‘Darkness Visible’: el Museo Moderno lleva a Venecia una reflexión sobre memoria y violencia
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En un momento global atravesado por el avance de discursos autoritarios y el debilitamiento de consensos democráticos, la exposición que el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires presenta en Spazio Punch, en Venecia, despliega una lectura compleja y profundamente situada sobre las persistencias de la violencia política en Argentina. A través de una constelación de obras y documentos, la muestra examina cómo el terror de Estado continúa modelando cuerpos, sensibilidades, memorias y formas de representación en el presente.

Curada por Victoria Noorthoorn y Patricio Orellana, en colaboración con Augusto Maurandi, Darkness Visible: The Long Shadow of Dictatorship reúne a dieciocho artistas y colectivos de distintas generaciones, trazando un recorrido que va desde los años setenta hasta la actualidad. El proyecto propone pensar el arte como un dispositivo de memoria activa y como una forma de resistencia frente a las múltiples mutaciones de la violencia contemporánea.
Desde el ingreso, las obras de León Ferrari y Marcelo Brodsky establecen el tono de la exhibición. En la serie Nosotros no sabíamos, Ferrari desmonta el argumento social de la ignorancia civil frente al terrorismo de Estado mediante collages construidos con noticias periodísticas publicadas durante 1976. El archivo aparece aquí como evidencia incómoda: las huellas de la violencia siempre estuvieron visibles. Para Noorthoorn, no es casual que la muestra arranque con esta serie que da cuenta de la negación de la sociedad respecto de la tortura, la desaparición de personas, los secuestros, las violencias que estaban atravesando el país. Brodsky, por su parte, convierte la experiencia del exilio y la desaparición forzada de su hermano en una práctica fotográfica atravesada por el duelo y la militancia por los derechos humanos. En otro registro, los proyectos históricos de Marta Minujín introducen la dimensión colectiva y simbólica de la reconstrucción democrática. Obras como El Partenón de libros, realizado en 1983 con miles de publicaciones prohibidas durante la dictadura, imaginan el espacio público como un territorio de restitución cultural y participación social.


Uno de los aciertos curatoriales de la exposición es no restringir la noción de violencia al período de la dictadura. Las obras revelan continuidades entre las formas represivas del pasado y las violencias estructurales del presente, especialmente aquellas dirigidas hacia mujeres y comunidades LGBTQ+. En este sentido, la inclusión del Archivo de la Memoria Trans resulta central. «El paso a la democracia fue un paso de celebrar las diversidades de género y la libertad de expresión», dice Noorthoorn, «pero el archivo de la memoria trans muestra que, a pesar de ese paso formal, para las comunidades trans recién en 2012 se promulgó la ley de igualdad de género […] es una comunidad que continuó siendo perseguida y que sufrió muchas violencias por parte del Estado». Sus fotografías documentan décadas de persecución policial, clandestinidad y exilio de la comunidad trans-travesti argentina, cuestionando la idea de una transición democrática plena tras 1983. El archivo funciona aquí como gesto político y afectivo: preservar imágenes íntimas se vuelve una forma de disputar la desaparición simbólica.

También destaca la obra de Ana Gallardo, cuyo dibujo monumental sobre víctimas de femicidio y trata establece un vínculo directo entre territorio, cuerpo y violencia patriarcal. Trabajados con carbón, sus paisajes parecen absorber a las figuras femeninas hasta volverlas inseparables de una geografía marcada por la desaparición y el dolor. La muestra subraya así cómo ciertas lógicas de disciplinamiento y exterminio sobreviven bajo nuevas formas sociales y económicas. Para Noorthoorn, afirmar el lugar de la mujer artista es una decisión curatorial explícita, que apunta a subrayar cómo habitar el cuerpo de la mujer puede convertirse es una manera para denunciar fuerte y críticamente un estado de la realidad y de la sociedad.

El recorrido incorpora además experiencias fundamentales de la contracultura porteña posterior a la dictadura. La presencia de Liliana Maresca, Sergio De Loof y el colectivo La Organización Negra permite pensar el cuerpo, la fiesta y la experimentación estética como territorios de resistencia. En sus prácticas, el underground aparece como laboratorio político desde donde reinventar formas de sociabilidad y libertad luego del terror estatal.


En paralelo, artistas como Guillermo Kuitca, Flavia Da Rin y Nicanor Aráoz introducen una dimensión más introspectiva y psicológica. Sus obras examinan cómo el trauma se filtra en la subjetividad, en los imaginarios visuales y en los vínculos familiares. Particularmente potente resulta la nueva instalación de Aráoz, donde el artista entrelaza referencias a su historia personal y a la violencia militar heredada de la Guerra de Malvinas, construyendo una iconografía híbrida que conjuga lo religioso, lo gótico y la cultura electrónica.

Darkness Visible plantea preguntas urgentes sobre las formas contemporáneas de recordar y representar la violencia. ¿Cómo hacer visibles las ausencias sin convertirlas en espectáculo? ¿Qué imágenes son capaces de sostener una memoria colectiva activa? ¿Cómo imaginar futuros democráticos cuando las estructuras del miedo continúan operando? Noorthoorn lo formula con convicción: «tenemos una enorme comunidad artística argentina que ha elaborado esta temática con obras que han trabajado hondamente, con mucha sinceridad y mucha entrega durante muchas décadas. Tenemos mucho para decirle al mundo en este momento en que tantas democracias se ven amenazadas».
En Venecia, lejos del contexto argentino pero atravesada por tensiones políticas igualmente contemporáneas, la exposición adquiere una resonancia particular. El proyecto del Museo Moderno no sólo revisita una historia nacional traumática; también advierte sobre la fragilidad de las democracias actuales y sobre la necesidad de sostener espacios críticos desde el arte y la cultura.
Fecha: del 6 de mayo al 22 de noviembre de 2026
Curaduría: Victoria Noorthoorn y Patricio Orellana, en colaboración con Augusto Maurandi.
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