Biennale Arte 2026: In Minor Keys
La 61ª edición de la Biennale di Venezia abrirá al público el 9 de mayo de 2026 y se extenderá hasta el 22 de noviembre de 2026 en sus sedes habituales, los Giardini, el Arsenale y numerosos espacios de la ciudad de Venecia. Bajo el título “In Minor Keys”, la exposición internacional propone una orientación curatorial que privilegia la escucha, la atención y los gestos de baja intensidad frente a la espectacularización que ha caracterizado muchas exposiciones globales en las últimas décadas.
La elección del título no es menor. En términos musicales, la “clave menor” remite a registros introspectivos, a modulaciones que evitan el tono triunfal o monumental asociado a las tonalidades mayores. La exposición central adopta esa metáfora para sugerir otra forma de relación con el presente: menos proclamación, más matiz; menos énfasis en la afirmación identitaria, más atención a las resonancias y fricciones entre historias, territorios y memorias.
Sin embargo, antes incluso de su apertura, esta edición de la Bienal se ha visto atravesada por un debate político que pone en cuestión precisamente esa apuesta por la sutileza. En el centro de la controversia se encuentran las tensiones derivadas de la guerra en Gaza Strip y el papel del Estado de Israel, cuya participación en la Bienal ha sido cuestionada por colectivos artísticos y redes de trabajadores del arte. Entre las voces críticas en la Argentina destaca el colectivo Estrella de Oriente, que ha señalado la aparente contradicción entre el discurso de la escucha propuesto por In Minor Keys y la falta de una posición institucional explícita frente a lo que diversas organizaciones internacionales califican como violencia sistemática contra la población palestina.
Este conflicto no es nuevo dentro de la historia de la Bienal, pero sí adquiere una intensidad particular en el contexto actual. Desde su fundación en 1895, la Bienal de Venecia ha sido simultáneamente una plataforma de experimentación artística y un escenario diplomático donde los Estados nación proyectan su capital cultural. Más de 80 países participan habitualmente mediante pabellones nacionales, desde potencias históricas como Estados Unidos, Francia o Alemania, hasta representaciones más recientes entre las cuales Chile, Brazil, Mexico o Argentina, que en las últimas décadas han ampliado la presencia latinoamericana en el evento.
En ese sentido, la estructura misma de la Bienal vuelve inevitable la dimensión geopolítica del arte. Los pabellones nacionales funcionan como dispositivos de representación cultural donde las narrativas artísticas se entrelazan con estrategias diplomáticas y disputas simbólicas. La controversia actual revela precisamente esa dimensión estructural: las bienales no operan en un vacío cultural, sino dentro de redes complejas de financiamiento, legitimación y poder.
Dentro de este marco, In Minor Keys propone un desplazamiento conceptual que resulta, al mismo tiempo, sugerente y problemático. La exposición central reúne a artistas de diversas geografías cuyas prácticas se caracterizan por explorar temporalidades lentas, gestos mínimos y formas de conocimiento situadas. En lugar de grandes declaraciones políticas o narrativas épicas, muchas de las obras se construyen a partir de archivos fragmentarios, prácticas comunitarias o investigaciones materiales que privilegian la escucha sobre la afirmación.
Este énfasis en lo menor, en lo que ocurre en los márgenes de la historia oficial, se inscribe en una tendencia más amplia del arte contemporáneo reciente. En contraste con las grandes narrativas globales de las bienales de los años noventa y principios de los 2000, numerosos proyectos curatoriales actuales buscan trabajar desde escalas más íntimas o localizadas. El interés por el archivo, las ecologías territoriales o las memorias afectivas responde, en parte, a una desconfianza creciente hacia los discursos totalizantes.
Sin embargo, el contexto político de esta Bienal vuelve inevitable una pregunta incómoda: ¿puede una exposición que reivindica la escucha mantenerse en una “clave menor” cuando el entorno institucional está atravesado por conflictos de alta intensidad?
Las críticas formuladas por colectivos como Estrella de Oriente apuntan justamente a esa tensión. Para ellos, la metáfora curatorial corre el riesgo de convertirse en una forma de neutralización: un lenguaje de sensibilidad que, en la práctica, evita confrontar las estructuras políticas que hacen posible el propio evento. Desde esta perspectiva, insistir en la sutileza en un momento de violencia extrema podría interpretarse como un gesto de evasión.
No obstante, reducir la propuesta de In Minor Keys a una simple estrategia de evasión también sería simplificar el problema. La apuesta por una “clave menor” puede entenderse, igualmente, como una crítica implícita a la lógica del espectáculo político que domina el espacio mediático contemporáneo. Frente a la proliferación de declaraciones inmediatas y polarizadas, la exposición propone un ritmo distinto: una forma de atención que privilegia la complejidad sobre la reacción.
El problema, en todo caso, no es la sensibilidad en sí, sino el marco institucional en el que se despliega. Cuando una exposición se presenta dentro de una estructura como la Bienal de Venecia, un evento profundamente vinculado a las diplomacias culturales nacionales, cualquier gesto estético adquiere inevitablemente una dimensión política.
Para las escenas artísticas latinoamericanas, esta situación resuena de manera particular. Durante décadas, artistas y curadores de la región han trabajado precisamente en ese espacio ambiguo entre crítica institucional y participación en circuitos globales. Pabellones de países como Brasil, Chile o México han explorado repetidamente las tensiones entre representación nacional, memoria histórica y circulación internacional del arte.
Desde esa perspectiva, el debate en torno a In Minor Keys no es únicamente un conflicto coyuntural vinculado a la guerra en Gaza. Más bien revela una pregunta estructural sobre el papel de las grandes exposiciones internacionales en el presente: ¿pueden seguir funcionando como plataformas culturales relativamente autónomas, o deben asumir de manera explícita su inserción en las disputas políticas globales?
La Bienal de Venecia 2026 se desarrolla, así, en un campo de tensiones difícil de resolver. Por un lado, la exposición central propone una política de la atención, una invitación a escuchar lo que ocurre en registros más bajos, en tonalidades menos estridentes. Por otro, el contexto histórico exige posicionamientos que parecen desbordar esa escala.
Quizás la paradoja sea inevitable. Después de todo, las tonalidades menores en música no implican silencio ni neutralidad; al contrario, suelen intensificar la carga emocional de una composición. Si algo revela el debate en torno a In Minor Keys es precisamente eso: que incluso los gestos más discretos pueden resonar con fuerza cuando se inscriben en una historia marcada por conflictos, silencios y responsabilidades compartidas.
https://www.labiennale.org/en/art/2026
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