16 febrero 2026

Estos son los grandes maestros que con 2026 han pasado a formar parte del dominio público

de

Paul Klee, Tier Freundschaft

Una de las pinturas más famosas de Mondrian de todos los tiempos, una película que marcó el desarrollo del surrealismo y mucho más: estas son algunas de las obras que, con el inicio del nuevo año, han pasado a formar parte del dominio público

La llegada de un nuevo año marca también la entrada de nuevas obras en el dominio público: un paso ligado a los vencimientos del derecho de autor que tiene consecuencias profundas en la manera en que el patrimonio artístico del siglo XX puede ser estudiado y difundido. Desde este año, toda una serie de trabajos realizados en 1930 ya no está sujeta a copyright en Estados Unidos, abriendo así a un uso libre de imágenes, textos y películas que han marcado la historia del arte moderno.

El principio es sencillo: según la ley estadounidense, los derechos caducan 95 años después de la publicación de la obra. Pero la práctica es en realidad mucho más compleja: como subraya el Center for the Study of the Public Domain de la Duke University, la fecha de creación, la fecha de difusión, las renovaciones de los derechos y la gestión de las imágenes por parte de museos y fundaciones hacen que el límite del dominio público sea todo menos nítido. Aun así, 2026 marca un paso simbólico importante, que concierne a algunos de los protagonistas absolutos de las vanguardias históricas.

Entre las diversas obras que pasan ahora a ser libremente accesibles figura Composition with Red, Blue and Yellow de Piet Mondrian, una de las imágenes más icónicas del modernismo: con su retícula rigurosa y el uso reducido de los colores primarios, la pintura encarna la aspiración a un lenguaje universal y abstracto, capaz de superar la subjetividad del artista.

Composition No. II de Piet Mondrian en Sotheby’s.

Un paso igualmente significativo concierne al cine surrealista con L’Âge d’Or (1930), firmado por Luis Buñuel y Salvador Dalí: una película considerada escandalosa desde su primera proyección, atacada y censurada por su imaginario erótico y blasfemo. En este caso, además, la pérdida del copyright no es solo un hecho legal: permite nuevas restauraciones, proyecciones, remezclas y relecturas críticas de una obra tan estratificada desde el punto de vista moral.

En el ámbito estadounidense, entra en el dominio público Prometheus de José Clemente Orozco, fresco realizado en 1930 en el Pomona College y considerado su primer gran intervención mural en Estados Unidos.

Luis Buñuel y Salvador Dalí, L’Âge d’Or (fotograma), 1930.

El año 2026 marca también un momento importante para la redescubierta de Sophie Taeuber-Arp: su Composition de 1930 entra ahora en el dominio público. Durante mucho tiempo relegada a los márgenes de la narración modernista, la artista suiza es hoy reconocida como una figura central en la superación de las jerarquías entre artes visuales, diseño y artes aplicadas. El hecho de que una de sus obras conservadas en el MoMA pueda ahora circular sin restricciones simboliza también una revisión crítica más amplia del canon.

Sophie Taeuber-Arp. Composition. 1930 | MoMA

Junto a estos nombres, pasan a ser de dominio público también algunas fotografías de Edward Steichen para Vogue, que contribuyeron a transformar la fotografía de moda en un lenguaje autónomo y artificioso, y Tier Freund Schaft (Animal Friendship) de Paul Klee, obra enigmática en la que animales y signos aluden a un universo poético suspendido entre la infancia, el mito y la abstracción.

Junto a las obras maestras del arte moderno, la entrada en el dominio público afecta también a algunos iconos de la cultura popular del siglo XX. Entre ellos destaca Betty Boop, personaje animado nacido a comienzos de los años treinta como figura ambigua y transgresora, antes de ser progresivamente normalizada con la introducción del Código Hays.

Del mismo modo entra en el dominio público Blondie, protagonista de la tira cómica homónima creada por Chic Young: de joven mujer independiente a ama de casa burguesa, Blondie encarna la evolución (y la normalización) del papel femenino en la cultura visual estadounidense entre los años treinta y la posguerra.

Betty Boop