Este sábado 1° de noviembre, Ungallery inaugura dos muestras que invitan a mirar la naturaleza y el universo desde un prisma sensible y contemporáneo. En la sala 1, El jardín del sueño, con curaduría de Pablo La Padula, reúne a las artistas rosarinas Florencia Echevarría, Laura Echenique y Rosario Farías en una propuesta que entrelaza deseo, memoria y formas naturales en un paisaje simbólico. En la sala 2, Hay un azul que sabe rezar, de Cristina Portela, con curaduría de Sergio Bazán y texto de Carolina Baulo, explora un territorio metafísico donde el paisaje cósmico se convierte en metáfora de las preguntas existenciales del presente.
La exhibición propone un diálogo poético entre arte y naturaleza. Desde la mirada de tres artistas unidas por el paisaje del río Paraná, las obras transitan entre lo eterno y lo doméstico, lo real y lo imaginado. Las piezas componen un “jardín artístico” que convoca a fluir con la memoria y el tiempo, dejando que las formas orgánicas emerjan como si el arte pudiera soñar con la naturaleza.
Florencia Echevarría descubre en la materia cotidiana ecos de una geometría sagrada olvidada; Rosario Farías convierte el recuerdo de un pastizal infantil en el punto de partida para su búsqueda pictórica; y Laura Echenique, desde el dibujo, enlaza la tradición amerindia con la intimidad de los arreglos florales familiares. La curaduría de Pablo La Padula potencia ese cruce entre biología, poesía y espiritualidad, proponiendo un recorrido que celebra la belleza como forma de conocimiento sensible.
“El jardín del sueño” es, en definitiva, una meditación sobre el buen vivir: un homenaje a la armonía, la generosidad y la piedad que aún pueden habitar en lo natural cuando se lo observa con ternura y asombro.
En la sala 2, la propuesta de Cristina Portela construye una atmósfera de contemplación casi litúrgica. Su obra, de tono metafísico, utiliza el paisaje cósmico como espejo de las preguntas humanas sobre el infinito, la finitud, el vacío y el tiempo. Con curaduría de Sergio Bazán, la muestra se presenta como un site specific concebido especialmente para el espacio íntimo de Ungallery, transformando la sala en un pequeño cosmos donde pintura, sonido y luz dialogan como un mantra visual.
Las piezas —de paleta fría con destellos dorados y plateados— se disponen en red sobre un mural central que ocupa del piso al techo la pared frontal. Dos grandes lienzos laterales enmarcan la instalación, iluminada por luces bajas y precisas. Un audio casi imperceptible reproduce en loop el segundo movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven, completando la atmósfera de recogimiento.
Portela vincula su imaginario visual con la irrupción tecnológica y la inteligencia artificial, planteando una tensión entre lo sagrado y lo digital: “una nueva matrix que nos rodea, colmada de certezas futuras, un moderno Prometeo que vuelve a regalarnos el fuego”.
Sus series anteriores —De noche el agua sueña que es aire, El mundo me ha hechizado y El viento sopla donde quiere— resuenan aquí como un eco persistente de ese azul que, entre devoción y vértigo, sigue rezando.
Ungallery reafirma así su compromiso con el arte contemporáneo argentino, ofreciendo dos experiencias complementarias: una que enraíza el sueño en la tierra y otra que lo lanza al cosmos.
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