Fotografía del artista Michel François. Foto: Ramiro Chaves.
En Visiones difusas, el Museo Jumex ensaya una lectura de su colección que se aparta de estructuras cronológicas o narrativas para situarse en un terreno más inestable: el de la percepción. Concebida como una exposición colectiva, la muestra no propone una tesis cerrada, sino una atmósfera donde los límites entre vigilia y sueño se vuelven porosos. Más que representar lo onírico, las obras activan un estado intermedio en el que la imagen deja de ser unívoca y la mirada pierde su aparente estabilidad.
El carácter colectivo no se reduce a la coexistencia de artistas, sino que se construye como una red de relaciones donde cada pieza reconfigura la lectura de las otras. No hay jerarquías evidentes ni un recorrido lineal; en su lugar, la exposición se despliega como una sucesión de intensidades. Veladuras, transparencias y dispositivos de mediación, cortinas, capas, proyecciones, no solo organizan el espacio, sino que materializan la condición difusa que da nombre a la muestra. Lo que está en juego no es únicamente lo que se ve, sino cómo se ve.
En este contexto, artistas como Ale de la Puente y Pipilotti Rist expanden los límites de la imagen hacia lo ambiental. En Ventana (2004), De la Puente registra el paso de la luz a través de una cortina, desplazando una escena doméstica hacia una reflexión sobre el tiempo y la percepción. La luz no solo ilumina, sino que señala variaciones casi imperceptibles en el transcurso del día. En diálogo con el conjunto, este gesto introduce una forma de lo difuso ligada a lo cotidiano. Por su parte, Pipilotti Rist lleva esta expansión hacia una dimensión inmersiva, donde la imagen se convierte en entorno y desdibuja la distancia entre cuerpo y mirada.
En contraste, prácticas como las de Michel François y Jim Hodges operan desde una economía de medios más contenida. Sus materiales, a menudo frágiles o cotidianos, desplazan la atención hacia una temporalidad más lenta, donde el sentido no se impone de inmediato, sino que se construye en la duración. Aquí, lo difuso no se manifiesta como distorsión visual, sino como una cualidad de la experiencia: algo que permanece abierto, resistente a fijarse en una interpretación única.
En una línea distinta, aunque igualmente atenta a la materialidad, el trabajo de Emily Kraus introduce el proceso como eje central. Sus pinturas se originan en un gesto repetido: el lienzo se enrolla sobre una estructura cúbica mientras la artista aplica la pintura manualmente, generando variaciones casi imperceptibles con cada giro. La serie Ouroboros ,concebida a partir de un bucle de lienzos cosidos que luego son cortados y desplegados, remite a ciclos continuos de transformación. En este contexto, la pintura deja de ser una superficie fija para convertirse en el registro de una acción reiterada. Lo difuso aparece aquí como una condición temporal: una imagen en constante devenir.
La obra de Teresa Solar Abboud desplaza esta atención hacia una dimensión más densa y subterránea. En Tunnel Boring Machine (2022), la artista trabaja con formas que remiten a las huellas de la excavación industrial del subsuelo, estableciendo una tensión entre lo orgánico y lo mecánico. La arcilla, más que un medio, funciona como una metáfora material que conecta procesos geológicos con formas contemporáneas de intervención. En el contexto de la exposición, lo difuso se asocia aquí a aquello que permanece fuera de la vista: capas profundas que sostienen, pero también transforman, lo visible.
Por su parte, artistas como Cyprien Gaillard y Petrit Halilaj introducen capas de memoria y territorio, aunque sin recurrir a una narrativa estable. En el caso de Halilaj, esta dimensión se articula desde una biografía atravesada por el desplazamiento. En I’m hungry to keep you close…, el artista presenta la estructura de un nido de ave junto a un traje amarillo, configurando una imagen que oscila entre lo precario y lo protegido. La recurrencia de aves , particularmente especies domesticadas, condensa experiencias de migración y pertenencia. Más que una metáfora directa, el nido funciona como un dispositivo afectivo: un espacio frágil, pero insistente. La escena, lejos de cerrarse, permanece suspendida, abierta a múltiples lecturas.
En conjunto, las obras no ilustran un concepto, sino que lo ponen en tensión. Lo difuso se despliega como atmósfera, como materialidad, como proceso o como condición de la memoria. Esta amplitud, si bien corre el riesgo de diluir ciertas especificidades, permite que las prácticas mantengan su singularidad sin quedar subordinadas a un marco interpretativo rígido.
La exposición se extiende más allá de las salas mediante activaciones como Museo en voz alta, donde la lectura de sueños y textos poéticos introduce la palabra como experiencia compartida. Estas instancias no funcionan como un complemento, sino como una prolongación del dispositivo expositivo, abriendo la muestra hacia una dimensión colectiva donde la escucha, el lenguaje y la imaginación adquieren un lugar central.
Más que ofrecer respuestas, Visiones difusas propone sostener una pregunta: ¿qué implica mirar cuando renunciamos a la claridad como valor dominante? En un contexto saturado de imágenes nítidas y discursos cerrados, la apuesta por lo indeterminado adquiere una dimensión crítica. No como evasión, sino como una forma de atención distinta, capaz de habitar la ambigüedad sin resolverla.
En ese umbral, entre lo visible y lo imaginado, entre lo material y lo intangible, la exposición encuentra su potencia: no en la definición, sino en la posibilidad de permanecer, aunque sea por un instante, en lo incierto.
07 de marzo – 19 de julio de 2026
Curaduría: Carolina Estrada García, Adriana Flores Suárez y Natalia Vargas (asistentes curatoriales)
https://www.fundacionjumex.org/es/exposiciones/624-coleccion-jumex-visiones-difusas
07 de marzo – 19 de julio de 2026
Curaduría: Carolina Estrada García, Adriana Flores Suárez y Natalia Vargas (asistentes curatoriales)
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