24 septiembre 2026

El mundo del arte y la ultraderecha en Brasil, según Fabiana Moraes

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En su columna mensual en Gama, la periodista e investigadora brasileña señala el respaldo de una figura central del sistema artístico paulista a Renan Santos, candidato presidencial del partido Missão. Su tesis es que el vínculo entre arte, capital financiero y derecha radical tiene una lógica y no es un accidente.

Fachada del MASP en Avenida Paulista. Sao Paulo.

En buena parte del imaginario popular, escribe Fabiana Moraes, el «pueblo del arte» es refinado: circula por galerías y museos con una copa de espumante en la mano, viste lino y dice cosas muy inteligentes. La autora aclara que no habla de los artistas-trabajadores. Su columna en Gama retrata a otro sector de ese mundo, el de quienes financian y gobiernan sus instituciones, que en los últimos días se mostró muy cómodo con un discurso muy distinto.

Moraes abre con tres frases atribuidas a Renan Santos, candidato de Missão a la Presidencia de Brasil. Según la columna, Santos afirmó que «la favela tiene que acabar», defendió el restablecimiento del poder de «características profundamente masculinas» en la sociedad y prometió «un baño de sangre» contra los miembros de las facciones criminales.

El foco de la autora está en quien lo acompaña. Se trata de José Olympio Da Veiga Pereira, patrono y miembro del consejo superior del Museo de Arte de São Paulo (Masp), que integró además su consejo deliberativo y presidió dos veces la Bienal de São Paulo, entre 2019 y 2023. Olympio pertenece también a la élite financiera del país, el nicho donde Santos busca respaldo.

Moraes subraya que el apoyo público y la inversión personal de un nombre tan influyente del sector cultural resultan más llamativos por el momento político. Santos intenta superar a Flávio Bolsonaro y llegar, con una fuerte performance «joven», a los nichos de la derecha radical. Según la columna, Olympio dijo a la Folha de S.Paulo que Santos había tenido un desempeño increíble como líder del MBL.

Ahí aparece la ironía histórica que señala la autora. En 2017, el Movimiento Brasil Libre encabezó ataques contra instituciones artísticas. El más conocido fue el dirigido contra la exposición Queermuseu, en el Santander Cultural. Su curador, Gaudêncio Fidelis, recibió más de un centenar de amenazas de muerte.

Para el lector latinoamericano, la columna plantea una pregunta que excede a Brasil. Los museos, bienales y ferias de la región dependen en gran medida de mecenas y consejos donde se cruzan capital privado y poder político. Que el arte funcione como escaparate de prestigio para esos sectores no es una novedad. Moraes pide mirar qué ocurre cuando ese prestigio se pone al servicio de proyectos que, en el pasado reciente, persiguieron a los propios artistas y curadores. Leído así, el episodio deja de ser una rareza individual y pasa a ser una señal sobre las condiciones que permiten esa convivencia.