Acto vivo-dito de Alberto Greco en Piedralaves 1963. Fotografía de Montserrat Santamaría.
La retrospectiva recorre la trayectoria del artista argentino desde sus primeros trabajos literarios en Buenos Aires hasta sus intervenciones urbanas en España e Italia.
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía inaugura Alberto Greco. Viva el arte vivo, una retrospectiva que recorre la trayectoria del artista argentino desde sus primeros trabajos literarios en Buenos Aires hasta sus intervenciones urbanas en España e Italia, pasando por París y Nueva York. Comisariada por Fernando Davis, la muestra reúne más de 200 piezas, incluyendo collages, dibujos, textos, fotografías y documentos de sus intervenciones, organizadas en ocho salas que articulan un itinerario cronológico y conceptual.
Greco (Buenos Aires, 1931 – Barcelona, 1965) desplegó una obra que disolvió los límites entre la pintura, la literatura y la acción performativa, proponiendo un arte que no se mostraba sino que se señalaba y vivía en la calle. Sus comienzos literarios, entre 1949 y 1956, muestran un interés por lo marginal, lo fantástico y lo cursi, visible en textos como Criatura humana (1949) y Ni tonto ni holgazán (1956). Entre 1954 y 1956 realiza su primer viaje a París, donde entra en contacto con la vanguardia europea. A su regreso a Buenos Aires en 1959, adopta un informalismo agresivo, donde la pintura se convierte en materia orgánica que tensiona el límite de los soportes y pigmentos. Entre 1961 y 1963 inicia una fase decisiva: en 1961 empapela Buenos Aires con carteles como «¡¡QUÉ GRANDE SOS!!»; en 1962, en su segunda instancia París, proclama la fundación del arte vivo y realiza su primera «exposición callejera»; en ese mismo año, declara en Génova, Italia, (1962) su Manifesto Dito dell’Arte Vivo, fundando formalmente el arte vivo.
En 1963, tras conflictos con las autoridades italianas por su pieza Cristo 63. Omaggio a James Joyce, Greco se establece en España, viviendo principalmente en Madrid y en Piedralaves (Ávila). En Piedralaves desarrolla intervenciones urbanas que convierten al pueblo y sus habitantes en obras de arte vivo, mientras en Madrid realiza acciones célebres como el viaje colectivo en metro desde Sol hasta Lavapiés, que culmina con la quema de una tela pintada colectivamente. Su Galería Privada se convierte en taller, sala de exposiciones y punto de encuentro de la vanguardia española, colaborando con artistas como Manolo Millares y Antonio Saura.
Entre 1964 y 1965, sus viajes lo llevan nuevamente a Buenos Aires, luego a Nueva York, Ibiza y finalmente Barcelona. En esta etapa desarrolla collages de autopropaganda y la novela Besos brujos, una obra que integra texto, dibujo, música y referencias pop, que consolida su concepto de arte como experiencia viva y cotidiana. La última sala de la retrospectiva expone Todo de todo, un collage acumulativo que sintetiza su proyecto de universalizar el arte vivo.
La exposición, que se podrá visitar hasta el 8 de junio, evidencia cómo Greco articuló ciudades, cuerpos y objetos como elementos de su obra. La ciudad deja de ser un escenario neutral para convertirse en materia estética, la acción reemplaza la contemplación pasiva y la participación del público redefine la experiencia del arte. Recuperar su trayectoria permite comprender la influencia de sus intervenciones en la transición del informalismo argentino y europeo hacia la expansión de los límites del arte contemporáneo.
El artículo «Alberto Greco: el arte vivo como experiencia colectiva en el Museo Reina Sofía (Madrid)» fue publicado originalmente en exibart.es Haz clic aquí para acceder a la versión original en exibart españa.
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