08 junio 2026

Renata Schussheim en conversación con Rocky Cervini

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Rocky Cervini conversa con Renata Schussheim sobre una trayectoria atravesada por el dibujo, el teatro, la música y las artes visuales.

Retrato de Renata Schussheim ph Guido Limardo

 

En su entrevista con Rocky Cervini, Renata Schussheim reflexiona sobre los cruces entre disciplinas, la construcción de imágenes ambiguas y teatrales, el vínculo entre memoria y archivo, y las obsesiones visuales que reaparecen persistentemente en su obra. Entre recuerdos de sus comienzos junto a Carlos Alonso, colaboraciones con figuras clave de la escena cultural argentina y nuevos proyectos entre Buenos Aires, Venecia y Roma, Schussheim repasa una práctica artística marcada por la intensidad, la experimentación y una constante búsqueda de libertad visual.


Tu universo visual es muy reconocible y sólido. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Las imágenes aparecen intuitivamente o las vas construyendo a medida que la obra avanza?

A veces genero yo los proyectos y otras veces soy convocada. Depende mucho del contexto. Tengo un pie en el teatro y otro en las artes visuales, y muchas veces mezclo ambos mundos para hacer instalaciones. Lo hago desde los años ochenta, cuando todavía no existían palabras como “instalación”, “performance” o “videoclip”. Siempre sentí que una exposición debía tener música, atmósfera, un ambiente. Esa mezcla de lenguajes estuvo presente desde el comienzo.

Tuviste tu primera exposición siendo muy joven. ¿Cómo surgió tu vínculo con Carlos Alonso?

Yo lo admiraba profundamente. Era una figura de referencia para mí. Tenía unos trece años cuando empecé a verlo. Estudiaba Bellas Artes en una escuela de Belgrano y él supervisaba tanto lo que hacía allí como los dibujos que realizaba en mi casa. Dibujaba todas las noches, escuchando música durante horas. Él observaba ese trabajo y hacía comentarios.

Cuando vino a mi primera muestra, en una galería llamada El Laberinto, que funcionaba en un sótano, verlo bajar esa escalera fue una sensación muy fuerte. Sentí que, de alguna manera, me estaba validando profesionalmente.

Además era muy exigente. Fue quien me sugirió hacer autorretratos mirándome al espejo. Yo pensaba que sería algo sencillo y resultó dificilísimo. Pero tuve grandes maestros. Empecé a estudiar a los nueve años con Ana Tarsia, discípula de Battle Planas. Hace poco encontré un trabajo que hice con ella cuando tenía diez años y pensé: si intentara hacerlo hoy, quizá no me saldría tan bien!

Renata Schussheim, 2011, ‘Junto a Ti’, cortesía de la artista, ph. Guido Limardo

La figura femenina ocupa un lugar central en tu obra, pero aparece de una manera ambigua, lejos de los estereotipos. ¿Cómo pensás esa representación?

Siempre me interesó más la ambigüedad que una imagen femenina convencional. Incluso muchas de mis obras estuvieron inspiradas en Jean-François Casanovas, que era transformista. Eran trabajos muy eróticos; incluso intentaron clausurar una muestra que hice sobre Jean- François en la galería Ática, a partir de una denuncia que hubo.

Hoy muchas de esas cuestiones se leen desde categorías como lo queer, pero en ese momento no existían esos términos. Jean-François tenía esa cualidad fascinante de transformarse en otro. Cuando lo vi actuar por primera vez me cambió la cabeza.

Mis mujeres nunca fueron dulces ni complacientes. Tampoco yo lo soy. Siempre me interesaron los personajes complejos, intensos. Y creo que uno también termina rodeándose de personas con esa intensidad.

A lo largo de tu trayectoria trabajaste con figuras muy diversas, desde Charly García hasta Oscar Araiz. ¿Qué te aportan esas colaboraciones?

Me gusta mucho generar encuentros. «Soy» una persona de maridajes, por decirlo de alguna manera. Me gusta juntar gente, presentar artistas entre sí, producir cruces.

Cuando conocí a Jean-François inmediatamente se lo presenté a Oscar Araiz. Hicimos proyectos juntos. También me gusta ver cómo esos vínculos continúan en el tiempo.

Ahora bien, mi trabajo personal sigue siendo muy solitario. Dibujo en mi casa, sola. Antes fumaba y tenía ese momento de distancia frente a la obra. Ahora converso con mi loro. Es mi compañero de estudio.

Después de tantos años de producción, ¿qué cosas siguen emocionándote visualmente?

Cada vez menos cosas, en realidad. La inteligencia artificial, por ejemplo, al principio me pareció fascinante. Ahora me agobia. Siento que ya sé qué va a pasar, que todo es posible, y eso me resulta un poco aburrido.

Lo que sí me sigue estimulando son los artistas que admiro. A veces descubro gente joven en Instagram y les escribo para decirles cuánto me gusta lo que hacen. Me interesa mucho acompañar y estimular a las nuevas generaciones.

También me sigue emocionando el trabajo de artistas que conozco y respeto. Ver una obra que me gusta sigue siendo un enorme placer.

Renata Schussheim, 2011, ‘Autorretrato’, cortesía de la artista, ph. Guido Limardo

¿Hay elementos que reaparecen una y otra vez en tu trabajo sin que puedas explicarlos del todo?

Sí. Son obsesiones visuales. De repente pienso que nunca más voy a dibujar una corona de rosas sobre una cabeza y, cuando me doy cuenta, vuelve a aparecer.

Hay una dimensión del trabajo creativo que no conviene explicar demasiado. No todo tiene una razón consciente. Muchas veces uno entiende después por qué hizo algo, incluso años más tarde.

Siempre me preguntaron qué significa una obra. Mi respuesta suele ser: “¿Y usted qué piensa?”. El trabajo ya está hecho. Lo interesante es lo que la obra despierta en quien la mira.

¿Creés que el misterio es una parte necesaria de la creación?

Absolutamente. Hay zonas que deben permanecer misteriosas. No todo tiene una explicación clara ni inmediata. Si no, probablemente sería escritora y no artista visual.

Soy muy narrativa en mi trabajo, me gusta escribir y leer, pero también creo que una parte fundamental de la creación ocurre en un territorio que no controlamos del todo.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Acabo de reestrenar La consagración de la primavera junto a Oscar Araiz. En esta versión quise llevar el vestuario hacia algo más áspero, más ligado a lo que está ocurriendo en el mundo. Quería que aparecieran esas tensiones contemporáneas.

También me propusieron realizar una ópera para el año próximo en el Teatro Colón.

Además estoy trabajando en dos libros. Uno es un libro para el Colón, que reúne una enorme cantidad de material y está demandando muchísimo trabajo. El otro, que saldrá próximamente por Ampersand, estará dedicado a los figurines y llevará justamente ese título: Figurines.

Los libros me entusiasman mucho. En este momento son quizá lo que más me interesa. Como artista visual, me gusta la idea de que una obra pueda circular en un formato accesible para muchas personas.

También estás trabajando en la organización de tu archivo personal. ¿Cómo estás viviendo esa experiencia?

Es muy movilizadora. Estoy trabajando con un equipo maravilloso de archivistas y conservadoras. Parecen científicas forenses: usan guantes, barbijos, revisan transparencias, negativos y documentos con un nivel de detalle impresionante.

Por un lado es emocionante porque aparecen materiales que ni recordaba tener. Por otro, es una experiencia intensa porque implica revisar toda una vida.

Abrir esas cajas es encontrarse con el pasado. Mi deseo era poder hacerlo sin caer en la melancolía. Todavía estoy aprendiendo cómo atravesar ese proceso.

¿El archivo va a derivar en nuevos proyectos?

Sí. La idea es realizar una gran muestra y también publicar libros a partir de todo ese material. Pero es un trabajo muy lento. Yo soy una persona impaciente y me toca aprender a respetar esos tiempos.

Creo que llevará al menos un año y medio o dos años más. Es una tarea enorme, pero también muy estimulante.

Por último, Roma vuelve a aparecer en tu horizonte.

Sí, y me hace muy feliz. Trabajé varias veces allí, incluso en la ópera, y es una ciudad extraordinaria, una verdadera escenografía viviente. Siempre digo que cuando uno llega a Roma entiende inmediatamente por qué los argentinos somos como somos. Hay algo profundamente familiar, incluso más que con España. Es una ciudad que siempre me conmueve y me inspira.

Además, esta vez tiene un significado muy especial porque voy a festejar mi cumpleaños el mismo día de la inauguración de mi muestra en ContArt Gallery. Será una celebración doble.

Estoy muy entusiasmada con este proyecto porque este año voy a exhibir en las dos sedes de la galería: primero en Venecia, del 30 de agosto al 17 de septiembre, y luego en Roma, del 17 al 31 de octubre. Es una oportunidad que me llena de alegría y que espero disfrutar intensamente.

Renata Schussheim, 2011, ‘Nocturno I’, cortesía de la artista, ph. Guido Limardo

 

Renata Schussheim, 1980, ‘Jean Francois Casanovas’, cortesía de la artista, ph. Guido Limardo