07 agosto 2026

En Nueva York, Sotheby’s cuenta la historia de Botero antes de Botero

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Una selling exhibition en el Breuer Building recorre los años neoyorquinos del artista colombiano en colaboración con la Fernando Botero Foundation.

Ben Levine. Cortesía de Sotheby's.

No es una exposición museística ni tampoco una subasta. Sin embargo, Botero in New York, la selling exhibition que Sotheby’s inauguró el 22 de julio en el Breuer Building, tiene toda la ambición de una lectura histórico-crítica. La casa de subastas explora un capítulo específico de la trayectoria del artista colombiano, centrándose en los años en que Fernando Botero aún buscaba una voz propia en una Nueva York dominada por el Expresionismo Abstracto. La iniciativa, realizada en colaboración con la Fernando Botero Foundation, también marca un hito: es la primera vez que la familia del artista confía a una casa de subastas un proyecto expositivo de esta envergadura.

La muestra reúne veinticinco obras realizadas entre 1960 y 1973, junto con algunas piezas posteriores, procedentes directamente de los herederos y de colecciones privadas. Muchas de ellas nunca habían sido expuestas públicamente en Nueva York.

Ben Levine. Cortesía de Sotheby’s.

La selección desplaza el foco del Botero ya universalmente reconocible —el de las figuras monumentales, irónicas y volumétricas— hacia el momento en que ese lenguaje comenzó a tomar forma. Los años neoyorquinos aparecen como un laboratorio en el que el artista dialogó con las vanguardias estadounidenses sin dejarse absorber por ellas, optando por un camino personal que desafiaba el predominio de la abstracción.

«Nueva York fue fundamental para Botero», explica la familia del artista. «Fue aquí donde llegó en su incansable búsqueda de un lenguaje artístico propio, sin renunciar nunca a sus convicciones creativas. Su recorrido por el mundo lo condujo finalmente a esta ciudad, que se convertiría en un capítulo decisivo de su vida. En Nueva York conoció a artistas, críticos, coleccionistas y museos que desempeñaron un papel determinante en su carrera. Esta exposición recupera ese momento, reuniendo en la misma ciudad donde fueron creadas obras de nuestra colección que nunca antes habían sido mostradas al público».

Ben Levine. Cortesía de Sotheby’s.

Entre las piezas destacadas figura Monalisa a los Trece Años (1959), presentada en el Breuer Building, una irreverente reinterpretación de la Gioconda de Leonardo da Vinci que se exhibe por primera vez al público. La obra funciona como el complemento ideal de Mona Lisa, Age Twelve, el cuadro adquirido por el Museum of Modern Art en 1961, que marcó el ingreso de Botero en una colección museística. Aquí, la deformación de las proporciones todavía no es el sello inconfundible que más tarde definiría su obra, pero ya aparece como un recurso para cuestionar la autoridad de las imágenes canónicas mediante un humor sutil que dialoga, casi en paralelo, con el surgimiento del Pop Art.

Ben Levine. Cortesía de Sotheby’s.

Junto a la Monalisa se presentan obras como Apotheosis of Ramón Hoyos (1959), homenaje al campeón colombiano de ciclismo convertido en una especie de santo laico; Picnic (1973), exhibida por primera vez; y naturalezas muertas como Still Life with Watermelon (1976) y Sunflowers (1977), en las que el diálogo con Velázquez, Goya, Van Gogh y la gran tradición pictórica europea se construye a través de esa gramática volumétrica que terminaría convirtiéndose en sinónimo del propio «boterismo».

La exposición podrá visitarse en Nueva York hasta el 7 de septiembre, una oportunidad para descubrir al Botero anterior al Botero que todos conocemos.

Este artículo fue publicado originalmente en exibart.com