13 agosto 2026

Celeste Mayorga en La Nueva Fábrica (Guatemala)

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Vista de la exposición "El fuego que nos une", de Celeste Mayorga, La Nueva Fábrica, Antigua Guatemala, 2026. Cortesía de La Nueva Fábrica.

Hasta el 6 de septiembre, La Nueva Fábrica presenta en Íntimo, su espacio de proyectos, El fuego que nos une, la exposición individual de Celeste Mayorga. La muestra reúne parte del trabajo realizado durante la residencia de investigación que la artista desarrolló en la Cité internationale des arts de París entre julio y septiembre de 2024, en el marco de la Beca de Movilidad Internacional otorgada por MAZORCA. Durante esos meses, Mayorga organizó talleres y encuentros con personas migrantes de distintas procedencias. Fotografías, videos, dibujos y ejercicios corporales registran aspectos de ese proceso y articulan la exposición actual.

La investigación de Mayorga parte de una práctica vinculada a la cosmovisión maya y de metodologías centradas en el cuerpo, la escucha y la memoria. Su formación con espacios como la Colectiva Actoras de Cambio y Centro Q’anil ha acompañado el desarrollo de estas metodologías, presentes tanto en la organización de los talleres como en las dinámicas colectivas que dieron origen a las piezas expuestas.

Vista de la exposición «El fuego que nos une», de Celeste Mayorga, La Nueva Fábrica, Antigua Guatemala, 2026. Cortesía de La Nueva Fábrica.

La experiencia desarrollada en París permanece activa en la muestra a través de los registros y trabajos producidos durante los encuentros. Las distintas trayectorias migratorias de sus participantes confluyen alrededor de una pregunta que Mayorga formula también en las actividades públicas vinculadas a la exposición: ¿En qué parte de tu identidad habita tu territorio?

La pregunta permite leer el territorio desde experiencias concretas de desplazamiento y pertenencia. La lengua, los recuerdos familiares, los saberes cotidianos y las prácticas comunitarias aparecen como formas de relación con lugares que permanecen presentes a la distancia. Las respuestas se distribuyen entre imágenes, palabras, gestos y relatos, y revelan distintas maneras de situar el territorio en el cuerpo y en la memoria.

Vista de la exposición «El fuego que nos une», de Celeste Mayorga, La Nueva Fábrica, Antigua Guatemala, 2026. Cortesía de La Nueva Fábrica.
Vista de la exposición «El fuego que nos une», de Celeste Mayorga, La Nueva Fábrica, Antigua Guatemala, 2026. Cortesía de La Nueva Fábrica.

El montaje sigue las huellas de ese proceso. Centenares de fotografías cubren buena parte de las paredes y registran conversaciones, caminatas, comidas, ejercicios de movimiento, ceremonias y escenas cotidianas ocurridas durante la residencia. La acumulación genera una lectura fragmentaria que exige desplazarse físicamente frente a las imágenes. Rostros, espacios urbanos, acciones colectivas y pequeños gestos forman una secuencia extensa cuya escala transmite la duración y frecuencia de los encuentros.

En el centro de la sala cuelgan grandes hojas de papel utilizadas durante los talleres. Sobre siluetas de cuerpos aparecen palabras, colores, dibujos y anotaciones realizadas por las personas participantes. Términos asociados con estados emocionales y corporales conviven con formas vegetales, órganos, espirales y trazos que localizan experiencias en zonas específicas del cuerpo. Las piezas permiten observar una metodología en la que dibujar también sirve para identificar y comunicar aquello que resulta difícil formular únicamente mediante el lenguaje verbal.

Vista de la exposición «El fuego que nos une», de Celeste Mayorga, La Nueva Fábrica, Antigua Guatemala, 2026. Cortesía de La Nueva Fábrica.

Otra sala reúne registros audiovisuales y una ofrenda compuesta por flores, velas y diversos elementos utilizados durante las actividades. Los videos muestran fragmentos de ejercicios y encuentros, incorporando movimiento, sonido y duración al archivo construido en las paredes. La ofrenda introduce prácticas vinculadas a la cosmovisión maya dentro de una exposición donde lo ritual forma parte de la metodología de trabajo de Mayorga.

La dimensión colectiva atraviesa la organización completa del proyecto. Muchas de las piezas presentes en sala contienen intervenciones realizadas por quienes participaron en los talleres, mientras Mayorga establece las condiciones para su producción, registro y posterior presentación. Esta forma de autoría permite observar cómo una práctica artística puede construirse mediante relaciones sostenidas en el tiempo y cómo esas relaciones adquieren una nueva circulación al ingresar en un espacio de exposición.

Vista de la exposición «El fuego que nos une», de Celeste Mayorga, La Nueva Fábrica, Antigua Guatemala, 2026. Cortesía de La Nueva Fábrica.

El fuego que nos une sitúa así la experiencia migratoria en una trama formada por cuerpos, memorias, prácticas y lugares. La pregunta sobre dónde habita el territorio encuentra respuestas parciales en cada uno de esos registros. Su persistencia a lo largo de la muestra señala también algo que las fotografías hacen visible con especial claridad: desplazarse modifica la relación con un lugar y genera nuevas formas de reconocerlo, recordarlo y transmitirlo.

Fechas: 13 junio 2026 – 6 septiembre 2026