La investigación de la artista multidisciplinaria Elena Ketra se desarrolla actualmente entre Nueva York y Venecia, dos ciudades que se convierten en etapas significativas dentro del desarrollo de su trabajo y de su reflexión sobre cuestiones sociales y culturales. En este recorrido, el proyecto Luchadoras no se presenta como un corpus cerrado de obras, sino como una práctica abierta y en permanente evolución, que atraviesa la fotografía y la performance y se desarrolla también a través del intercambio directo con las comunidades.
Un momento significativo de esta etapa fue la residencia en el ISCP (International Studio & Curatorial Program) de Nueva York, que ofreció a Ketra la posibilidad de entrar en contacto con un contexto artístico y curatorial internacional. Durante su estadía, el diálogo con curadores y su participación en la muestra Rebel, en Brooklyn, acompañaron una investigación ya orientada hacia cuestiones vinculadas con los derechos y la autodeterminación. En Nueva York, la artista profundizó además en Sologamy, un proyecto dedicado a las formas de vínculo no normativas y a las cuestiones de independencia y libertad de elección. Es también durante este período cuando Luchadoras comenzó a adquirir una dimensión más amplia y una mirada aún más sistémica.
Inspirado en las luchadoras de la Lucha Libre mexicana, figuras icónicas vinculadas a una larga tradición de representación de la resistencia femenina en América Latina, el proyecto Luchadoras coloca la máscara en el centro y explora su doble función: sustraer la identidad individual y las referencias estéticas con las que suele representarse el cuerpo femenino y, al mismo tiempo, convertirse en una herramienta de protección y autodeterminación. Después de Nueva York, el proyecto llegó a Venecia con motivo de la 61.ª Bienal de Arte, donde la Fondazione Marta Czok presentó una Special Edition de Luchadoras: nueve grandes carteles que ocupan el espacio expositivo y transforman la galería en un ring conceptual, donde el formato del cartel introduce la urgencia de la calle dentro de la institución.
Sin embargo, el núcleo de la práctica de Elena Ketra reside en su naturaleza fluida. Como señala la propia artista, Luchadoras nace de la performance y del espacio de relación. Desde la fotografía hasta la escultura, pasando por acciones participativas, el trabajo se configura como un work in progress constante, capaz de reformularse y absorber las urgencias históricas y territoriales de los lugares a los que llega. El arte se convierte así en un dispositivo de intercambio y en una herramienta política para desactivar la mirada pasiva (male gaze), transformando la vulnerabilidad en una poderosa declaración de acción y conciencia colectiva.
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