En Nueva York el arte es Black: las exposiciones y los proyectos en la ciudad, del Guggenheim a Harlem
Arte contemporáneo
La exposición de Rashid Johnson en el Guggenheim Museum guía el nuevo renacimiento de la creatividad Black en Nueva York: un panorama de la situación en la ciudad, entre proyectos en curso y perspectivas futuras
Continúa nuestro recorrido por Nueva York y, esta vez, a pocos días de la Epifanía, nos adentramos al norte de Manhattan. ¿Qué sucede entre la 129.ª y la 89.ª en estos días festivos? Hemos visitado dos arquitecturas memorables —una célebre y una completamente nueva— y un pequeño museo dedicado al jazz. En todos los casos, el foco está en artistas Black.

Rashid Johnson en el Guggenheim: poesía de la fluidez
Con Rashid Johnson: A Poem for Deep Thinkers, el Guggenheim de Nueva York transforma la célebre rampa en una suerte de paisaje psíquico estratificado, donde tres décadas de investigación visual son puestas a prueba por la arquitectura icónica de Frank Lloyd Wright. La muestra, abierta del 18 de abril de 2025 al 18 de enero de 2026, es la primera gran exposición individual del artista en el museo y la revisión institucional más amplia de su trabajo en más de diez años.
La retrospectiva insiste en la figura de Johnson como artista profundamente «transicional»: entre lenguajes, medios y registros emocionales, pero también entre historia del arte, cultura visual Black y mercado global. Fotografía, vídeo, instalaciones, pintura y escultura no son compartimentos estancos, sino herramientas intercambiables para abordar temas como la raza, la masculinidad y el autocuidado. El artista reivindica explícitamente una fluidez de medios: no le interesa la pureza disciplinar, sino la capacidad de un proyecto para migrar de una forma a otra, extendiendo el alcance del discurso más allá de las constricciones de un solo lenguaje. En este sentido, la exposición funciona como un atlas de la gramática visual.

El recorrido, construido sobre una cronología deliberadamente relajada, atraviesa las series clave de la carrera de Johnson: The New Negro Escapist Social and Athletic Club, las Cosmic Slops en manteca de karité (la misma manteca amarilla que se vende un poco más al norte, en los puestos callejeros de Harlem), las pinturas con estanterías de black soap, hasta los Anxious Men y Broken Men y las esculturas de gran formato. En los retratos, el rostro se convierte en una máscara inestable, una señal de tensión emocional más que una identidad estable. En las superficies negras y viscosas, el propio material es portador de memoria cultural, consumo y cuidado.
Obras como Self-Portrait Laying on Jack Johnson’s Grave (2006) explicitan el vínculo con una genealogía negra que es a la vez histórica y personal: la tumba del boxeador Jack Johnson, primer campeón mundial de los pesos pesados afroamericano, se convierte en un punto de contacto entre un nombre propio y un icono colectivo. En el exterior, Black Steel in the Hour of Chaos (2008) remite a Public Enemy y a Jasper Johns, poniendo en cortocircuito la gráfica del blanco de tiro, el imaginario hip-hop y la cuestión de quién detenta el control de la mirada y del relato.

La estructura espiral del Guggenheim no se “rellena” simplemente, sino que se trata como un dispositivo narrativo y psicológico. Al ascender por las rampas, el espectador atraviesa un crescendo de medios: desde las fotografías de los inicios, que otorgaron a Johnson un papel central en la exposición Freestyle en el Studio Museum de Harlem en 2001, hasta los vídeos Black Yoga (2010) y The New Black Yoga (2011), que hibridan ritualidad, deporte y meditación.
En los niveles superiores, la instalación Sanguine —una estructura de acero repleta de plantas, libros, objetos culturales y un piano— ocupa la zona bajo el óculo como una mente en permanente sobrecarga, entre archivo, jardín colgante y estudio musical. La activación performativa del piano, cada viernes y domingo, acentúa la dimensión temporal y relacional de la muestra, transformando la instalación en escenario y, al mismo tiempo, en espacio de escucha.
El título de la exposición, A Poem for Deep Thinkers, expone el riesgo de cierta aspiración programática: promete profundidad, introspección, densidad simbólica. Algunas obras responden con una estratificación real de citas y materiales —desde libros teóricos hasta plantas, del black soap a los azulejos—, mientras que otras rozan la fórmula visual ya reconocible, perfectamente decodificable por el sistema del arte contemporáneo. Precisamente en esta oscilación entre sinceridad emocional y conciencia de su propio papel en el mercado global reside quizá la tensión más interesante del proyecto.
La tela final, una pintura inédita de 2025 ubicada en un espacio contemplativo, parece pedir al espectador no tanto “entender” a Johnson, sino medir su propio grado de vulnerabilidad frente a un lenguaje visual que quiere ser a la vez político, poético y profundamente, inevitablemente, institucional.
El Studio Museum de Harlem, una afirmación de presencia
El Studio Museum de Harlem, histórico punto de referencia para el arte de artistas de origen africano en Estados Unidos y a nivel internacional, abrió su nueva sede al público el 15 de noviembre con una jornada inaugural dedicada a la comunidad. El nuevo edificio, de siete plantas y aproximadamente 7.600 metros cuadrados, fue diseñado por el estudio Adjaye Associates con Cooper Robertson como executive architect y es el primer espacio, en los 57 años de historia del museo, concebido expresamente para su misión y su programa.
Hecho posible por una campaña global que recaudó más de 300 millones de dólares, el nuevo edificio permite al Studio Museum ampliar el servicio a un público cada vez más amplio y diverso, potenciar las oportunidades educativas para todas las edades, expandir el programa de exposiciones de nivel internacional y consolidar su pionero programa de residencias para artistas.

El museo reafirma su papel no solo como institución expositiva, sino como infraestructura cultural y social arraigada en el tejido de Harlem, capaz de poner en relación el barrio con las geografías globales del arte negro contemporáneo. La nueva sede se convierte así en una plataforma ampliada para la experimentación curatorial, la producción de pensamiento crítico y la construcción de comunidad.
Thelma Golden, directora y principal curadora del Studio Museum de Harlem, subraya cómo este momento es el resultado de una larga historia de visión y militancia cultural. Expresando una profunda gratitud hacia las fundadoras y los fundadores que en 1968 tuvieron el coraje de imaginar el museo en el contexto tumultuoso de aquellos años, Golden reconoce el papel determinante de los consejos de administración, el personal, los patrocinadores, las artistas y los artistas, las curadoras y los curadores, las educadoras y los educadores, los arquitectos, la comunidad y los socios institucionales de la ciudad de Nueva York.

En sus palabras, la nueva sede representa la casa largamente soñada para una misión que hoy es más urgente que nunca: apoyar y promover las prácticas de los artistas de ascendencia africana, dándoles el espacio físico y simbólico necesario para incidir en el presente. El nuevo edificio no es solo un contenedor, sino una herramienta que hace esta misión más incisiva, articulada y visible.
Raymond J. McGuire, presidente del Consejo de Administración del Studio Museum de Harlem, describe el nuevo edificio como una afirmación inequívoca: Harlem importa, el arte negro importa, las instituciones negras importan. La nueva fase del museo no se presenta como un resultado dado por descontado, sino como el fruto de décadas de visión, responsabilidad y confianza. McGuire subraya que este logro ha sido posible gracias a la generosidad de una amplia comunidad de donantes públicos y privados, entre ellos el board del museo que lideró la campaña, las oficinas del alcalde, el Department of Cultural Affairs, el New York City Council, la oficina de la Manhattan Borough President, y numerosas artistas, artistas, individuos, empresas y fundaciones.

El nuevo edificio se convierte así también en un monumento a la solidaridad cultural y a la construcción de instituciones duraderas. Para Laurie Cumbo, Commissioner del New York City Department of Cultural Affairs, el Studio Museum de Harlem es un verdadero landmark: un centro neurálgico no solo para el panorama cultural neoyorquino, sino para el arte y los artistas negros en el mundo. Con la apertura de la nueva sede en la 125th Street, la ciudad gana un nuevo punto de referencia para el arte, la conversación y la vida comunitaria.
La nueva sede del Studio Museum de Harlem se configura, por tanto, como un dispositivo cultural y político al mismo tiempo: un edificio que es declaración de principios, infraestructura para la educación y la investigación, y lugar de encuentro para una comunidad que continúa redefiniendo qué significa hablar de arte negro en el siglo XXI.
Cómo resuena el Jazz Museum de Harlem
El Jazz Museum de Harlem es una organización artística sin fines de lucro cuya misión es preservar, estudiar y hacer vivir el jazz como patrimonio cultural fundamental, haciéndolo accesible a las comunidades locales y a visitantes de todo el mundo.
Fuera de su ciudad de origen, Nueva Orleans, ningún lugar ha nutrido el jazz tanto como Harlem. En este barrio han vivido, compuesto y tocado figuras legendarias como Duke Ellington, Benny Carter, Thelonious Monk, Charlie Parker, Charles Mingus, Count Basie, John Coltrane y Billie Holiday, cuyos sonidos inconfundibles han resonado durante décadas por las calles, los clubes y las salas de baile del barrio. El museo nace precisamente de esta historia, con el objetivo de transformar Harlem en un punto de referencia museístico internacional dedicado al jazz.

Hoy la tradición continúa: las nuevas generaciones de músicos de jazz siguen encontrando en Harlem un hogar para investigaciones sonoras contemporáneas, en diálogo constante con la memoria de quienes los precedieron. El Jazz Museum de Harlem se propone custodiar y alimentar este diálogo, sosteniendo el jazz como un lenguaje vivo, en continua transformación, capaz de mirar tanto al futuro como al pasado. De ahí la importancia concedida a las numerosas residencias artísticas.
Al frente del Jazz Museum de Harlem se encuentran dos figuras de primer nivel de la escena jazz internacional: el director de orquesta, saxofonista y estudioso Loren Schoenberg y el contrabajista Christian McBride. Su presencia une práctica musical, investigación histórica y competencia curatorial, garantizando al museo una programación que integra conciertos, archivos, educación y crítica musical.

Bajo su dirección, el museo se configura no solo como espacio expositivo, sino como laboratorio cultural: un lugar donde se estudian las raíces del jazz, se ponen en valor las voces del presente y se imaginan los posibles futuros de esta música, con una fuerte atención a las comunidades afroamericanas y a sus historias. En esta visión, el museo no es solo un contenedor de memorias, sino un lugar donde el pasado es constantemente releído a través de actuaciones, encuentros, proyecciones y actividades educativas. El jazz se presenta como una práctica cultural que continúa evolucionando, capaz de dialogar con otros lenguajes musicales, con las culturas urbanas contemporáneas y con las transformaciones sociales en curso.
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