06 febrero 2026

Nuevos públicos, nuevas geografías

de

Fundación Cervieri Monsuárez. José Ignacio.

En los últimos años, el mapa del arte contemporáneo en América Latina ha comenzado a desplazarse de manera silenciosa pero persistente. No se trata únicamente de la aparición de nuevos espacios o instituciones fuera de las capitales, sino de un cambio más profundo en las formas de circulación, en los públicos que se activan y en las expectativas que rodean a la experiencia artística. El arte ya no se dirige a un espectador idealizado, especializado y urbano, sino a comunidades diversas que interpelan al sistema desde otros ritmos y otras escalas.

MBA y MAC (a la derecha)
Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca

Este movimiento no responde a una estrategia de descentralización planificada, sino a una suma de gestos situados. Museos de reciente creación, espacios independientes, programas públicos y proyectos curatoriales específicos están emergiendo en ciudades intermedias, zonas periurbanas y territorios históricamente relegados de los grandes circuitos. En estos contextos, el arte contemporáneo deja de ser un acontecimiento excepcional para convertirse en una práctica integrada a la vida cotidiana.

El cambio de geografía produce inevitablemente un cambio de público. Los nuevos visitantes no llegan al museo cargados de referencias teóricas ni de hábitos institucionales. Llegan con curiosidad, con expectativas abiertas y, en muchos casos, con una relación directa con los temas que las obras abordan. Territorio, trabajo, memoria, ecología o violencia no aparecen como conceptos abstractos, sino como experiencias vividas. Esta cercanía transforma la recepción de las obras y obliga a repensar los dispositivos expositivos y educativos.

Sala de Ñanduti
Museo del Barro

Para los artistas, este desplazamiento implica también una reformulación de sus prácticas. Exponer fuera de los centros tradicionales no significa reducir complejidad ni suavizar discursos, sino ajustar escalas, lenguajes y modos de mediación. Muchas obras recientes asumen esta condición y trabajan desde la proximidad, desde el diálogo con contextos específicos, sin renunciar a una lectura crítica más amplia. El resultado no es un arte localista, sino un arte consciente de sus condiciones de recepción.

Las instituciones que acompañan estos procesos enfrentan desafíos concretos. La construcción de públicos no se resuelve con estrategias de comunicación importadas, sino con tiempo, presencia y escucha. Programas educativos sostenidos, alianzas con escuelas, universidades y organizaciones sociales, y una programación que evite el gesto espectacular son algunas de las claves que comienzan a delinearse. En estos espacios, el museo deja de ser un destino y pasa a funcionar como plataforma de encuentro.

Este escenario tiene implicancias directas para la circulación del arte latinoamericano a escala internacional. Las prácticas que emergen de estas geografías no siempre encajan en las categorías dominantes del mercado global. Sin embargo, su potencia radica precisamente en esa fricción. Al no responder de manera inmediata a las expectativas externas, estas obras amplían el repertorio de lo pensable y lo visible. Introducen otras temporalidades y otras formas de relación con el público que desafían la lógica de la novedad constante.

museo sc
Museo de Arte de Zapopán.

Para una revista de arte, atender a estos desplazamientos no es una cuestión de cobertura territorial, sino de posicionamiento editorial. Implica reconocer que el centro ya no es un punto fijo, sino una red de situaciones en movimiento. Escribir sobre nuevos públicos y nuevas geografías supone abandonar la mirada panorámica y acercarse a los procesos, a las experiencias concretas y a los modos en que el arte se inserta en contextos específicos.

Desde esta perspectiva, América Latina ofrece un campo especialmente fértil. Las condiciones de desigualdad, la fragilidad institucional y la diversidad cultural obligan a pensar modelos alternativos de producción y recepción. Lejos de ser un obstáculo, estas condiciones generan una creatividad situada que redefine el sentido de lo público en el arte contemporáneo.

A new art foundation in Uruguay highlights Latin American artists ...
The January 2024 grand opening of the Fundación Cervieri Monsuárez in José Ignacio, Uruguay Courtesy the Fundación Cervieri Monsuárez

En un momento en que muchas instituciones globales buscan ampliar audiencias sin cuestionar sus estructuras, las experiencias latinoamericanas muestran que la ampliación real implica transformación. Nuevos públicos no son simplemente más visitantes, sino sujetos activos que reconfiguran el espacio artístico. Nuevas geografías no son solo nuevos lugares, sino nuevas maneras de entender para quién y para qué se produce arte hoy.

Este desplazamiento ya puede leerse en experiencias concretas que, sin formar un movimiento homogéneo, comparten una misma sensibilidad situada. Desde la reciente apertura de la Fundación Cervieri Monsuárez en José Ignacio, que ensaya una relación no espectacular con su entorno inmediato, hasta el trabajo sostenido del Museo del Barro en Asunción, donde el arte contemporáneo dialoga desde hace décadas con saberes populares y no occidentales. Algo similar ocurre en instituciones como el Museo de Arte de Zapopan, que ha construido públicos desde una ciudad intermedia, o en proyectos curatoriales y educativos desarrollados en el Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca, donde la proximidad territorial redefine la función del museo. Más que casos aislados, estas experiencias funcionan como laboratorios: ensayan otras escalas, otros tiempos y otras formas de interlocución que obligan a repensar qué entendemos hoy por público, por institución y por circulación del arte contemporáneo.