Exposiciones

«50+» en el Museo del Barro: tramas de intercambio entre Paraguay y España

El sábado 28 de marzo el Centro de Artes Visuales/Museo del Barro abrió al público 50+, una exposición que se inscribe en el marco de los cincuenta años del Centro Cultural de España en Paraguay. Curada por Ticio Escobar y Osvaldo Salerno, la muestra propone una lectura fragmentaria, más cercana al señalamiento que al relato total, de una relación institucional que ha incidido de manera sostenida en la escena artística local.

Lejos de organizar un panorama exhaustivo, 50+ asume el carácter parcial de toda reconstrucción histórica. Como señala Escobar, se trata de “puntear, casi azarosamente, algunos momentos” que permiten entrever una trama de intercambios y afinidades. Esa renuncia a la totalidad no implica debilidad, sino una toma de posición: el vínculo entre Paraguay y España no se presenta como una línea continua, sino como una constelación de episodios, desplazamientos y superposiciones.

Vista de sala. Gentileza: Museo del Barro

La exposición se articula en cuatro núcleos que, más que compartimentos cerrados, funcionan como zonas de intensidad. El primero, dedicado a los procesos de conquista y colonización, establece un umbral decisivo. Allí se inscriben piezas históricas, como un Cristo y una Inmaculada Concepción franciscanos del siglo XVIII, junto a obras contemporáneas como las cerámicas de Julia Isídrez. Este cruce no busca ilustrar una evolución, sino activar una pregunta sobre la persistencia de ciertas formas y sensibilidades.

En estas obras se hace visible un proceso de transculturación que no puede reducirse a la simple imposición de modelos metropolitanos. Las imágenes religiosas, por ejemplo, aparecen atravesadas por reinterpretaciones indígenas y mestizas que desbordan su matriz original. En ese desplazamiento, lo que podría leerse como copia se revela como traducción, y la traducción como un espacio de invención.

 

El segundo núcleo, centrado en el arte español presente en las colecciones del museo, introduce otra dimensión del intercambio: la circulación de obras y referentes. Los grabados de Francisco de Goya ocupan aquí un lugar singular. Su presencia no responde únicamente a un criterio de representatividad histórica, sino a la potencia crítica de su mirada. Goya irrumpe como una figura que tensiona la idea de tradición, desplazándola hacia un terreno más inestable, donde lo grotesco, lo violento y lo ambiguo adquieren centralidad.

Vista de sala, muestra «50+. Conmemorando medio siglo del CCEJS en Paraguay» . Gentileza: Museo del Barro.

Junto a él, las obras de artistas españoles vinculados al Paraguay permiten pensar en formas más recientes de contacto. Sin embargo, el interés de este apartado no reside tanto en la enumeración de nombres como en las condiciones de posibilidad de esas presencias: ¿cómo llegan estas obras?, ¿qué circuitos habilitan su circulación?, ¿qué tipo de diálogo establecen con el contexto local?

El tercer núcleo se concentra en artistas paraguayos formados en España, entre ellos Julián de la Herrería, Carlos Colombino, Osvaldo Salerno, Marcos Benítez, Federico Ordiñana y Lucio Aquino. Aquí el intercambio se desplaza del objeto a la experiencia. La formación en el exterior aparece como un espacio de adquisición de herramientas, pero también como un territorio de fricción. No se trata de una transferencia lineal de saberes, sino de un proceso en el que las referencias incorporadas son reconfiguradas al regresar.

Gentileza: Museo del Barro

En este sentido, las trayectorias reunidas en la muestra evidencian que la circulación internacional no implica necesariamente homologación. Por el contrario, muchas de estas prácticas revelan una tensión productiva entre lo aprendido y lo situado, entre los lenguajes globales y las condiciones específicas de producción en Paraguay.

El último núcleo, dedicado a producciones ensayísticas y literarias, amplía el campo de la exposición hacia el terreno discursivo. La inclusión de figuras como Rafael Barrett, Josefina Plá, Bartomeu Melià y Francisco Corral, junto a una obra de Miguel Chase Sardi, subraya que los intercambios culturales no se agotan en lo visual. Los textos, los archivos y los documentos operan aquí como dispositivos que han contribuido a pensar, y a veces a tensionar, la relación entre ambos contextos.

Este desplazamiento hacia la escritura introduce una capa reflexiva que complejiza la lectura de la muestra. No se trata solo de ver, sino de entender cómo se ha narrado lo que se ve, quiénes han construido esos relatos y desde qué posiciones.

Gentileza: Museo del Barro
Vista de sala. Gentileza: Museo del Barro.

En términos expositivos, 50+ despliega una notable diversidad de lenguajes y soportes: esculturas en madera y cerámica, microesculturas, grabados, xilopinturas, serigrafías, pinturas, objetos intervenidos, fotografías, libros y documentos históricos. Esta heterogeneidad no aparece como un exceso, sino como una condición necesaria para dar cuenta de la amplitud del campo que se intenta abordar.

Sin embargo, esta misma amplitud plantea un desafío. El riesgo de toda exposición conmemorativa es que la acumulación de materiales termine diluyendo las tensiones que pretende visibilizar. En 50+, ese riesgo se atenúa en la medida en que la curaduría evita una narrativa celebratoria cerrada. La relación entre el Centro Cultural de España y el Museo del Barro no se presenta como un vínculo armónico, sino como un proceso atravesado por asimetrías, negociaciones y relecturas constantes.

Foto cortesía: Museo del Barro.
Gentileza: Museo del Barro.

En el contexto latinoamericano, donde las relaciones con Europa han estado históricamente marcadas por desigualdades, esta perspectiva resulta especialmente pertinente. La muestra no busca resolver esas tensiones, pero sí hacerlas visibles, inscribiéndolas en una temporalidad larga que excede el marco de la conmemoración.

En lugar de fijar una lectura conclusiva, 50+ ensaya una forma de articulación abierta, donde los materiales no se ordenan en función de una síntesis, sino de su capacidad para rozarse, interferirse y reactivarse mutuamente. La exposición no tanto reconstruye una historia como pone en circulación sus fragmentos, dejando que sean las relaciones, a veces evidentes, a veces apenas insinuadas, las que configuren el recorrido. En ese desplazamiento, el aniversario deja de ser un punto de llegada para operar como un marco desde el cual volver a mirar, con cierta cautela, los modos en que esas tramas se han constituido y siguen operando en el presente.

Curaduría: Ticio Escobar y Osvaldo Salerno

Fechas: 28 de febrero de 2026 – cierre no especificado

https://www.museodelbarro.org/exposicion/50

Redacción exibart latam

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