10 junio 2026

Cuando los traumas se convierten en obras de arte: la gran retrospectiva de Tracey Emin en la Tate Modern

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Hasta el 31 de agosto continúa en Londres la mayor exposición jamás realizada sobre Tracey Emin. Entre aborto, enfermedad, violencia y marginalidad, el recorrido atraviesa cuarenta años de obras nacidas de las experiencias más dolorosas de una de las artistas contemporáneas más célebres.

Tracey Emin, A Second Life, vista de la instalación en la Tate Modern. Créditos fotográficos: Tate (Jai Monaghan).

La retrospectiva de Tracey Emin, A Second Life, recorre 40 años de su carrera artística, sin dejar dudas sobre el impacto que pretende tener en el público: tanto a la entrada como a la salida se han colocado avisos que invitan a los visitantes que puedan sentirse afectados por el contenido a dirigirse al personal para solicitar asistencia o acceder a un espacio tranquilo donde procesar lo que acaban de ver. La exposición en la Tate Modern de Londres, que permanecerá abierta hasta el 31 de agosto, da testimonio del impacto tanto artístico como humano de una de las artistas contemporáneas más conocidas a nivel mundial.

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Tracey Emin: A Second Life, vista de la instalación en la Tate Modern con Naked Photos – Life Model Goes Mad (1996). © Tracey Emin. Foto © Tate (Sonal Bakrania).

Utilizando una variedad de medios expresivos, Emin ha transformado historias personales en arte, abordando de forma explícita temas difíciles de asimilar como la marginación, el aborto, el cáncer o el estoma implantado hace seis años tras una larga operación de emergencia provocada por la progresión de una enfermedad oncológica. Desde sus inicios, ha utilizado la expresión artística para afrontar y exorcizar los dramas que marcaron su vida.

La vida de Tracey Emin

Nacida en 1963 en Croydon, al sur de Londres, creció con sus padres en Margate, una ciudad costera del condado de Kent. Ya desde niña tuvo que presenciar episodios de racismo dirigidos contra sus padres. Su padre, Enver, era de origen turco-chipriota, mientras que su madre, Pam, inglesa de ascendencia romaní, fue criticada durante el embarazo por mantener una relación extramatrimonial con un hombre no blanco. Los ataques continuaron cuando la familia se trasladó a Margate, donde esperaban encontrar una vida más tranquila.

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Tracey Emin: A Second Life, Tate Modern. © Tracey Emin. Foto © Tate (Sonal Bakrania).

Aquellos ataques racistas, al igual que otras formas de exclusión y violencia, no fueron ocultados por la artista, sino trasladados a tapices y vídeos en los que el sufrimiento se transforma en reacción: una celebración de la vida a pesar de todo, donde las heridas forman parte de un equipaje que debe ser asimilado, aunque nunca olvidado.

A Second Life: las obras en la Tate Modern

El vídeo de 1995 Why I Never Became a Dancer (Por qué nunca me convertí en bailarina) relata las humillaciones sufridas en Margate durante una competición de baile y concluye con una danza liberadora al ritmo de You Make Me Feel (Mighty Real) de Sylvester.

Al vídeo How It Feels (Cómo se siente), de 1996, se le confía el relato detallado de un aborto particularmente traumático, mientras que la relación con su madre, siempre fundamental en su vida, emerge en el diálogo de seis minutos entre ambas mujeres, Conversation with My Mum (Conversación con mi madre), grabado en 2001 en la mesa de la casa materna en Kent.

Tracey Emin: A Second Life, vista de la instalación en la Tate Modern con Keep Your Darkness Away (2011) e I Could Have Loved My Innocence (2007). Foto © Tate (Sonal Bakrania).

El recorrido de la exposición está atravesado por frecuentes referencias a violaciones y agresiones, representadas mediante cuerpos sin rostro o con rasgos irreconocibles, en obras realizadas sobre papel, lienzo, tela o bronce. No podía faltar la célebre cama deshecha, My Bed (1998), exhibida por primera vez en la Tate Britain con motivo del Turner Prize. No ganó el premio, pero esa obra sigue siendo la más famosa y reconocible de aquella edición de 1999.

Tracey Emin en 40 años de carrera

Repartidas por varias salas aparecen las frases creadas por Tracey Emin con luces de neón, que comenzó a realizar en los años noventa y que hoy son inconfundibles. En la estación londinense de St Pancras, los pasajeros procedentes de Francia o Bélgica son recibidos por su inscripción de 2018 I Want My Time With You (Quiero pasar tiempo contigo): casi una némesis para una artista que en sus inicios estaba relegada a los márgenes de la sociedad.

Otra experiencia traumática compartida con los visitantes, a través de un pasillo lleno de fotografías detalladas, es la operación de emergencia que en 2020 obligó a extirpar parte de su intestino para la creación de un dispositivo médico. También en este caso, se descorre el velo detrás del cual las personas portadoras de un estoma suelen verse obligadas a esconderse.

Tracey Emin: A Second Life, vista de la instalación en la Tate Modern. © Tracey Emin. Foto © Tate (Sonal Bakrania).

La presencia de esculturas de bronce, incluso de gran formato, es abundante, entre ellas algunas recientes como I Followed You Until The End (Te seguí hasta el final), de 2023. Después de muchos años en Londres, y a pesar de las experiencias negativas de la adolescencia, su relación con Margate nunca se interrumpió. Allí estableció una de sus residencias y creó la Tracey Emin Foundation, que ofrece distintos tipos de apoyo a artistas contemporáneos, incluso a través de residencias de más de un año de duración.

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Tracey Emin: A Second Life, vista de la instalación en la Tate Modern con I Will Not Be Alone (2025) y Meet Me In Heaven, I Will Wait For You (2004). © Tracey Emin. Foto © Tate (Sonal Bakrania).

Quizás la síntesis de toda su obra se encuentre en un pequeño fragmento de lienzo blanco, en el que se repite diez veces una pregunta sin signos de interrogación, o tal vez una afirmación: Why Be Afraid (¿Por qué tener miedo?), seguida de un último Why (Por qué): una pregunta a la que cada uno está llamado a responder a partir de sus propias vulnerabilidades.

Este artículo fue publicado originalmente en exibart.com