Exposiciones

La recurrencia como interrogación crítica en la Fundación Fortabat

El pasado noviembre, la Fundación Fortabat renovó el guion curatorial de su colección, proponiendo una relectura compleja e inédita del arte argentino de los últimos 175 años. El relato anterior, concebido por Marcelo Pacheco en 2018 y articulado según una secuencia cronológica desplegada perimetralmente, respondía a una lógica lineal y evolutiva de la historia del arte nacional. Frente a esa estructura, los investigadores Roberto Amigo y Leandro Martínez Depietri, convocados para repensar el recorrido, introducen un viraje conceptual significativo, abandonando la linealidad historiográfica en favor de una narrativa que privilegia la noción de “recurrencia”. Las persistencias iconográficas y conceptuales que atraviesan anacrónicamente distintas épocas orientan así el nuevo guion, organizado en núcleos que activan una lectura densa y articulada, capaz de establecer relaciones transversales y de revelar las tensiones culturales, territoriales y políticas que subyacen a las producciones artísticas en Argentina.

Vista de Sala, Fundación Fortabat, Gentileza Colección AMALITA, ph. Pablo Jantus

Los curadores asumieron el desafío de reorganizar la colección poniendo en valor sus cualidades intrínsecas: constituida mayoritariamente por pintura, y, en particular, por pintura figurativa, la colección abarca aproximadamente 150 años de historia del arte argentino, desde mediados del siglo XIX hasta 2010. Ante esta condición, Amigo y Martínez Depietri no buscaron compensar las inevitables ausencias en dirección de un utópico relato exhaustivo; al contrario, eligieron profundizar en el medio que estructura el acervo. Siguiendo esa lógica, al nuevo guion se incorporaron obras pictóricas del siglo XXI pertenecientes a Bárbara y Alejandro Bengolea y Ama Amoedo, continuadores del legado de Amalia Lacroze de Fortabat, extendiendo así la mirada hacia el presente. Asimismo, los investigadores reforzaron el anclaje territorial de la colección, cuyas obras insisten en la representación del territorio y la identidad nacional en una perspectiva marcadamente americanista, reconfirmada por la incorporación de obras del siglo XXI que pueden interpretarse en continuidad temática. El diseño de montaje, a cargo de Leo San Juan, complejiza el recorrido alejándolo de la dimensión perimetral que caracterizaba la puesta anterior, dinamizando la experiencia y ofreciendo una pluralidad de puntos de vista que responden a la riqueza y la polifonía del enfoque historiográfico propuesto por los curadores. Cada núcleo conceptual se articula en torno a obras clave que funcionan casi como declaraciones programáticas, precisando el enfoque y la densidad conceptual de cada sección.

Ramón Gómez Cornet,» Acción de Arte», 1921, Óleo sobre madera, Gentileza Colección AMALITA, ph. Diego Spivacow

En el subsuelo, el núcleo “Acción de Arte” propone una reflexión sobre el quehacer artístico y sus agentes. El título es una cita directa de la obra Acción de Arte (1921) de Ramón Gómez Cornet, una naturaleza muerta en la que se vislumbra el periódico argentino de vanguardia publicado entre 1920 y 1921. El propio Gómez Cornet, junto a otros colaboradores, utilizó esta publicación como plataforma para promover una estética renovadora, tal como lo evidencian los nombres de artistas modernos europeos y argentinos que figuran en el número representado. El periódico aparece retratado con el sello de envío a Santiago del Estero, donde residía el artista, y acompañado por dos tomos sobre la historia del Perú. La articulación entre la influencia del modernismo europeo y la línea simbólica que, en la yuxtaposición de referencias, conecta Cuzco con Buenos Aires y evoca el indigenismo de la década, subraya la constitución de un ambiente artístico híbrido, tensionado entre circulación transnacional y arraigo territorial.

Antonio Berni, «Zamba», 1956, Oleo sobre tela

En el segundo subsuelo, otros núcleos se despliegan en diálogo. “Telas Americanas” explora la relación entre textil y pintura, articulando tradición artesanal y crítica social. En Zamba (1956) de Antonio Berni, una pareja baila frente a una colcha santiagueña, mientras una familia desplazada por la deforestación observa desde el margen derecho de la composición. La escena confronta folclorismo y realidad social, visibilizando tanto la herencia textil preincaica como el desplazamiento de comunidades rurales. Un interesante contrapunto a la obra de Berni lo constituye El ojo de los ancestros (2022) de Claudia Alarcón, que sitúa la tradición textil wichí más allá del ámbito artesanal, en dirección de una definitiva incorporación en los lenguajes visuales de la contemporaneidad artística.

Luis Felipe Noé, «Tormenta en la Pampa – Homenaje a una pintura escrita por Domingo Faustino Sarmiento», 1991, técnica mixta y acrílico sobre tela

La exposición sigue con el núcleo “Espectro y Tormenta”, que aborda la tensión entre la inmensidad del territorio pampeano y la violencia intrínseca a la colonización, planteando un audaz giro de perspectiva: lo que se pone de relieve es el miedo del colonizador ante lo desconocido. La obra central, Tormenta en la Pampa – Homenaje a una pintura escrita por Domingo Faustino Sarmiento (1991), de Luis Felipe Noé, presenta a un jinete solitario bajo un cielo de impronta expresionista, surcado diagonalmente por un rayo incandescente. En la franja superior de la tela, Noé incorpora fragmentos del Facundo, centrándose en la descripción de la tormenta en la pampa, evocada a través de un horizonte comprimido y la abrumadora vastedad del cielo tempestuoso. Lo que se subraya aquí es el punto de vista del criollo frente a la inmensidad de lo desconocido: su temor ante una fuerza divina encarnada en el rayo, figura de un Dios que parece advertir al colonizador acerca de los riesgos de su desmesurada hubris. El rol de Buenos Aires como puerto de entrada desde el cual se dominan poblaciones y territorios, históricamente recurrente y, en cierta medida, vigente en la actualidad, aparece en el gouache de Léonie Matthis, que retoma un grabado de 1536 sobre la fundación de la ciudad bajo asedio.

Léonie Matthis, «Santa María del Buen Ayre atacada por los querandíes en 1536», 1936, gouache sobre cartón

En relación con este núcleo se desarrolla, en un espacio hexagonal, la sección “La Pampa Gringa”, que articula entre sí obras tan diversas y cronológicamente heterogéneas como El almuerzo o Domingo en la chacra (1945-1971) de Berni, Tijera para castrar (1978) de Luis Fernando Benedit, y Los Capataces (1861) de Prilidiano Pueyrredón. La relación triangular entre economía, terror y dinámicas de poder se manifiesta aquí a lo largo de distintas épocas y contextos de la historia argentina: desde las jerarquías rurales del siglo XIX hasta la violencia estatal de la dictadura, estas obras configuran un arco histórico que permite leer la persistencia de formas de dominación en la sociedad argentina.

Kenneth Kemble, «Invasión», 1963, técnica mixta sobre tela

El núcleo significativamente titulado “Invasiones” se concentra en las escasas presencias dentro de la colección vinculadas al conceptualismo y al arte pop, representadas, entre otros, por artistas como Alberto Heredia, Jorge de la Vega y Nicolás García Uriburu. Si bien es cierto que, como suelen remarcar las lecturas historiográficas predominantes, la década del sesenta marcó un quiebre y una internacionalización de la escena argentina, en este núcleo se pone de relieve la contracara de ese fenómeno: la descolonización y la violencia implícita en los procesos de hegemonía cultural. Este aspecto se materializa con singular contundencia simbólica en la obra que da nombre a la sección, Invasión (1963) de Kenneth Kemble, un collage pictórico en donde el mapa de Estados Unidos se yuxtapone a un rosetón evocador del ornato europeo, mientras desde la parte inferior del cuadro (donde simbólicamente se sitúa América Latina, excluida de la mirada) un tono rojo sangre invade progresivamente la composición.

Vista de Sala, Fundación Fortabat, Gentileza Colección AMALITA, ph. Pablo Jantus

En el nuevo relato no falta la dimensión poética y sensorial del territorio, que se despliega en el núcleo titulado “Sobre el goce”. Aquí un paisaje nacional emblemático como el de las Cataratas del Iguazú se traduce, en la obra de 1987 de García Uriburu, en una visión sensual y matérica profundamente vinculada al concepto de goce, así como a la imagen casi meditativa del fluir de las aguas. La pieza establece un diálogo con una serie de imágenes que exploran diversas manifestaciones del disfrute y la celebración, entre las cuales destacan Fuegos de artificio (1931) de Valentín Thibon de Libian y una representación del río Paraná habitado por la comunidad artística de Florencia Bohtlingk. Con esta sección, el recorrido se concede una nota celebratoria, contrapunto indispensable para un guion que se distingue por la voluntad de visibilizar dinámicas socioeconómicas y de poder fundamentales para la comprensión de la historia del arte argentino. Los curadores, sin embargo, no dejan de incorporar la dimensión del disfrute, del goce y de lo festivo, remitiendo a paradigmas culturales significativos que, si bien historiográficamente han sido asociados mayoritariamente a la década de los noventa, resultan inherentes tanto a la producción artística como a las dinámicas sociales en el contexto argentino en su conjunto. Por último, el núcleo “Isla Abstracta” pone en evidencia la hegemonía de la figuración dentro de la colección, ‘aislando’ en una sección específica las búsquedas informalistas y geométricas con obras de Emilio Pettoruti, Del Prete, Yente y Kosice, entre otros.

Ernesto Deira, «Boreales», 1985, Acrílico sobre tela

El nuevo guion planteado por Amigo y Martínez Depietri es el resultado de una intervención curatorial lúcida y conceptualmente ambiciosa, que logra transformar una colección tradicional, marcada por la centralidad de la pintura y por una fuerte impronta figurativa, en un dispositivo crítico capaz de producir nuevas lecturas sobre la historia del arte argentino. El abandono de la secuencia cronológica lineal no es un gesto meramente formal sino epistemológico: al sustituir la lógica evolutiva por la noción de “recurrencia”, los curadores desplazan el eje desde la progresión histórica hacia la persistencia de imaginarios y tensiones que atraviesan anacrónicamente distintas épocas. Este enfoque permite pensar los últimos 175 años del arte argentino desde un ángulo inédito, revelando relaciones y tensiones que el orden cronológico tendía a naturalizar. Al mismo tiempo, los curadores visibilizan a artistas desplazados del canon, en su mayoría provenientes de las provincias, situando en el centro de la colección e historicizando cuestiones como el indigenismo, la representación de la violencia colonial y de las jerarquías rurales. El recorrido, marcado por una atención minuciosa al detalle, celebra la riqueza de la pintura argentina y abre una perspectiva plural y renovadora sobre su historia, logrando convertir una colección en su mayoría conservadora en un campo de interrogación crítica.

Roberto Amigo y Leandro Martínez Depietri en la Fundación Fortabat, Gentileza Colección AMALITA, ph. Pablo Jantus

 

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