Jordan Wolfson x Prada SS26
Prada vuelve —una vez más— al arte contemporáneo para construir su imaginario visual: para la campaña Primavera/Verano 2026, Miuccia Prada y Raf Simons eligen a Jordan Wolfson.
La alta moda y el arte contemporáneo vuelven a encontrarse en la nueva campaña publicitaria de Prada, que para la colección Primavera/Verano 2026 confía su universo visual a Jordan Wolfson, uno de los artistas más reconocibles y controvertidos de la escena internacional. El proyecto, titulado I, I, I, I am… Prada, se despliega entre imágenes y video, construyendo una narrativa centrada en el tema de la identidad.
La campaña reúne a un elenco que incluye a Carey Mulligan y Hunter Schafer, situadas en un entorno visual poblado por presencias artificiales y figuras híbridas: grandes aves de plumaje brillante, colores irreales y una mirada inquietante, que oscilan entre lo digital y lo orgánico. Es precisamente en esa ambigüedad donde se juega el sentido del proyecto. La coexistencia de lo humano y lo artificial sugiere una identidad inestable, en constante redefinición —una idea ya contenida en el título, deliberadamente inconcluso, como una frase que no logra cerrarse.
La colaboración se inscribe en un recorrido ya consolidado. A lo largo de los años, Prada ha construido un vínculo estructural con el arte contemporáneo, no solo a través de la Fondazione Prada —hoy una de las instituciones más activas en el ámbito expositivo y curatorial—, sino también mediante campañas y proyectos visuales. Entre ellos, Code Human (2019), realizado con Cao Fei, constituye un antecedente significativo: una exploración de las identidades digitales y la simulación que anticipaba muchas de las problemáticas actuales. El proyecto con Wolfson se inserta en esta línea, desplazando sin embargo la atención hacia una dimensión más corporal y perturbadora.
Nacido en Nueva York en 1980 y formado en la Rhode Island School of Design, Wolfson se ha consolidado como una de las figuras más radicales del arte contemporáneo. Su práctica se centra en la creación de entidades artificiales —avatares y animatrónicos— que ponen en tensión la relación entre lo humano y lo tecnológico, a menudo mediante dispositivos visuales deliberadamente incómodos.
Entre sus obras más conocidas, Female Figure (2014) —expuesta también en Venecia— se ha convertido en un punto de referencia: un animatrónico de tamaño real con apariencia femenina que baila al ritmo de música pop e interactúa con el espectador, generando una relación ambigua entre atracción y extrañamiento. En trabajos posteriores, como Real Violence (2017), esta tensión se intensifica hacia territorios aún más explícitos. Presentado en la Whitney Biennial 2017, el video muestra una agresión brutal y sostenida, obligando al espectador a confrontarse con una imagen directa de la violencia.
La intervención de Wolfson para Prada retoma algunos de estos elementos —la presencia artificial, la inestabilidad identitaria, la dimensión performativa— adaptándolos al lenguaje de la campaña de moda. Las dinámicas más extremas de su investigación se contienen aquí dentro de un sistema visual controlado, aunque sin desaparecer por completo. Las figuras que habitan el proyecto conservan, de hecho, una cualidad ligeramente perturbadora: después de todo, siguen siendo criaturas de Wolfson.
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