13 julio 2026

La Puerta de Europa de Mimmo Paladino: la historia de la obra atravesada por el papa León XIV en Lampedusa

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La visita del papa León XIV a Lampedusa volvió a poner el foco sobre la Puerta de Europa de Mimmo Paladino, el monumento dedicado a la memoria de los migrantes fallecidos en el mar Mediterráneo.

Durante su visita a Lampedusa el 4 de julio, el papa León XIV atravesó la Puerta de Europa, el monumento realizado por Mimmo Paladino en el extremo promontorio sur de la isla. Un gesto de fuerte carga simbólica, frente a la inmensidad del mar Mediterráneo. La imagen del pontífice cruzando la obra volvió a llamar la atención sobre una de las esculturas públicas más reconocidas dedicadas a la memoria de los migrantes que murieron en el mar.

La Puerta de Europa de Mimmo Paladino

Inaugurada el 28 de junio de 2008 por iniciativa de la asociación Amani —una organización humanitaria no gubernamental que trabaja con jóvenes africanos en Kenia, Zambia y Sudán—, junto con Arnoldo Mosca Mondadori, la Puerta de Lampedusa – Puerta de Europa nació con el objetivo de crear un memorial para las miles de personas fallecidas en el Mediterráneo mientras intentaban llegar a Europa. Sin embargo, la idea surgió años antes, para recordar el naufragio de Portopalo ocurrido en la Navidad de 1996, una tragedia que durante mucho tiempo permaneció prácticamente invisible para la opinión pública y que llevó a sus impulsores a imaginar un lugar permanente de memoria, cuando el fenómeno migratorio todavía no ocupaba diariamente el debate político europeo.

El proyecto fue encargado a Mimmo Paladino, quien donó la obra, mientras que el Concejo Municipal de Lampedusa y Linosa decidió por unanimidad ubicarla en Punta Cavallo Bianco, el extremo más meridional de la isla, allí donde el mar mira directamente hacia las costas africanas. La obra está orientada hacia Zuwara, en Libia, uno de los principales puntos de partida de los migrantes transmediterráneos provenientes del norte y el este de África. Cabe recordar, además, que la obra fue encargada y realizada el mismo año en que Italia presentó sus disculpas y alcanzó un acuerdo con Libia —firmado el 30 de agosto de 2008 por los entonces presidentes Muamar Gadafi y Silvio Berlusconi— por las atrocidades cometidas durante la ocupación colonial italiana y el dominio del país entre 1911 y 1943. De casi cinco metros de altura y tres de ancho, realizada en cerámica refractaria y hierro galvanizado, la escultura fue construida entre Faenza y Paduli, localidad natal del artista, para luego ser trasladada a Lampedusa por tierra y por mar.

«El artista no debería celebrar, sino narrar», explicaba Paladino. «Intenté expresar algo relacionado con un éxodo forzado, algo comprensible para todos los pueblos. Por eso quise que la puerta estuviera lo más lejos posible del centro urbano y lo más cerca posible del agua y, por lo tanto, de África». Revestida íntegramente de cerámica, la superficie de la obra refleja la luz del sol y de la luna, transformándose en una especie de faro visible desde el mar, la primera arquitectura que muchos migrantes pueden distinguir después de horas de navegación.

Una vez soñé: la poesía de Alda Merini

Desde el comienzo, la inauguración del monumento adquirió el carácter de una conmemoración colectiva. Una procesión recorrió el pueblo hasta el promontorio, acompañando a ciudadanos, artistas e instituciones hacia el lugar destinado a recordar a los muertos del mar.

Para la ocasión, Alda Merini envió un poema en el que imaginaba Lampedusa como una gran tortuga marina que ofrece refugio a quienes corren el riesgo de hundirse: «Una vez soñé / que era una tortuga gigante / con esqueleto de marfil / que arrastraba niños y pequeños y algas / y desechos y flores / y todos se aferraban a mí, / sobre mi duro caparazón. / Era una tortuga que se tambaleaba / bajo el peso del amor / muy lenta para comprender / y rápida para bendecir. / Así, hijos míos, / una vez los arrojaron al agua / y ustedes se aferraron a mi caparazón / y yo los llevé a salvo / porque esta tortuga marina / es la tierra / que los salva / de la muerte del agua».

Una metáfora que sintetiza el doble significado de la Puerta: memoria de una tragedia y, al mismo tiempo, posibilidad de salvación.

Más que un monumento conmemorativo, la Puerta de Europa representa un umbral. En su forma arquetípica reúne el sentido del paso, la acogida, la separación y el renacimiento. Para quienes llegan por mar constituye el primer signo de Europa, mientras que para quienes la observan desde la isla es una ventana orientada hacia África, que pone de manifiesto cómo el Mediterráneo es, al mismo tiempo, frontera y espacio compartido.

Una de las obras emblemáticas dedicadas a las migraciones en el Mediterráneo

El gesto de León XIV reactivó así el significado público de la obra. Durante la visita, realizada junto a dos niños que llegaron con sus familias a través de las rutas migratorias, el pontífice recordó a las personas fallecidas en el Mediterráneo e instó a Europa a desarrollar políticas capaces de acoger, proteger e integrar. En este contexto, atravesar la puerta de Paladino constituye un acto que reafirma el valor cívico de una obra nacida para hacer visibles historias que con frecuencia quedan reducidas a cifras o a crónicas de naufragios.

Con el paso de los años, la Puerta de Europa se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de Lampedusa y fue retomada también en la Puerta de la Acogida, realizada por Paladino para el Refettorio Ambrosiano de Milán.

Su fuerza simbólica dio origen, además, a nuevas interpretaciones artísticas. En 2016, con motivo de la Jornada Nacional de la Memoria y la Acogida, la artista Arabella Pio realizó una intervención temporal cerrando simbólicamente el paso con bloques de cemento inspirados en las lápidas anónimas del cementerio de Lampedusa, cada uno grabado con la frase «Migrante no identificado, aquí descansa». La instalación, visible solo durante unas horas antes de ser retirada, buscaba denunciar lo que la artista definió como el progresivo cierre de la Puerta de Europa, en un momento en que las políticas migratorias hacían cada vez más difícil llegar al continente a través de vías seguras.

Junto a obras como Barca Nostra, de Christoph Büchel —el pecio del naufragio del 18 de abril de 2015 presentado en la Bienal de Arte de Venecia de 2019 y actualmente conservado en Augusta—, o a los proyectos de investigación visual Death by Rescue (2016) y Mare Clausum (2018), del colectivo Forensic Oceanography, integrado por Lorenzo Pezzani y Charles Heller, que mediante cartografías, datos y reconstrucciones documentan las responsabilidades políticas en los naufragios del Mediterráneo, la Puerta de Europa de Paladino forma parte de ese conjunto de obras que han reelaborado las tragedias del Mediterráneo, confiando al arte la tarea de abrir espacios permanentes de reflexión para interpelar el presente.

 

Este artículo fue publicado originalmente en exibart.com