Un artista exagerado – Marcos López en Fundación Lariviere (Buenos Aires)
Exposiciones
de Manuel Eiras
En una escena del documental Vuelo de cabotaje, dirigido por Pepe Tobal, que acompaña la muestra en la Fundación Larivière, se lo ve a Marcos López en un río de Córdoba sacándole fotos y dando indicaciones a unas mujeres que posan en el agua. El fotógrafo pone atención en la mirada, insiste en que lo miren de una manera específica que termina de darle fuerza a la escena que se quiere contar, les explica a las modelos/actrices que a él le interesa mostrar el contraste entre las vacaciones y esa pesadumbre, esa soledad que inevitablemente nos acompaña hasta en los momentos más felices.
El contrapunto enriquece la imagen porque esa complejidad, esa rareza inesperada (los rostros serios, la mirada perdida) en una situación completamente reconocible (las vacaciones en el río), termina de completar la atmósfera poética. “La idea es graciosa, pero a mí me gusta calar un poco más profundo que lo gracioso, ir hacia una poética más trágica, más sublime”. No se queda estancado en lo kitsch, sino que llega a ese lugar a partir de reflexionar sobre la cultura popular. El universo de Marcos López está constituido por la exageración, por una esencia particular (moldeada por tonos, íconos, miradas) que remite a otras y que al mismo tiempo es inconfundible. Sus fotografías están cargadas de enlaces y referencias pero también mantienen un componente muy íntimo, una carga personal que las vuelve reconocibles. Tal vez esa estrategia estética tenga que ver con la atmósfera (nunca moderada) que se fermenta en la conjunción entre humorada y desamparo que podemos encontrar en la mayoría de sus obras.

El andarivel del error
El fotógrafo parte de lo real, captura lo que existe, pero en este caso construye la escena; no está esperando que aparezca la foto, sino que va en su búsqueda. Esa búsqueda tiene que ver con situaciones que incorporan, en su preparación, lo planeado y lo fortuito, y en la elaboración narrativa se condensa una impronta ficcional que no termina de desprenderse nunca de lo documental. Así, invención y realidad conviven en un instante (eterno) que se narra para atrás y para adelante. Siempre, en cada foto de Marcos López, nos encontramos con una historia elaborada para cada personaje. En tanto gesto literario, entonces, se vislumbra en la combinación entre el retrato y la puesta en escena una intencionalidad biográfica que deriva del posicionamiento del fotógrafo como narrador. Tanto el retrato como la biografía son géneros que parten de lo real y que, sin abandonar nunca ese terreno, en la narración incluyen imaginación, fantasía.

Con esa sensación recorremos la muestra, impregnados por el sentimiento de lo conocido exuberante. El espectador reconoce eso que se está contando pero le llega con cierta incomodidad, con una pequeña transformación que se debe a diversos factores, según la ocasión, pero que siempre tiene que ver con un corrimiento, un exceso, algo que se resalta o exagera: el color, la actitud del protagonista, la referencia, algún objeto, un cartel, una marca… En ese algo para contar con el que nos encontramos, entonces, lo exuberante no descarta (sino que se termina de entender gracias a) lo conocido. Así aparecen la referencia (“La última cena”, “Las dos Fridas”, el Gauchito Gil, “La lección de anatomía” o la muerte del Che, etcétera), la publicidad (“el gesto publicitario como un elemento que me llega del arte pop”, dice ML) y, sobre todo, lo nacional.

La impronta de lo argentino aparece en la obra de M. López de diversas maneras. Mate. Asado. Fútbol. Bristol. Cataratas. Vino. Riachuelo. Quilmes. Plaza de Mayo. Cafés. Políticos. Pelopincho. Picada. Malvinas. Tango. Soda. Obelisco. Festivales de provincia. Pero no es una foto de una bandera, un paisaje, un monumento o un mapa lo que resalta. Hay elementos que incorporan lo nacional y que son llevados a un terreno irónico, llamativo, exuberante, estereotipado, es decir, pop. Lo nacional se representa con una palabra anglosajona. Y esa incomodidad nos define. “El pop latino es como una copia a Andy Warhol, pero que me sale mal (…) En ese andarivel del error, o el bajo presupuesto, ahí está el sello de identidad de lo nacional”.

El andarivel latinoamericano

En su libro Fantasmas. Imaginación y sociedad, para pensar en lo complejo que resulta definir lo latinoamericano, Daniel Link establece la distinción entre lo “inviolable”, como lo que encanta a los sentidos, lo puro u original que fácilmente termina volviéndose pintoresco y lo “violado”, lo integrado al orden del capitalismo, que tiene que ver con lo perforado, colonizado, violentado o impuesto. Esa doble cara de lo americano ha sido siempre difícil de sostener en imágenes, y la mayoría de las representaciones emblemáticas de lo latinoamericano se han dedicado alternativamente a exaltar o el primer polo o el segundo, lo que significa un empobrecimiento respecto de la complejidad de la realidad que el forzado rótulo de ‘lo latinoamericano’ nos obligaría a tener en cuenta. Tal vez la atmósfera poética que propone Marcos López nos ayude a seguir pensando nuevas posibilidades dentro de la identidad latinoamericana. En un mismo gesto, se encarga de resaltar y a la vez cuestionar los estereotipos. Aparecen así conviviendo lo autóctono con lo foráneo. En sus fotos aparece la pregunta por la forma en la que el colonialismo global o el neoliberalismo resignifica lo local y sus renovadas maneras de manifestarse en la tensión cultural entre lo heredado y lo apropiado. No es fácil definir lo latinoamericano, pero no hay duda que en sus fotos incluye parte de la esencia de esa dificultad.
En una escena de la película López, de Ulises Rosell, se lo ve al fotógrafo y a dos personas más mudando obras a un galpón. “Verano. Calor. Ventilador. Arte. Fotografía. Latin American Art. Argentina”. En un momento Marcos López se detiene a filmar un ventilador con su celular y en voz alta enumera la cantidad de hashtag que agrega al contenido que sube a Instagram. “Esto es para que te vean los extranjeros. Yo estoy dentro de los estereotipos del artista latinoamericano, trabajo en ese andarivel”.
Las miradas y las poses

Entre espectador y personaje hay un condicionamiento temporal que se dirime en la/s mirada/s. La mirada del fotógrafo vuelve en la mirada del que posa y se incrusta en quien está observando la fotografía. Ese ida y vuelta de miradas propone un relato, o mejor: una variación, una red de relatos que constituyen una identidad.
Es lo que vemos; es lo que nos quieren mostrar; es lo que interiorizamos de lo que nos muestran. Esa complejidad hermenéutica, en la experiencia de la recorrida antológica, está inevitablemente determinada por las miradas. En los ojos del que posó está el pasado que se actualiza con el que mira la foto en el presente. La consecuencia de esas miradas, de tiempos e intenciones disímiles pero con criterios comunes, nos conduce a un estilo, una apuesta que es estética pero sobre todo política. Vagamos en medio de una atmósfera poética que nos arrastra por mundos reales e imaginarios y nos obliga a hacernos nuevas preguntas sobre añejas convicciones.

En su artículo “Política de la pose”, Sylvia Molloy analiza los gestos culturales de algunos escritores de finales de siglo XIX a partir de la idea de la pose. Quiero considerar la fuerza desestabilizadora de la pose, fuerza que hace de ella un gesto político. Llegados a este punto, entonces, interesa hacernos algunas preguntas. ¿Qué hay atrás, ya no de esa foto, sino de esa cámara? Es decir, ¿qué pose asume (¿construye?) Marcos López?
Si, como sabemos, la identidad existe en constante cambio, una forma de romper con el estereotipo no es buscar algo estancado con un gesto solemne, sino todo lo contrario: es exhibir, ironizar, desnudar eso que ya conocemos tanto, eso que nos resulta tan cercano que nos llama la atención verlo de esa manera. Exhibir no es sólo mostrar, es mostrar de tal manera que aquello que se muestra se vuelva más visible, se reconozca. El que mira en la imagen es mirado por el espectador y ambos están condicionados por una forma de ver el mundo que cuenta lo que todos vemos y nadie quiere ver. Algo (contradictorio y genial) se impone. Nos provoca. Esas líneas que atraviesan su obra casi obsesivamente generan que reconozcamos su obra y que nos siga interpelando en el presente, ¿a qué se debe esa insistencia, esa exageración? La exageración es estrategia de provocación para no pasar desatendido, para obligar la mirada del otro, para forzar una lectura, para obligar un discurso.

‘Marcos López. Fotografías 1975 – 2025’ en la Fundación Larivière, Buenos Aires
Hasta abril 2026
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