15 julio 2026

Roberto Huarcaya en Cusco: la fotografía como procedimiento

de

Roberto Huarcaya, "Andegramas" (detalle de fotograma). Cortesía de Fundación Cultural del BN.

La Fundación Cultural del Banco de la Nación presenta en Cusco Roberto Huarcaya 1991–2022, una exposición que reúne algunas de las series más representativas del artista peruano. El recorrido pone en relación distintos momentos de una producción desarrollada a lo largo de tres décadas, donde conviven retratos, panorámicas, registros del paisaje y fotogramas de gran formato. A través de estas obras se hace visible una constante en su trabajo: la atención a la manera en que la luz, el tiempo, el cuerpo y el territorio intervienen en la producción de la imagen.

Roberto Huarcaya, «Lima, la de ayer, la de mañana», 1991. Serie de 36 fotografías, 60 × 50 cm. Cortesía del artista.
Roberto Huarcaya, «Lima, la de ayer, la de mañana», 1991. Serie de 36 fotografías, 60 × 50 cm. Cortesía del artista.

Desde sus primeras series, Huarcaya concibe la fotografía como un proceso de construcción de imágenes, en el que la relación con las personas, los materiales y el contexto resulta inseparable del resultado final. En Familias (1991), por ejemplo, el retrato surge de una relación establecida con quienes participan en cada sesión. Los grupos reunidos frente a la cámara no corresponden a familias reales, sino a composiciones creadas para la ocasión. La cámara organiza una escena donde las diferencias sociales aparecen inscritas en los gestos, la vestimenta, la disposición de los cuerpos y el espacio doméstico. En Lima, la de ayer, la de mañana, realizada el mismo año, esa aproximación incorpora los relatos manuscritos de los participantes, ampliando la imagen mediante una narración construida desde la conversación.

Roberto Huarcaya, «Familias», 1991. Serie de cinco fotografías. Gelatina de plata, 50 × 60 cm. Cortesía del artista.
Roberto Huarcaya, «Familias», 1991. Serie de cinco fotografías. Gelatina de plata, 50 × 60 cm. Cortesía del artista.

La ciudad constituye otro de los ejes persistentes de su trabajo. En Panorámicas de Lima y Campos de batalla, el paisaje aparece como un espacio donde la historia permanece inscrita en la geografía. El formato panorámico modifica el ritmo de la observación y exige un recorrido pausado de la imagen. La amplitud del encuadre permite reconocer límites urbanos, infraestructuras, huellas de conflictos y transformaciones acumuladas a lo largo del tiempo. El formato acompaña la complejidad de esos procesos históricos y propone una experiencia visual acorde con la escala del territorio.

Roberto Huarcaya, «Puno. Sillustani. 1000 A.C.», de la serie «Campos de batalla», 2010–2011. Fotografía panorámica, 200 × 52 cm. Cortesía del artista.
Roberto Huarcaya, «Cuzco. Sacsayhuaman. 1536», de la serie «Campos de batalla», 2010–2011. Fotografía panorámica, 200 × 52 cm. Cortesía del artista.

Con el desarrollo de nuevas series, esa atención se desplazó progresivamente hacia los procedimientos fotográficos. La luz, el papel fotosensible, los tiempos de exposición y las condiciones ambientales comenzaron a organizar proyectos donde la construcción de la imagen adquirió un protagonismo creciente.

Amazograma constituye uno de los momentos más significativos de ese proceso. Realizada en la Amazonía peruana, la serie surge a partir de extensos rollos de papel fotográfico desplegados directamente sobre el suelo de la selva durante la noche. La vegetación entra en contacto con la superficie fotosensible y la luz registra sus formas sin la mediación de una cámara. Cada imagen conserva las huellas de ese encuentro entre el paisaje y el soporte, registrando un proceso que ocurre en el propio lugar donde se realiza la exposición del papel.

Ese modo de trabajo continúa desarrollándose en series posteriores como Niños danzantes de tijeras y La evolución de las especies. En la primera, los cuerpos de los niños se apoyan directamente sobre el papel fotosensible y se combinan con fragmentos de otros fotogramas realizados en comunidades andinas. En la segunda, objetos pertenecientes al Museo del Oro del Perú y Armas del Mundo dejan sus siluetas sobre la superficie fotográfica y se disponen en una secuencia que relaciona distintas formas de armamento y sus transformaciones materiales. En ambos casos, la imagen se construye a partir del contacto directo entre cuerpos, objetos y material fotosensible.

Roberto Huarcaya, «Niños danzantes de tijeras #2», de la serie «Danzas andinas», 2019. Fotograma, 360 × 108 cm. Cortesía del artista.
Roberto Huarcaya, «Niños danzantes de tijeras», de la serie «Danzas andinas», 2018. Fotograma, 580 × 108 cm. Cortesía del artista.

Retratos, panorámicas y fotogramas responden a problemas distintos, pero comparten una misma atención por las condiciones que producen la imagen. Esa continuidad atraviesa tres décadas de trabajo y permite comprender la práctica de Roberto Huarcaya como una investigación sostenida sobre las posibilidades materiales de la fotografía, en la que cada procedimiento ensaya una forma distinta de relacionarse con el territorio, la memoria y la experiencia.

Fechas: 25 de abril – 31 de octubre de 2026.