Un ladrillo que hace un castillo. “Políticas del sabor” en el CCR de Buenos Aires
Arte contemporáneo
Se dice del vínculo entre el vino y la comida que hay un maridaje. Esto significaría que hay un especial encuentro, una correspondencia, algo que funciona bien entre dos distintxs. Pero no siempre las fusiones son armoniosas o por lo menos es seguro que el encuentro no se da de forma natural. La comida pone en escena un intercambio: entre quien sirve y quien prueba, pero también entre quien se encuentra en la verdulería con muchas papas y ha de elegir una sola -un encuentro interespecie-. O con las escrituras que eternizan el boca en boca de las comidas -las recetas- que, sobre todo cuando fueron escritas a mano, evocan la memoria afectiva de quien quiso que un plato no fuera olvidado. Es decir, que aunque no sea un matrimonio siempre, la comida es un vínculo de dos o más en el tiempo, un parentesco, un proceso que se activa y metaboliza.

En la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, hasta el 26 de abril, se puede visitar Políticas del Sabor, curada por Larisa Zmud (Mar del Plata, 1985). El camino de la curadora hasta llegar a lo que hoy podemos ver en la sala es amplio. Aparte de su vínculo personal con la cocina, coordina el Comedor Gourmet de Belleza y Felicidad Villa Fiorito, espacio artístico y político cuyas obras forman parte del recorrido y que son, en palabras de la curadora, corazón y catalizador de la exposición. El concepto de Comedor Gourmet podría funcionar por sí solo como un oxímoron. El comedor es un lugar donde encontrarse a comer rodeandose de otrxs y en Argentina es un espacio fundamental de los barrios populares donde mucha gente va a buscar su alimento todos los días. Lo gourmet, por otra parte, sería lo exquisito, singular, pocas veces hecho, lo original. Sin embargo, puestas a maridar, estas dos palabras Comedor Gourmet inventan un horizonte de posibilidades, una epifanía y también preguntas.

¿Cuál es el vínculo entre la comida y el arte, siendo este último, una presunta zona para lo original? Una vez más, la relación que tenemos con la comida y los elementos de la cocina es una construcción hecha de un día sobre el otro. Tal vez por eso, las obras que forman parte de la muestra y están hechas de comida, construyen una especie de juego óptico. Hay que acercarse a los collares de fideos de Marcela Sinclair o al rosario de pan de Hoco Huoc, las esculturas de galletitas Traviata de Ignacio Tamborenea o las Wawankunas de Tiziano Cruz para descubrir de qué están hechas. En todas ellas, el vínculo con la comida se transforma. Imaginamos a lxs artistas buscando los ingredientes como quien elige un material, el mejor para esa ilusión, ese ritual. Unidades mínimas de forma y sentido, con las cuales hacer una joya, una cúpula, un funeral, al fin otra forma de comer y de devorar como incorporación vital del alimento, de lo otro.

Hay también, entre las obras que la curadora seleccionó para la muestra, algunas que señalan el vínculo entre comida y cuerpo. No solamente en el proceso de metabolismo el cuerpo se hace presente al comer. La comida y los ingredientes, si podemos imaginarlos como cuerpos que no solo son comidos sino que nos comen, actúan de maneras inesperadas. En la obra de Víctor Grippo, las papas en cantidad, correctamente cableadas, son capaces de hacer viajar energía. En la obra de Marta Minujín, el pago de la deuda externa con maíz es una ficción especulativa que pone en escena el valor del maíz como patrimonio, tomando la idea del arte pop de reproducción para restituir su valor de cambio. El maíz podría cancelar la deuda externa si recordáramos la historia de los platos que fueron posibles solo gracias al maíz, la papa, el tomate, el frijol, el chocolate, todos alimentos americanos extraídos e incorporados a la mesa europea luego de la colonización.

Pensar que la comida también nos come es como hacer un paso de realismo mágico y también una forma de considerar la agencia que tiene la comida en nuestro territorio y en convivencia con la experiencia humana. Y no siempre es un vínculo de maridaje. A veces, el perejil está marchito o no tenemos repasador y tenemos que buscar otra tela que nos permita secarnos las manos para seguir cocinando. La curadora habla del repasador como objeto transicional: ese objeto con el que empezamos y terminamos de cocinar. Entre las mesas largas -como columnas vertebrales o la nave central-, cuelga el Tendal de 100 repasadores, archivo al cuidado del Museo del Puerto de Ingeniero White. Todos los repasadores fueron donados por cocineras, cocineros, docentes y vecinos de Bahía Blanca. Entre ellos vemos: repasadores-calendario, repasadores-mapa, repasadores bordados. El repasador es también un lugar privilegiado para las imágenes de todos los días y es aquello que nos espera secándose cada noche permitiéndonos volverlos a usar.

Para esta exposición, Larisa pensó, en un acto de feminismo especulativo, alterar el título de la pintura de Ernesto de la Cárcova Sin pan y sin trabajo, para pensar en un vital “con pan y con trabajo”, haciendo honor y monumento a aquellxs que día tras día llevan adelante trabajos de cuidado. Hacia el final de la sala, sobre una de las paredes, cuelgan platos cuyos fondos están pintados por las integrantes del Comedor Gourmet. En uno de ellos se lee: “soy un ladrillo que hace un castillo” y en otro: “cumbia ritmo espectacular con letras que nos maltratan pero que una villera lleva en las venas”. Las canciones, esos misteriosos platos diversos e infinitos, siempre mutantes, también se sirven, se reciben. Su energía se devora pasando por la boca, los pies, las venas y las mismas manos que luego sazonan el guiso.

Así como los primeros cantos de la historia registrados son cantos de trabajo que preceden a su escritura, las recetas son historias escritas posteriormente a las prácticas cotidianas, pero también irrupciones, anunciaciones, descubrimientos, conflictos, identidades y sistemas de valores artesanales como ciencias ficciones que se trafican. Es en la borra del café, o en el fondo de la olla o de los platos, donde podemos encontrar todos los días un futurismo nuestro, una sobremesa para volver a empezar.

Participan colectivos e instituciones como: Cozinha Ocupaçao 9 de Julho (Brasil), Paisanaje (España), Inland – Campo adentro (España), Floating University de Alemania, Comedor Gourmet de Belleza y Felicidad Fiorito y Museo del Puerto de Ingeniero White de Buenos Aires. También se presentan obras de Marta Minujín, Narcisa Hirsch, Grupo Escombros, Clemente Padín, Víctor Grippo, Lucía Reissig, Gabriel Chaile, Marcela Sinclair, La Chola Poblete, Ignacio Tamborenea, Hoco Huoc, Tiziano Cruz, Gabriel Baggio, Las Deudas y Andrés Piña.
Hasta el 26 de abril.
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