El árbol de la vida y la abundancia, la primera exposición individual en Argentina de Abel Rodríguez / Mogaje Guihu (Amazonia colombiana, c. 1941–Bogotá, 2025), reúne más de cincuenta obras realizadas durante tres décadas. Organizada por el Museu de Arte de São Paulo (MASP) y presentada en el Malba pocos meses después de la muerte del artista, la muestra permite recorrer una producción que encontró en el dibujo una forma de preservar y transmitir un conocimiento acumulado a lo largo de una vida.
Al ingresar a la exposición, el bosque aparece descompuesto en una sucesión de árboles. Cada dibujo concentra una especie distinta. Cambian la forma de las copas, la textura de los troncos, la inclinación de las ramas y el peso de los frutos. En las salas siguientes, esos árboles comienzan a reunirse en composiciones cada vez más complejas hasta conformar un paisaje donde ninguna planta pierde su singularidad. La selva se presenta como una comunidad de relaciones.

Rodríguez nació a orillas del río Cahuinarí y perteneció al pueblo nonuya. Desde la infancia recibió la formación de sabedor, una figura encargada de reconocer las plantas de la selva, comprender sus ciclos, sus usos y las relaciones que mantienen con los animales, las personas y el territorio. Ese aprendizaje se interrumpió con su ingreso a un internado católico y décadas más tarde quedó atravesado por el desplazamiento forzado que llevó a su familia a abandonar la Amazonia y establecerse en Bogotá. Los dibujos comenzaron entonces a ocupar un lugar central en su práctica cotidiana.

Cada obra conserva la precisión de quien conoce el bosque desde la experiencia directa. Las hojas responden a ritmos de crecimiento específicos, las ramas revelan la estructura de cada especie y los árboles ocupan posiciones que evidencian afinidades entre plantas. La memoria sostiene esas imágenes con una claridad extraordinaria. Rodríguez registró alrededor de cuatrocientas especies vegetales. Sus acuarelas y témperas mantienen una condición narrativa donde la observación y el relato forman parte de un mismo gesto.


Esa precisión también define la construcción de las imágenes. Los árboles se presentan con una frontalidad que permite reconocer la singularidad de cada especie, mientras que las composiciones más complejas organizan el espacio mediante la superposición y la acumulación de formas, antes que a través de una perspectiva convencional. Las variaciones de verdes, ocres y amarillos distinguen especies, edades y ciclos de crecimiento. Cada árbol conserva su identidad y forma parte de un conjunto de gran densidad.
El recorrido propuesto por el Malba acompaña esa manera de mirar. Las series de árboles individuales dialogan con vistas panorámicas del bosque y con composiciones que incorporan animales, frutos y cursos de agua. El visitante descubre una organización donde cada elemento encuentra sentido en relación con los demás. Esa transición entre el ejemplar aislado y el paisaje permite comprender que el dibujo organiza y transmite el conocimiento que lo sostiene.
El título de la exposición proviene de una imagen compartida por diversas cosmologías amazónicas: el Árbol de la Abundancia, origen de los frutos y de la vida antes de su dispersión por el mundo. La obra homónima, realizada en 2016, ocupa un lugar central dentro del conjunto. Sus ramas sostienen un sistema donde plantas, animales y personas participan de un mismo ciclo vital. La imagen reúne una narración de origen y una manera de comprender el territorio.


La firma que acompaña cada dibujo también forma parte de esa construcción. Mogaje Guihu y Abel Rodríguez aparecen escritos juntos en todas las obras. Los dos nombres señalan una biografía atravesada por distintas lenguas y distintos ámbitos de circulación. Esa convivencia acompaña una producción que mantuvo un vínculo estrecho con la comunidad de la que proviene y, al mismo tiempo, alcanzó una presencia sostenida en espacios internacionales como documenta 14, la Carnegie International, la Bienal de São Paulo y la Bienal de Venecia.


El programa público del Malba amplía esa lectura mediante el curso La hoja del bosque, coordinado por Pablo La Padula, que propone explorar los vínculos entre cosmologías amazónicas, historia natural y cultura visual. Esa propuesta prolonga una de las preguntas que atraviesa toda la exposición: de qué manera las imágenes pueden conservar formas de conocimiento ligadas a un territorio y abrirlas a nuevos espacios de circulación sin perder la complejidad de la experiencia que las sostiene.
Curaduría: Adriano Pedrosa, Leandro Muniz y Alejandra Aguado.
Fechas: 19 de junio 2026 – 23 de agosto de 2026.
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