12 enero 2026

Una ciudad repensada a través del arte

de

(www.bienaldelchaco.org)
El caso Resistencia y la Bienal de Escultura: el espacio público como proyecto a largo plazo

Existen ciudades que crecen, ciudades que decaen y ciudades que se reinventan persiguiendo modelos económicos o turísticos. Y luego están aquellas que redefinen su rol a través del arte. Esto sucede cuando un proyecto cultural incide en la estructura profunda de un lugar, modificando la percepción colectiva y el modo en que se habita; en estos casos, el arte deja de ser un elemento accesorio para convertirse en una decisión urbana y política, capaz de orientar el desarrollo simbólico de una comunidad.

Es lo que ha ocurrido en Resistencia, capital de la provincia del Chaco, en el norte de Argentina. Una ciudad con un tejido institucional y universitario consolidado que ha encomendado a la escultura contemporánea un papel decisivo para repensarse a sí misma.

(www.bienaldelchaco.org)

Al entrar en la ciudad, esta elección se manifiesta de inmediato. El arte está integrado en el espacio urbano de manera continua y reconocible: obras tridimensionales, intervenciones monumentales y prácticas instalativas de matriz contemporánea atraviesan calles, plazas y arquitecturas públicas como presencias intencionales, concebidas para convivir con la cotidianidad y dialogar con el contexto que las acoge.

Esta configuración no es fruto de episodios aislados, sino el resultado de una visión cultural coherente y radical, desarrollada a lo largo del tiempo y reconocida como una de las experiencias más relevantes surgidas en América Latina en las últimas décadas. Una visión que ha transformado el arte público en un dispositivo identitario estable, capaz de producir continuidad y riqueza.

A finales de los años ochenta, Fabriciano Gómez, artista y gestor cultural, intuyó que la escultura podía salir del espacio museístico sin perder densidad conceptual y que una ciudad podía asumir la función de museo sin renunciar a su complejidad urbana. De esta premisa nació en 1988 la Fundación Urunday, que puso en marcha el Concurso Internacional de Esculturas de Resistencia (@bienaldelchaco) como un proyecto estructural y no como un evento ocasional.

El principio es claro: invitar a escultores internacionales a realizar obras pensadas para el espacio público, producidas en relación directa con el contexto urbano y destinadas a formar parte permanente del patrimonio ciudadano. Una elección que transforma la producción artística en un proceso compartido y duradero, capaz de radicarse en el tiempo.

Con el inicio del proyecto, Resistencia entró en una nueva fase de su historia. Cada dos años, la ciudad se transforma en un laboratorio a cielo abierto donde la producción artística sucede ante los ojos de quienes la viven y transitan a diario. Las obras realizadas no responden a una lógica temporal, sino que están pensadas para integrarse de forma estable en el tejido urbano. Así, a lo largo de los años, este proceso ha dado origen a un patrimonio difundido de más de seiscientas esculturas e intervenciones tridimensionales, convirtiendo a Resistencia en la «Ciudad de las Esculturas» a nivel internacional; una realidad concreta más que una mera declaración.

(www.bienaldelchaco.org)

La solidez de este modelo reside también en las condiciones que permitieron su desarrollo. La Bienal se fundamenta en un apoyo público estructural: el Gobierno de la Provincia del Chaco, la Municipalidad de Resistencia y el Ministerio de Cultura de la Nación han reconocido en el proyecto una política cultural de largo plazo. Al mismo tiempo, la Fundación Urunday ha garantizado continuidad organizativa, calidad curatorial y autonomía de visión, transformando una intuición artística en un sistema cultural estable y reconocido.

En torno a la Bienal se ha formado una verdadera economía cultural capaz de activar flujos, empleo, servicios y reputación. Los datos de la última edición son elocuentes: en 2024, la Bienal registró más de 1.200.000 visitas, una cifra que, para una ciudad del norte argentino, ha significado una transformación temporal pero incisiva en la escala de la demanda cultural y turística. Paralelamente, la organización ha iniciado un proceso de medición más riguroso de sus impactos, instituyendo un Observatorio Económico y Social dedicado al análisis de indicadores vinculados al turismo, los servicios y el comercio.

La dimensión económica del proyecto emerge también en el plano de las políticas públicas. El reconocimiento del evento como inversión estratégica queda confirmado por el apoyo estatal destinado a la producción, consolidando su estatus institucional.

Es en este marco donde la experiencia de Resistencia adquiere una trascendencia que trasciende lo local. La Bienal ha sido declarada de interés cultural por la Organización de los Estados Americanos (OEA), ha recibido distinciones de las principales instituciones argentinas y cuenta con el patrocinio de la UNESCO desde 1997. No se trata solo de un evento exitoso, sino de un proyecto capaz de construir para una ciudad una identidad reconocible, medible y posicionada de forma estable en el panorama internacional del arte público.

(https://chaco.gob.ar/)

Hoy, la Bienal de Resistencia se presenta como un proyecto plenamente operativo, dotado de una gobernanza clara y una continuidad institucional que sostiene su crecimiento. La dirección y coordinación siguen a cargo de la Fundación Urunday, que asegura la estructura curatorial y organizativa. En este contexto, la presidencia de José Eidman (@josese_eidman) garantiza la continuidad de gestión y operativa del proyecto en diálogo con las instituciones involucradas.

La edición 2026, programada del 11 al 19 de julio, se inscribe en esta trayectoria con cifras que confirman la madurez del proyecto: la convocatoria internacional recibió casi cuatrocientas candidaturas de setenta países, mientras que el anuncio de los artistas seleccionados y del jurado se espera para los próximos meses.

La Bienal de Resistencia no se propone, por tanto, como una excepción espectacular, sino como un caso emblemático: un ejemplo concreto de cómo el arte público puede funcionar como infraestructura cultural, generar valor económico y contribuir a la definición de una identidad urbana a largo plazo.

 

Max Mara Art Prize for Women
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