18 enero 2026

Paisajes del descarte: tensiones entre fast fashion, imagen digital y responsabilidad ambiental

de

Emanuel Morelli "An empire built on waste"

En su serie An Empire Built on Waste, el artista y diseñador digital Emanuele (Jane) Morelli propone una imagen elocuente del costo ecológico asociado al fast fashion. La escena —generada mediante Midjourney— muestra un territorio irreconocible, formado por acumulaciones inmensas de desechos textiles. Ese relieve artificial sintetiza la escala del problema: la producción acelerada que sostiene a firmas globales como SHEIN deja tras de sí un rastro voluminoso y difícil de asimilar.

The Fashion Industry Waste Is Drastically Contributing To Climate ...
The Fashion Industry Waste

Morelli acompaña la obra con una reflexión directa: cada compra impulsiva, cada prenda de bajo costo, contribuye a aumentar esa montaña simbólica. La imagen no se presenta como exageración, sino como una invitación a mirar aquello que suele quedar fuera del marco: materiales sintéticos que no se degradan, procesos industriales opacos, jornadas laborales subvaloradas y un impacto ecológico que se expande más allá del ciclo de consumo.

La discusión generada por el trabajo, sin embargo, no se detuvo en su lectura ambiental. Entre los comentarios surgió una crítica que desplazó la atención hacia la herramienta utilizada. Para algunos espectadores, el uso de inteligencia artificial reproduce contradicciones similares a las que el artista señala: «¿Cómo denunciar un sistema destructivo —preguntan— recurriendo a tecnologías cuyo consumo energético también genera preocupación?». La acusación sugiere una paradoja: un mensaje ético construido desde un medio que tampoco es inocuo.

Unpacking Toxic Textiles | Green America
Unpacking Toxic Textiles | Green America

Morelli ha respondido previamente a observaciones de este tipo. Reconoce que la IA implica dilemas propios, pero defiende su capacidad para construir imágenes que, de otro modo, serían difíciles de articular. En su lectura, la potencia de la obra reside en la visualización de lo que habitualmente permanece abstracto o disperso. La estética hiperreal y ligeramente distópica de la plataforma permitiría condensar en un solo golpe de vista la cadena de consecuencias que acompaña a la moda rápida.

En esta ocasión, el artista adopta un tono más enfático. Califica al fast fashion como un sistema de extracción y descarte disfrazado de libertad de elección, y cuestiona la narrativa de innovación que suele acompañar a las plataformas de venta masiva. La pieza no se limita a ilustrar un problema ambiental; apunta también a las lógicas de crecimiento ilimitado que estructuran la industria y que condicionan nuestras formas de consumo.

El debate que acompañó la circulación de la obra amplía su campo de sentido. La tensión entre medios y mensajes —entre las herramientas disponibles y los valores que se quiere defender— no tiene una resolución simple. ¿Es posible movilizar tecnologías imperfectas para generar conciencia crítica? ¿Hasta qué punto los artistas pueden desligarse del impacto de sus instrumentos? Lejos de invalidar la obra, estas preguntas desplazan la conversación hacia un terreno más complejo, donde se cruzan ética, estética y responsabilidad cultural.

Mientras tanto, el llamado del artista persiste: reconsiderar las escalas y velocidades con las que producimos y consumimos. La serie sugiere que, antes de imaginar alternativas, debemos enfrentar las imágenes incómodas que revelan el estado actual del sistema. En esa confrontación quizás resida la posibilidad de pensar otros ritmos —más lentos, más justos, más sostenibles— para un futuro hoy saturado de residuos.

Max Mara Art Prize for Women
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