17 agosto 2026

Leila Tschopp en el Centro Cultural Borges: entrevista con la artista

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En ocasión de su exposición en el Centro Cultural Borges, Leila Tschopp reflexiona sobre cómo la pintura puede transformarse en arquitectura, cuerpo y desorientación espacial

Leila Tschopp, "Si el desierto crece, ¡entonces cavemos!", 2026. Vista de la instalación, Centro Cultural Borges, Buenos Aires. Cortesía de la artista.

En Si el desierto crece, ¡entonces cavemos!, Leila Tschopp interviene la arquitectura del Centro Cultural Borges (Buenos Aires), para convertir la pintura en una experiencia espacial. Planos, diagonales y campos de color alteran las referencias del espacio y proponen un recorrido marcado por la deriva y la pérdida de horizonte.

La exposición continúa una investigación que la artista desarrolla desde hace más de dos décadas en torno a la pintura entendida como instalación y ambiente. En esta conversación, Tschopp habla sobre el proceso de trabajo, la relación entre pintura y arquitectura y las referencias que atraviesan una práctica donde percepción, cuerpo y espacio funcionan de manera inseparable.

Leila Tschopp, «Si el desierto crece, ¡entonces cavemos!», 2026. Vista de la instalación, Centro Cultural Borges, Buenos Aires. Cortesía de la artista.
Leila Tschopp, «Si el desierto crece, ¡entonces cavemos!», 2026. Vista de la instalación, Centro Cultural Borges, Buenos Aires. Cortesía de la artista.
Leila Tschopp, «Si el desierto crece, ¡entonces cavemos!», 2026. Vista de la instalación, Centro Cultural Borges, Buenos Aires. Cortesía de la artista.

Wanda Wainsten: ¿Cómo surge Si el desierto crece, ¡entonces cavemos! y cuáles fueron las ideas que dieron origen a la muestra?

Leila Tschopp: El proyecto surge a partir de la invitación de trabajar en ese espacio del Centro Cultural Borges. Las primeras ideas fueron espaciales, pensando en intervenir totalmente el espacio para afectar o modificar de algún modo la percepción habitual del espectador que pasa por ahí. Quería trabajar, por un lado, multiplicando los quiebres, diagonales y rarezas que tiene la arquitectura y, por otro, proponerle al espectador una deriva, un vagabundeo, ya que es un espacio de transición y circulación.

WW: ¿Cómo fue el proceso de trabajo para esta exposición y qué lugar tuvo el espacio del Borges en su desarrollo?

LT: A partir de visitar muchas veces el espacio y atender a esos rasgos específicos que me interesaba señalar e intensificar, desarrollé una propuesta que continúa proyectos anteriores. Me parecía interesante reunir el quiebre de los planos de la arquitectura y la idea de vagar sin rumbo, que ya estaban presentes en el espacio, con aspectos materiales y conceptuales que vengo trabajando a través de la imagen del desierto, como espacio que le propone al cuerpo un estado de pérdida que implica desorientación, incertidumbre pero quizás también introspección y libertad. A partir de ahí, trabajé con los planos del espacio y con renders para ir armando la composición de formas y colores de cada sector de la intervención y luego hice los cálculos de materiales según los planos de cada superficie. Finalmente armé la paleta de color que siempre tiene que adaptarse de acuerdo a la marca de pinturas y trabajamos con un equipo propio de pintores para llevar a cabo la intervención, con la ayuda del equipo de mantenimiento y montaje del Borges. Dibujé cada pared siguiendo los planos que había diseñado pero también modificando algunas decisiones a partir de estar ahí físicamente. También montamos las pinturas en la posición que había pensado desde el plano que fue modificada levemente desde la experiencia. Las instalaciones implican para mí un proceso de trabajo sistémico, en el que hay que trabajar todos los aspectos al mismo tiempo porque cada uno afecta al otro: la arquitectura al cuerpo; el cuerpo al dibujo; el dibujo al color y todo hacia todos lados, como en una red.

WW: ¿Qué relación se establece entre las pinturas y la intervención que realizaste en la sala?

LT: Las pinturas sobre mdf ya existían casi en su mayoría porque vienen de un conjunto de ideas que vengo trabajando desde el año 2024. La intervención mural la desarrollé a partir de esas pinturas y del espacio, trabajando con la idea de continuidad y discontinuidad, multiplicando las vistas, las perspectivas, las diagonales y los planos que ya estaban presentes en las obras y en la arquitectura. Me interesaba que las pinturas de los muros tuvieran menos referencias figurativas que las pinturas, que se volvieran más geométricas y abstractas pero que potenciaran la sensación de ruptura, las inclinaciones y la pérdida de horizonte. La paleta de color sigue esa misma idea, por momentos se produce cierta sensación de que la pintura empieza en los cuadros y continúa en el muro pero en seguida esa ilusión se rompe y se arman nuevos planos que no están en ningún lado concreto. Pensé la posición de las pinturas teniendo en cuenta el recorrido del espectador para que se fuera sintiendo cada vez más inmerso en este nuevo espacio de color y formas sin principio ni final y que las pinturas funcionaran como pequeños faros que atraen al cuerpo, como sirenas que te seducen para que te metas cada vez más profundo en el mar. La pintura como espacio, como instalación, permite tener esas sensaciones físicas desde la percepción y la imaginación.

WW: ¿Qué referencias estuvieron presentes durante el proceso de creación de estas obras?

LT: Tengo un conjunto de referencias que me acompañan en los últimos proyectos y que aparecen más o menos visibles en la obra pero que actúan mucho en el proceso. SIn dudas, la pintura metafísica y De Chirico, pero también Cúnsolo y Batlle Planas; también la imagen del desierto a través de Deleuze; la paleta de color y el estado ánimico de las figuras de Beatriz González; las escenografías y los grabados de Abraham Vigo; la película Gerry, de Gus van Sant pero también El gabinete del doctor Caligari, de Wiene y El proceso, de Orson Wells.

WW: ¿Cómo se inscribe esta exposición dentro de tu práctica y qué relación tiene con tus trabajos anteriores?

LT: Cada proyecto, para mí, en general, continúa un trabajo anterior y abre algún aspecto nuevo. Esta intervención, por un lado, se inscribe en la investigación que vengo realizando desde el 2004, podríamos decir, que concibe a la pintura como instalación, como ambiente, construyendo un lugar inasible dentro de un espacio concreto, modificando las condiciones de percepción habituales. Las estrategias u operaciones materiales que uso para eso difieren en cada uno de los distintos proyectos y, en ese sentido, esta obra se liga a algunos proyectos más que a otros. Tiene una relación directa con El peso del mundo, que desarrollé el año pasado en el Museo Moderno y con En este mediodía eterno, una intervención en el espacio público que realicé en 2023 en Riad, Arabia Saudita. Al mismo tiempo, el modo en el que esta intervención trabaja sobre la percepción y cómo la pintura reorganiza físicamente la manera en que los cuerpos orientan su mirada y su movimiento abre para mí un conjunto nuevo de posibilidades y preguntas para continuar desplegando.

https://centroculturalborges.gob.ar/evento/437

fecha de la exposición: 24 de junio 2026 al 20 de diciembre 2026