HACIA LA BIENAL DE VENECIA

Hacia la Bienal de Venecia: Pabellón de Uruguay

Hacia la Bienal de Venecia es un ciclo de entrevistas con artistas y curadores latinoamericanos que presentarán sus proyectos en la 61ª edición de la Bienal de Venecia. A través de estas conversaciones se analizan el origen y desarrollo de las propuestas, así como los desafíos conceptuales y técnicos que atraviesan en su proceso de producción y presentación. El ciclo también investiga las dinámicas de selección y financiación que hacen posible la participación nacional en la Bienal, con el objetivo de estudiar las especificidades de cada pabellón y las políticas de apoyo que sostienen estas representaciones. De este modo, se propone una cartografía crítica de los distintos modelos institucionales latinoamericanos y de las condiciones estructurales que configuran su presencia en el contexto internacional.

En esta ocasión conversamos con Margareth Whyte, artista; Patricia Betancourt, curadora; y Martín Craciun, coordinador del Instituto Nacional de Artes Visuales de Uruguay, quienes nos cuentan sobre el proyecto ‘Antifrágil’, que presentarán en Venecia.
‘Antifrágil’ reúne elementos provenientes de distintos sistemas, permitiendo que se influyan y transformen mutuamente. Los textiles se combinan con objetos tecnológicos obsoletos —viejas máquinas, cascos de motocicleta y fragmentos de desecho— para conformar un ensamblaje que adquiere fuerza e intensidad a través de la fricción entre sus partes. Estas conexiones sugieren, a su vez, una forma de pensar lo político, evocando las reflexiones de Arthur Danto sobre la relación entre arte y filosofía.

 

¿Podrían contarnos en qué consiste el proyecto que presentan este año en la Bienal de Venecia?

Patricia Bentancur: El título de este proyecto, es un término creado por Nasim Taleb para describir sistemas que se fortalecen a partir del caos y las fricciones. Taleb es un personaje fascinante, que le ha puesto lenguaje a muchos de los vacíos conceptuales contemporáneos.
La instalación está creada de desechos y descartes de una diversidad de materiales y objetos que -en esos vínculos inestables-, esos fragmentos conservan una capacidad de acción que afecta el espacio, pero también la percepción y las relaciones con quienes los rodean. 

¿Cuál es su origen y cuáles los principales desafíos conceptuales y técnicos en su desarrollo?

Margaret Whyte: La idea es interpretar los sucesos que ocurren en el mundo, que muchas veces atemorizan y generan incertidumbre. A partir de ese concepto voy construyendo la obra. En este proyecto ANTIFRAGIL, que significa superar el caos, la incertidumbre y todas las vicisitudes que ello genera, resignifico objetos obsoletos.

Margaret Whyte, ‘Tiempo de escuchar’ (installation view), 2024. Textiles and Mixed materials. Photographer © Pablo Bielli – Courtesy of the artist

¿Cómo se traduce concretamente la idea de “antifragilidad” en las decisiones formales y espaciales de la instalación dentro del Pabellón Uruguayo?

PB: Desde hace tiempo, pensando y trabajando con Margaret Whyte, creo que la idea de la antifragilidad, ayuda a entender más cabalmente, procesos que en lugar de evitar la incertidumbre, la incorporan y la transforman. Más que representar la antifragilidad, la instalación intenta operar como un sistema antifrágil: un conjunto de relaciones que se sostiene precisamente gracias a su heterogeneidad, a su carácter incompleto y a la coexistencia de elementos provenientes de temporalidades y tecnologías distintas. Las piezas de Whyte se apoyan, se desplazan, negocian su configuración con la gravedad y con los cuerpos que recorren el espacio.

Patricia Bentancur, curadora, describe el tejido y el ensamblaje en ANTIFRAGIL como ‘tecnologías políticas de protesta y afiliación’ en su articulación de fragmentos y narrativas plurales que cuestionan genealogías singulares y reflexionan sobre geografías y perspectivas alternativas.
¿De qué manera se hace visible esta articulación dentro de la instalación y cómo se percibe en la experiencia del espectador?

MW: Es un llamado de atención que cuestiona la forma de actuar de unos pocos que están destruyendo nuestro hábitat, y plasmó esas ideas de forma mucho más visceral. El espectador sacará, a su real saber y entender, sus propias conclusiones, que son muy válidas.

Margaret Whyte, ‘sculpture’, 2025. Photographer Sabrina Srur © Sabrina Srur – Courtesy of the artist

 ¿Cómo creen que dialoga, si es que lo hace, el proyecto que presentan en el pabellón con los lineamientos curatoriales trazados por Koyo Kouoh para la exposición general In Minor Keys? ¿Encuentran puntos de convergencia conceptual o tensiones productivas entre ambas propuestas?

PB: En su eje curatorial, Koyo Kouoh plantea un deliberado desplazamiento de escala y de sensibilidad, algo que puede resultar útil para pensar las problemáticas contemporáneas desde una perspectiva menor, íntima, como un vector crítico para reconsiderar las jerarquías de visibilidad en el arte y en la vida. A partir de dos libros, Beloved de Morrison y Cien años de Soledad de Garcia Marquez, Kouoh refiere a la imagen fantasmal, -que no se limita a representar lo perdido, sino que activa esa zona de no resolución donde la historia continúa manifestándose-. Lo que se produce no es una reconstrucción, sino una convivencia con lo irresuelto: una inquietud que reorganiza el espacio y desplaza cualquier ilusión de clausura. Y esto, contribuye a imaginar una genealogía de las prácticas visuales más inclusiva y situada, y esta es una clara convergencia conceptual.
El trabajo de Whyte propone un modelo epistemológico alternativo que reconoce que la resistencia cultural no se juega en la preservación estática de formas heredadas, sino en la activación de prácticas que asumen la transformación como condición constitutiva. Antes que fijar identidades formales estables, su obra se inscribe en una lógica de variación continua, donde la materia, la memoria y el contexto se rearticulan de manera dinámica.

MW: La antifragilidad se complementa perfectamente con la propuesta de Koyo Kouoh. El ser antifragil tiene una mayor capacidad de comprensión y de practicar los conceptos de Minor Keyes: una experiencia sensorial y emocional que nos aleje de este mundo agitado y veloz.

Margaret Whyte, ‘The Dark Side of the Present ‘(detail), 2021. Mixed materials, rubble, motorcycle helmets. Photographer Eduardo Baldizan © Eduardo Baldizan – Courtesy of the artist

En un momento en que se cuestionan cada vez más las lógicas centro-periferia y las nociones tradicionales de representación nacional, ¿cómo piensan el formato del pabellón nacional en la Bienal de Venecia? ¿Sigue siendo una herramienta válida para representar la complejidad de una escena artística o requiere ser repensado?

PB: Es posible que desde un punto de vista teórico, a priori, no esté de acuerdo con esta clasificación decimonónica de representaciones nacionales -que fijan además las identidades desde lo geopolítico-, sin embargo, algunos artistas con sus discursos alternos -que complejizan las narrativas eurocentricas-, no estarían presentes en determinados eventos y debates, y en definitiva las audiencias no accederían a perspectivas y conocimientos alternos, que fueron excluidos, invisibilizados o considerados adjetivos. 

¿Cuáles son sus expectativas en relación con la participación en la Bienal de Venecia y cuales sus proyectos futuros?

MW: Espero que la Bienal sea una gran experiencia y además conocer a otros artistas y sus distintas miradas. En cuanto a mis proyectos, espero abordar nuevas ideas y nuevos caminos que permitan mantener la vigencia de mi obra. En este momento estoy en las primeras etapas de un nuevo proyecto.

Margaret Whyte, ‘Tiempo de escuchar’ (installation view), 2024. Textiles and Mixed materials. Photographer Pablo Bielli © Pablo Bielli – Courtesy of the artist

¿Cómo funciona en Uruguay el proceso de selección del pabellón nacional para la Bienal de Venecia? ¿Se realiza a través de una convocatoria abierta o por invitación directa?

Martín Craciun: Desde la 58ma. edición de la Bienal de Venecia (2019) Uruguay selecciona el equipo de artista y curador para exhibir en el pabellón nacional mediante un concurso público y abierto a proyectos curatoriales. El Instituto Nacional de Artes Visuales del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay es el encargado de llevar adelante el concurso junto al Departamento de Relaciones Internacionales y Cooperación en coordinación con el Ministerio de Relaciones Exteriores.  El llamado a propuestas se realiza con un año y medio de antelación a la inauguración en Venecia. Los proyectos presentados son evaluados por la Comisión Nacional de Artes Visuales, una comisión honoraria integrada por siete destacados profesionales uruguayos designada por el Ministro de Educación y Cultura. En este período el presidente de la comisión es Alejandro Cesarco. La CNAV tiene múltiples funciones más allá de oficiar de jurado para el envío a la Bienal de Venecia. Para esta edición de la Biennale Arte 2026, se presentaron 44 propuestas al concurso. Es una instancia realmente motivante y dinamizadora para el sector. 

¿Existe un apoyo estatal en términos económicos y logísticos que respalde la participación nacional en la Bienal de Venecia? ¿Cómo se estructura ese acompañamiento institucional?

MC: El envío oficial de Uruguay a la Bienal de Venecia se realiza con fondos públicos provenientes del Ministerio de Educación y Cultura. De igual manera se contempla la posibilidad de contar con apoyos de privados como sponsors y mecenas.
El Instituto Nacional de Artes Visuales en coordinación con Relaciones Internacionales, con el Ministerio de Relaciones Exteriores y con la Embajada de Uruguay en Roma se ocupa de la gestión y producción del envío a Venecia. Toda la logística se desarrolla desde Montevideo, la organización de cada uno de los elementos (mediadores de sala, montaje, inauguración, catálogo, envío de obras, etc) pasa por el Instituto que trabaja en estrecha coordinación con el equipo curatorial y la artista.

¿El pabellón está abierto a artistas de nacionalidad uruguaya que residan en el exterior? ¿Cuáles son las condiciones de participación en este sentido?

MC: La convocatoria establece que pueden participar artistas con ciudadanía uruguaya (natural o legal), mayores de 18 años, con o sin residencia en el país. A su vez los curadores pueden ser tanto uruguayos como extranjeros.

Margaret Whyte, ‘casco’, 2025. Photographer Sabrina Srur © Sabrina Srur – Courtesy of the artist


En un momento en que se cuestionan cada vez más las lógicas centro-periferia y las nociones tradicionales de representación nacional, ¿cómo piensan el formato del pabellón nacional en la Bienal de Venecia? ¿Sigue siendo una herramienta válida para representar la complejidad de una escena artística o requiere ser repensado?

MC: Efectivamente las representaciones nacionales han ido desapareciendo del escenario institucional en el arte contemporáneo, en el caso de la Bienal de Venecia se puede leer como una herencia del siglo XIX, que no se ajusta a un mundo cada vez más global y transnacional. De igual manera para el caso particular de Uruguay, la Bienal de Venecia representa una oportunidad única de diálogo y encuentro para nuestros artistas. Uruguay tiene por momentos dificultad para proyectar a sus artistas y establecer dinámicas de cooperación internacional y encuentro en el plano del arte contemporáneo. La Bienal de Venecia es para Uruguay una oportunidad excelente de entrar en una conversación internacional. La posición de Uruguay con su pabellón en los jardines es excepcional y en el contexto latinomericano casi única. En cuanto a los proyectos que son exhibidos estamos haciendo amplios esfuerzos para romper con hegemonías, abrir la conversación y buscar que nuestras representaciones sean más diversas y representativas de la riqueza artística que producimos en Uruguay. 

 

Patricia Bentancur, Curator, Portrait, 2025_Ph Sabrina Srur

 

Pabellón de Uruguay
Antifragile
Comisariado: Martín Craciun, Instituto Nacional de Artes Visuales – Dirección Nacional de Cultura – Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay
Curaduría: Patricia Betancourt
Expone: Margaret Whyte
Sede: Giardini

Margareth Whyte es la artista que representará a Uruguay en la 61ª Exposición Internacional de Arte de la Bienal de Venecia. Vive y trabaja en Montevideo. Integra desde sus inicios la Fundación de Arte Contemporáneo (FAC, Uruguay) y ha recibido numerosos premios y distinciones. Su práctica explora diversos lenguajes y soportes para desarrollar instalaciones in situ, construyendo espacios donde conviven ontologías contingentes a partir de desechos de la cultura ultracapitalista: textiles intervenidos, tecnologías obsoletas y materiales de descarte. Ha realizado exposiciones en Uruguay, Argentina, México, España, Países Bajos, Suiza y Bélgica.

Patricia Betancourt es curadora independiente especializada en arte iberoamericano y sus contextos sociopolíticos, con foco en las tensiones entre narrativas locales y circuitos internacionales. Su práctica examina los mecanismos de representación en el arte contemporáneo y el modo en que las producciones regionales intervienen en sus estructuras discursivas, entendiendo la mediación con públicos diversos como parte constitutiva del trabajo curatorial.
Fue curadora del Pabellón de Uruguay en la Bienal de Venecia en tres ediciones (2009, 2015, 2019) y co-curadora de la Bienal de Montevideo El Gran Sur (2012), junto a Alfons Hug y Paz Guevara. Actualmente es curadora invitada del Museo Iberê Camargo (Porto Alegre) para una exposición de Marco Maggi (2025–2026) y curadora de Antifrágil, proyecto de Margareth Whyte para la Bienal de Venecia 2026. Ha desarrollado además una amplia labor editorial con instituciones como ISLAA (Nueva York) y la revista Untitled (Londres).

Martín Craciun es coordinador del Instituto Nacional de Artes Visuales de Uruguay. Para la 61ª Exposición Internacional de Arte de la Bienal de Venecia fue designado comisario (commissioner) del Pabellón de Uruguay por el Ministerio de Educación y Cultura.

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