22 julio 2026

Paisajes en remate: Alfredo Dufour en la Galería Constitución (Buenos Aires)

de

A partir de la producción reciente de Alfredo Dufour, Manuel Vásquez Ortega reflexiona sobre el lugar de la pintura en la era de la sobreabundancia de imágenes y las formas en que el paisaje se convierte en una lectura del presente.

¿Qué significa seguir pintando cuando las imágenes duran menos que el tiempo necesario para observar un cuadro? Sabemos que nuestro tiempo corre diferente al tiempo de nuestros antepasados; más rápido, más difuso, más disuelto. Con él, nuestro comportamiento contemplativo obedece la misma lógica presentista e hiperconectada: existimos en la imposibilidad de quedarnos más de 30 segundos frente a una situación estética sin contener el impulso de buscar notificaciones inexistentes. En un escenario como este, disciplinas visuales como la pintura pueden tomar dos caminos: esforzarse por instruir al espectador a dilatar sus capacidades perceptivas, o asumir que la transformación de las dinámicas de la mirada actual conducen a la circulación y al descarte como fin último de la imagen.

Al artista argentino Alfredo Dufour (San Juan, Argentina, 1989) no le interesa aleccionar al observador, mucho menos evitar que éste use su teléfono móvil; es consciente de los males del mundo contemporáneo en el que habita y no pretende cambiarlos. En todo caso, puede señalarlos, para así transitarlos en la medida en la que le sean más llevaderos a él, como individuo y como creador…

Como artista visual, Alfredo crea imágenes a un ritmo semejante al de quienes las consumen; rápido, directo, superficial, como quien sabe que un mensaje en medio de la guerra debe ser conciso y efectivo, pero también encriptado. Su forma de codificar el existencialismo en medio de este terror hecho mundo es el humor –un rasgo muy presente en la tradición del arte pop argentino posterior a los años 60–, que encuentra en Dufour una acidez particular, elegante, sarcástica, propia de un observador moldeado por lo absurdo de la realidad.

Esta lucidez derivada del cinismo se manifiesta en el trabajo de Alfredo desde hace varios años. A través de agudos comentarios visuales en su obra, el artista despliega un repertorio de observaciones autorales, propias de un ser que habita crónicamente las redes sociales, que consume y produce imágenes, sin dejar de estar en sintonía con el contexto social que le rodea, en este caso, el de una sociedad argentina devenida en crisis continua, expresada en elementos metafóricos de una idiosincrasia marcada por la percepción alterada de la realidad.

Con recursos formales tomados estratégicamente del surrealismo y del pop, Dufour utiliza la pintura, el dibujo digital, la escultura y la instalación en sus posibilidades imaginativas para situarlas en una era post internet, construyendo retratos conceptuales del mundo incierto y nefasto que le tocó vivir. Aún así, como todo hitmaker, Alfredo es consciente de que el pesimismo por el pesimismo no vende, y que toda buena canción pop debe brindar sensaciones que la vuelvan adictiva e imágenes que permitan identificarse en ella. De allí que sus mecanismos, aunque desfachatadamente honestos, se valen de figuraciones y juegos que producen más sonrisas que desagrados.

No obstante, a pesar de su postura frente a la vida, el trabajo de Dufour nos hace enfrentarnos a una paradoja existencial un tanto contradictoria: a pesar de que sus intenciones están totalmente alejadas de todo moralismo, la obra de Alfredo Dufour carga con una de las responsabilidades más grandes –según Zygmunt Bauman– del arte de nuestros días: “evitar que la humanidad olvide su propia mortalidad, su propia naturaleza”.

Contrario al arte de otros tiempos en los que la eternidad era un objetivo como especie, el presente nos obliga a ser conscientes de nuestra condición pasajera, ínfima. Así, en un caso particular como su pasada muestra individual Vendo miedo (Galería Constitución, Buenos Aires, 2023), Dufour planteaba en la teatralidad de una sala expositiva un escenario autoexploratorio del deseo, de la frustración, del consumismo y la muerte, en el cual las sensaciones pueden conducir tanto al llanto como a la risa. ¿Cuánto valen los temores de un artista joven? ¿Dónde se compra una nueva razón para vivir? ¿Qué medios de pago acepta?

Tres años después de esta venta  fúnebre de filosofías personales, las exactitudes del artista aterrizan en los paisajes de las provincias argentinas (o más específicamente, en las representaciones de estos lugares), en su muestra Liquidación (Constitución, Buenos Aires, 2026). En esta ocasión, el artista vuelve a recordarnos la finitud de la existencia –ya no únicamente individual, sino colectiva–, a partir de 23 pinturas de las provincias argentinas, en un montaje que refuerza lo difuso y disuelto de las formas de mirar de nuestros tiempos.
De esta manera Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, La Pampa, Salta, San Juan, Tierra del Fuego, entre otras provincias, toman forma de cuadros –resalto el uso de la palabra cuadro, en su sentido de cosa– cuyo contenido es nuevamente filtrado por el cinismo de Dufour: los paisajes naturales más bellos, idílicos y casi vírgenes como representación de un país en emergencia.
Pero las representaciones de estos parajes presentes en la muestra no siguen las lógicas de un pintor bucólico ni nostálgico por el lugar y sus memorias. Estos cuadros contienen imágenes cuyo origen remite a copias en movimiento: imágenes vernáculas de calidad y resolución subestándar, reproducibles, que pueden ser subidas, descargadas, compartidas, impresas o, como es el caso, tomadas de la basura, para ser posteriormente copiadas a través de la pintura.

Vista de sala: Liquidación, de Alfredo Dufour, en la galería Constitución (Buenos Aires, Argentina, 2026). Fotografía: Lihuel González.

 

De allí que las provincias pintadas por Dufour no buscan establecer un diálogo con alguna tradición pictórica paisajista, como tampoco su intento de mímesis figurativa pasa por una referencia directa; por el contrario, se acerca más a la intermediación de la fotografía comercial devenida en recuerdo turístico, en souvenir objeto de transacciones económicas, para hacerlas pinturas y luego cuadros; confirmando con esta acción que Dufour ha entendido que la pintura ya no compite con la historia de sí misma, sino con el régimen contemporáneo de circulación de imágenes e información, y por ello, con sus posibilidades económicas.

Alfredo Dufour: La Pampa (2026), Acrílico sobre lienzo. Fotografía: Lihuel González. Cortesía: Constitución.

 

En este punto, el paisaje artealizado y cosificado por Dufour se convierte en el retrato metafórico de una Argentina a la venta, sumida en una deuda externa en aumento, con recursos naturales desprotegidos, pérdida de derechos sociales y, en síntesis, la privatización neoliberal del Estado y del territorio común. Aún así, el comentario de Dufour no apunta directa y únicamente a una situación política local del presente, sino a un momento global extendido en el cual los sistemas de poder han diluido los sólidos y con ello licuificado, liquidado y aniquilado algo mucho más vital que el mismo paisaje natural, como lo es el vínculo entre las elecciones individuales y las acciones colectivas.

Pero insisto antes de finalizar: la obra de Alfredo Dufour no está aquí para aleccionarnos esperanzadoramente, instarnos a sumar fuerzas, ni otros optimismos baratos; Alfredo sabe de la nada a la que todo conduce. En todo caso, su obra existe para desenmascarar un escenario inminente que no todos tenemos el valor –o la cínica apatía– de aceptar: la realidad de nuestras vidas convertida en un paisaje en liquidación.

Alfredo Dufour: Formosa, detalle (2026), Acrílico sobre lienzo. Fotografía: Lihuel González. Cortesía: Constitución.

 

Alfredo Dufour: Santa Cruz (2026), Acrílico sobre lienzo. Fotografía: Lihuel González. Cortesía: Constitución.

 

Manuel Vásquez Ortega

Sobre el autor

Manuel Vásquez Ortega (Venezuela, 1994): Curador e investigador independiente. Sus búsquedas e intereses se basan en la reflexión sobre discursos no hegemónicos en torno a las artes visuales, la investigación histórica como método de creación contemporánea y la inserción de las artes latinoamericanas en las narrativas de la actualidad global. Se ha desempeñado como Profesor de Historia de las Artes y la Arquitectura de la Universidad de Los Andes (Mérida, 2019-2022), y desde 2021 es Coordinador de investigación de LA ESCUELA___ (laescuela.art, Siemens Stiftung Internacional). Ha curado y organizado proyectos expositivos en Caracas, Guadalajara, Londres y Madrid. Sus textos e inquietudes teóricas han sido publicados en plataformas como Artishock, Terremoto, Arteinformado y Tráfico Visual, así como en revistas académicas internacionales. Reside en Buenos Aires, Argentina, desde donde lleva a cabo sus prácticas curatoriales y proyectos de investigación.