarización simbólica del ecosistema informativo.
El componente central de la exposición es contundente: 150 videos distribuidos en los dos pisos de la casa que alberga MATERIAL, un espacio bogotano dedicado a la investigación en cultura visual. La cifra no es decorativa; produce un efecto de saturación que replica el régimen perceptivo de internet. Desde el zaguán, una pantalla ubicada a ras de suelo recibe al visitante con el registro, sin postproducción, de una marcha uribista. La decisión de presentar el material en bruto no busca neutralidad, sino fricción. La imagen no está estetizada: está expuesta.

El primer piso funciona como un mar embravecido de pseudoinformación. En el patio interior, oscurecido y atravesado por luz roja, cuelgan panfletos y revistas que documentan la deriva editorial de un medio tradicional colombiano hacia una retórica abiertamente alineada con intereses corporativos y agendas conservadoras. Sánchez no trabaja aquí con la denuncia frontal, sino con la acumulación. El archivo se convierte en paisaje.

Entre muebles de madera y cajas apiladas, que remiten tanto a bodegas comerciales como a dispositivos domésticos, se proyectan videomappings con fragmentos de marketing político, feminismo neoliberal instrumentalizado e iconografía religiosa convertida en herramienta de odio. La inteligencia artificial aparece como método de manipulación visual, no como fetiche tecnológico. En esta sección, la exposición roza lo infernal: no por exceso de dramatización, sino por la constatación de que la propaganda ya no necesita ocultarse.
La curaduría de Andrés Foglia organiza este material bajo una lógica rítmica. El recorrido no es caótico, aunque lo representado lo sea. Se transita de la saturación a una zona más contenida en el segundo piso. Allí, la museografía cambia: celulares dispuestos con mayor orden, una proyección de cierre, menos ruido. Si el primer nivel es un descenso, el segundo ofrece un espacio de decantación.
Uno de los gestos más incisivos del proyecto no está únicamente en lo que se exhibe, sino en el proceso que lo antecede. Sánchez decidió “deseducar” su propio algoritmo: reactivar historiales, desactivar filtros, exponerse deliberadamente a contenidos de ultraderecha, canales parapolíticos y comunidades digitales que operan bajo la lógica de la radicalización. El artista no observa desde afuera; se infiltra. Esta dimensión performativa complejiza la exposición: el archivo no es una colección distante, sino el resultado de una inmersión voluntaria en la toxicidad.
Esa estrategia conecta CLICKBAIT con debates contemporáneos sobre aceleracionismo y “ilustración oscura”. Sin convertir la muestra en un ensayo teórico, Sánchez alude a la idea de que el dominio tecnológico y la concentración corporativa no son fallas del sistema, sino su culminación coherente. La propaganda ya no es solo ideológica; es infraestructura. Plataformas financiadas con capital público y privado, conglomerados mediáticos y economías de datos configuran un entramado difícil de desmantelar.
En este contexto, la exposición funciona como contraarchivo. No pretende corregir la desinformación con información “verdadera”, sino evidenciar el mecanismo que la produce. El clickbait, esa promesa degradada de conocimiento que se activa con un botón, es traducido aquí en experiencia física. Lo que en línea se consume con un gesto automático exige tiempo, desplazamiento y atención.
El segundo piso culmina con un cortometraje de ocho minutos que entrelaza material encontrado, obras anteriores y escenas autobiográficas del artista en distintas etapas de su vida. La estructura remite, según el propio Sánchez, a una versión contemporánea de El jardín de las delicias: múltiples escenas, personajes y capas narrativas que requieren ser recorridas más de una vez. No hay moraleja clara. Tampoco superioridad moral. El artista parece desconfiar tanto del cinismo como de la pureza ideológica.
En el contexto colombiano, la exposición resuena con particular intensidad. La circulación de desinformación, la polarización política y la instrumentalización religiosa han marcado el debate público reciente. Sin embargo, CLICKBAIT evita convertirse en comentario coyuntural. La crítica se dirige a la arquitectura misma del sistema mediático. El caso local es síntoma de un fenómeno global.
La elección de Bogotá como escenario no es menor. Desde esta ciudad, atravesada por tensiones históricas entre centro y periferia, entre capital financiero y precariedad urbana, la investigación adquiere un espesor situado. MATERIAL, con su escala doméstica y su vocación investigativa, permite una experiencia que sería difícil en una institución monumental. Aquí, la proximidad intensifica la incomodidad.
Realizada con el apoyo del Programa Nacional de Estímulos 2025 del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, la exposición también introduce una paradoja productiva: una crítica a la infraestructura mediática financiada parcialmente por el Estado. Esta tensión no se resuelve; se expone.
CLICKBAIT no busca convencer. Tampoco ofrecer soluciones. Su potencia radica en la insistencia: mostrar, acumular, repetir hasta que el visitante reconozca el patrón. En un momento en que la política se experimenta como flujo constante de indignación y miedo, Sánchez propone detenerse. Mirar como acto político.
La pregunta que queda abierta no es solo cómo se produce la propaganda, sino por qué seguimos participando de ella. En esa incomodidad reside la fuerza del proyecto.
Curaduría: Andrés Foglia
Del 18 de octubre de 2025 al 21 de febrero de 2026.
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