La verdad en disputa en la Fundación Andreani: tres muestras entre dato, ficción e historia
Exposiciones
En la sede de la Fundación Andreani, hasta el 1 de marzo, tres exposiciones activan un mismo nervio contemporáneo: la fragilidad del dato, la inestabilidad del espacio y la porosidad entre ficción e historia. Sin proponérselo como programa explícito, Datos helados | Río de La Plata, Horizontes superpuestos y Falso positivo configuran un tríptico sobre las formas actuales de construir sentido en un contexto saturado de información y marcado por tensiones territoriales, políticas y afectivas.
Lejos de la espectacularidad tecnológica, las muestras operan desde dispositivos relativamente sobrios. Cada una ensaya una forma distinta de interpelar al espectador: la contemplación inmersiva, el desplazamiento corporal y la participación activa. En ese tránsito, el edificio de la fundación, con su arquitectura industrial y su escala generosa, deja de ser un mero contenedor para convertirse en parte del problema.
Datos helados | Río de La Plata
Mathías Chumino y Federico Bolagno Romero


La videoinstalación de los uruguayos Mathías Chumino y Federico Bolagno Romero parte de una pregunta que atraviesa buena parte del arte contemporáneo: ¿qué puede un dato? ¿Cómo se traduce en memoria, cómo se inscribe en un territorio específico como el Río de la Plata?
El proyecto no se limita a ilustrar estadísticas ni a estetizar flujos de información. Por el contrario, trabaja con la fricción entre el registro frío, la cifra, el archivo, la medición, y la experiencia sensible de un espacio cargado de historia. El Río de la Plata aparece aquí no solo como accidente geográfico compartido entre Argentina y Uruguay, sino como superficie simbólica donde se sedimentan relatos de migración, violencia estatal, comercio y circulación cultural.
La puesta en escena evita la narrativa lineal. Las proyecciones, distribuidas en el espacio, generan un entorno envolvente en el que el espectador debe decidir qué mirar y en qué orden. Esa fragmentación remite a la propia lógica del dato contemporáneo: fragmentario, descontextualizado, disponible para múltiples lecturas.
Sin embargo, lo más interesante del trabajo no es la tematización de la “era de la información”, sino su anclaje situado. El Río de la Plata no funciona como metáfora abstracta, sino como territorio concreto atravesado por memorias traumáticas y disputas de soberanía. En ese cruce entre tecnología y geopolítica, la obra propone una reflexión sobre cómo los dispositivos de registro, desde los archivos estatales hasta las bases de datos digitales, modelan la forma en que recordamos.
Hay una tensión productiva entre la frialdad formal de las imágenes y la densidad histórica que evocan. Los artistas no subrayan el drama; lo sugieren. Y en ese gesto contenido reside buena parte de la potencia crítica de la pieza.
El texto del escritor uruguayo Ramiro Sanchiz introduce otra capa de lectura, donde la especulación narrativa dialoga con la materialidad del dato y su deriva territorial.
Horizontes superpuestos
David López Mastrangelo


En Horizontes superpuestos, David López Mastrangelo desplaza el foco hacia el espacio arquitectónico y sus implicancias afectivas. La gran instalación realizada con perfiles de aluminio, material asociado a la construcción en seco y al crecimiento urbano acelerado se, expande como un esqueleto que tensiona la sala.
El aluminio, liviano y modular, sugiere tanto promesa de progreso como precariedad. No estamos ante una escultura monumental cerrada sobre sí misma, sino ante una estructura que parece en proceso, siempre susceptible de ampliación o desmontaje. Esa condición inestable dialoga con los videos que acompañan la instalación, donde el paisaje urbano aparece como un territorio en constante transformación.
La superposición de horizontes, íntimo y urbano, doméstico y público, no se resuelve en oposición binaria. Más bien, se trata de un deslizamiento continuo. El espectador circula entre los perfiles metálicos, percibiendo cómo el espacio expositivo se fragmenta y reconfigura. El cuerpo se vuelve medida provisional de una arquitectura que ya no ofrece certezas.
En un país atravesado por ciclos recurrentes de expansión y crisis, la elección de materiales y formas adquiere una resonancia particular. Sin necesidad de ilustrar coyunturas específicas, la obra alude a las tensiones entre desarrollo inmobiliario, especulación y experiencia cotidiana. El paisaje no es aquí un fondo neutral, sino un campo de fuerzas donde se inscriben deseos y frustraciones colectivas.
López Mastrangelo evita la nostalgia y también la denuncia explícita. Su estrategia es más sutil: construir un dispositivo que haga visible la fragilidad de los límites entre adentro y afuera. En tiempos de urbanización intensiva y de redefinición constante del espacio público, la instalación funciona como una cartografía provisional de esa inestabilidad.
La muestra se complementa con un texto inédito de Juan Mattio, cuya escritura acompaña el desplazamiento entre lo íntimo y lo urbano, subrayando la dimensión afectiva de esas estructuras aparentemente impersonales.
Falso positivo
Colectivo U2P050



Con Falso positivo, el colectivo francés U2P050 introduce una dimensión abiertamente participativa. La instalación simula una oficina: escritorios, documentos, pantallas, indicios dispersos. El visitante no es un observador pasivo, sino un investigador potencial que debe recabar pistas e interpretar información para reconstruir una trama vinculada con episodios de la historia argentina y las teorías conspirativas que la rodean.
El dispositivo remite a los lenguajes del thriller y del archivo burocrático. Pero lo que está en juego no es la resolución de un enigma, sino la experiencia misma de la sospecha. En un contexto global atravesado por la sobreabundancia de información y la desconfianza hacia las instituciones, las fronteras entre hecho, rumor y ficción se vuelven cada vez más porosas.
U2P050 no ofrece una lección moral sobre las “fake news”. Más bien, reproduce las condiciones que hacen posible su circulación: acumulación de datos, documentos ambiguos, narrativas fragmentarias. El espectador experimenta en primera persona la dificultad de distinguir entre evidencia sólida y relato especulativo.
En el contexto argentino, marcado por una historia de violencia estatal, secretos oficiales y operaciones mediáticas, la propuesta adquiere una densidad particular. La obra no instrumentaliza esa historia, pero la activa como campo de resonancia. La oficina ficticia se convierte en metáfora de un aparato estatal opaco y, al mismo tiempo, de la maquinaria contemporánea de producción de sentido.
La participación no es lúdica en un sentido ingenuo. Hay una incomodidad deliberada en el hecho de tener que tomar decisiones interpretativas con información incompleta. En esa incomodidad se cifra la dimensión política de la pieza.
El proyecto se acompaña de un texto inédito de la poeta Pilar Otero, cuya escritura no clausura el enigma sino que lo desplaza hacia el terreno de la imaginación crítica, ampliando la dimensión literaria de la conspiración.
Un campo de tensiones compartido
Aunque formalmente disímiles, las tres exposiciones comparten una preocupación por los modos en que la información, sea dato digital, estructura arquitectónica o documento histórico, configura nuestra percepción del territorio y de la memoria.
En Datos helados, el río funciona como archivo líquido. En Horizontes superpuestos, la arquitectura revela la inestabilidad de los horizontes urbanos. En Falso positivo, la oficina deviene escenario de una verdad siempre provisional. Agua, metal y papel: tres materialidades que, en manos de estos artistas, se convierten en dispositivos críticos.
La programación de la Fundación Andreani sugiere así una línea curatorial atenta a las fricciones entre tecnología, política y espacio. Más que ofrecer respuestas, las muestras invitan a habitar la duda. Y en un presente donde la saturación informativa convive con la erosión de la confianza pública, esa invitación no es menor.
Salir de la sala implica volver a un mundo igualmente atravesado por datos, construcciones y relatos en disputa. La pregunta que queda abierta no es solo qué creemos, sino cómo, y desde dónde, construimos aquello que llamamos verdad.
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