15 agosto 2026

Gramática de las subastas. ¿Qué es una garantía?

de

Dos mil caracteres (o casi) para comprender los mecanismos que mueven las subastas, el coleccionismo y el mercado del arte. Una guía ágil a los términos y conceptos que aparecen habitualmente en las ventas y en las crónicas del sector.

Andy Warhol, Self-Portrait, 1966. Cortesía de Phillips

Quien observa una subasta podría imaginar que todo se decide en los pocos minutos en los que el subastador golpea el martillo. Que todo es solo frenesí, velocidad y suerte. En realidad, una parte importante de la partida se juega mucho antes de que comience la venta y está hecha de negociaciones, de anticipación del deseo. Es precisamente aquí donde entra en escena la garantía: se trata de un acuerdo mediante el cual el vendedor obtiene la certeza de cobrar al menos una determinada cantidad (por lo general, inferior a la estimación baja) por su obra. Si la subasta marcha muy bien, el precio final puede naturalmente subir gracias a las pujas. Si, en cambio, el interés del público no es suficiente, el vendedor no queda desprotegido: ese umbral mínimo ya está asegurado. Garantizado, precisamente.

Sin ningún tabú ni lado oscuro, hoy es completamente habitual encontrar la indicación «obra garantizada» en el catálogo —especialmente, claro está, en las obras más prestigiosas y mediáticas y, por tanto, con mayor riesgo de no venderse o de resultar un fracaso—. Para la casa de subastas, la garantía representa, por tanto, sin duda una inversión, pero también una herramienta competitiva. Ofrecer una protección económica suele convencer a los propietarios de obras importantes para que confíen sus piezas maestras precisamente a esa venta y no a una casa competidora. En los últimos años, sin embargo, el riesgo se comparte cada vez más con inversores externos o grandes coleccionistas, que aceptan respaldar la garantía a cambio de condiciones económicas favorables si el lote supera determinadas cifras. En estos casos se habla de «garantía de terceros».

Por este motivo, cuando una obra aparece como «garantizada», no significa necesariamente que la casa de subastas esté apostando por sí sola por su éxito. Significa más bien que, detrás de ese lote, existe ya un complejo trabajo financiero destinado a reducir la incertidumbre de la venta. Para hacerse una idea: según los análisis de mercado, más de la mitad de los lotes de las evening sales del pasado mayo, entre los rascacielos de Nueva York, ya estaban cubiertos por una garantía de terceros antes incluso de que el subastador abriera las pujas.

Basta con echar un vistazo a los catálogos, naturalmente públicos en su versión online: como el autorretrato de Andy Warhol de 1966, adjudicado por Phillips por 4,8 millones de dólares. En el catálogo aparecen dos símbolos, un círculo y un rombo, junto con una explicación clara: «Los lotes garantizados se identifican con el símbolo “Ο” y los lotes con garantías de terceros se identifican con el símbolo “◆”». Lo mismo ocurre con gran frecuencia con muchas obras maestras y en numerosas casas de subastas, con el objetivo de «poner a buen recaudo», y de antemano, una parte del valor de la venta. La ventaja de la garantía: ningún riesgo de fracaso. ¿El inconveniente? Algún grado menos de espectacularidad.

Este artículo fue publicado originalmente en exibart.com.