16 diciembre 2025

Narrativas en suspenso: ritual, memoria y temporalidad en el arte contemporáneo

de

Ritual- pinterest-media.tribe

Cada diciembre, el calendario activa una serie de relatos que parecen inevitables. Luces, rituales domésticos, reuniones familiares, silencios heredados. Navidad y Jánuca —más allá de sus diferencias teológicas— funcionan hoy como estructuras narrativas que ordenan el tiempo, modelan expectativas y producen formas específicas de visibilidad cultural. No se trata solo de festividades religiosas, sino de dispositivos simbólicos que el arte contemporáneo ha sabido interrogar, tensionar y reescribir.

En una escena artística global que se declara mayoritariamente secular, estas temporalidades “sagradas” no desaparecen: se desplazan. Reaparecen como archivo familiar, como gesto repetido, como coreografía social o como resto material. El interés de muchos artistas no reside en la celebración, sino en el modo en que estos relatos organizan la experiencia, fijan roles y construyen memorias compartidas —y también exclusiones.

La Navidad, por ejemplo, opera como un relato hegemónico incluso fuera del campo religioso. Su iconografía ha sido absorbida por la lógica del consumo, pero también por una narrativa de comunidad obligatoria, de felicidad normada, de intimidad performada. Numerosas prácticas contemporáneas han trabajado desde esa fricción: árboles artificiales convertidos en esculturas precarias, luces reutilizadas como material residual, nacimientos desarmados y reconfigurados como instalaciones fragmentarias. No hay devoción en estos gestos, sino una lectura crítica del exceso narrativo que rodea a la fecha.

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Banksy – Jesus Christ with Shopping Bags, 2005

En contraste, Jánuca —más discreta en el espacio público, especialmente fuera de contextos judíos— aparece en el arte contemporáneo como una narrativa más íntima, muchas veces ligada a la experiencia diaspórica. Las velas, el acto repetido de encender, la duración exacta del ritual, funcionan como marcadores de tiempo y pertenencia. Algunos artistas trabajan estos elementos no como símbolos religiosos, sino como estructuras de transmisión: lo que se hereda, lo que se adapta, lo que se pierde en el desplazamiento.

En ambos casos, el ritual importa menos por su contenido doctrinal que por su forma. Repetición, espera, luz, pausa. El arte contemporáneo encuentra ahí un campo fértil para pensar el tiempo no lineal, el tiempo afectivo, el tiempo político. Frente a la aceleración productiva del año, estas prácticas introducen otro ritmo, incluso cuando lo hacen desde la ironía o la distancia crítica.

En el contexto latinoamericano —marcado por la colonialidad cristiana, pero también por migraciones, sincretismos y memorias fracturadas— estas preguntas adquieren una densidad particular. La Navidad, impuesta históricamente como relato dominante, convive con prácticas locales, resistencias silenciosas y reapropiaciones críticas. Jánuca, por su parte, aparece como una narrativa minoritaria que desafía la homogeneidad cultural y obliga a pensar la visibilidad desde otros parámetros.

Contemporary Hanukkah Menorah - YourHolyLandStore
Your holy land store- Contemporary Hannukah Menora

Algunos artistas trabajan estas tensiones desde la materialidad. Cera que se derrite, luces que fallan, objetos frágiles que apenas sostienen su forma. Otros lo hacen desde el lenguaje, reescribiendo relatos bíblicos, genealogías familiares o memorias orales. En todos los casos, lo que se activa no es la festividad en sí, sino su capacidad para organizar relatos: quién narra, desde dónde, para quién.

Estas fechas siguen operando como máquinas narrativas poderosas, capaces de revelar cómo se construyen las ficciones de comunidad, cómo se negocian las identidades y cómo el arte interviene en esos relatos sin cerrarlos.

Quizás por eso muchas de estas obras no ofrecen resoluciones. No celebran ni denuncian de manera frontal. Se sitúan en un punto intermedio, incómodo, donde el ritual es a la vez refugio y carga, donde la tradición es memoria pero también peso. En ese espacio de ambigüedad, el arte contemporáneo encuentra una de sus tareas más persistentes: releer lo heredado sin neutralizar su conflicto, y devolvernos narrativas que, aunque familiares, ya no podemos consumir de manera automática.