El ascenso de un alcalde socialista y la revancha de la clase trabajadora multiétnica: Nueva York parece dar vuelta la página con Zohran Mamdani, en camino hacia una nueva representación de la megalópolis donde todo sucede primero.
En una vieja película de John Carpenter, Escape from New York (1981), un joven Kurt Russell, en el papel de un delincuente reincidente, era lanzado a una Nueva York postapocalíptica convertida en una gigantesca ciudad-prisión. Su misión era intentar rescatar al presidente de Estados Unidos, cuyo avión se había estrellado justo en esa metrópolis abandonada a su suerte. La película impactaba porque mostraba a la ciudad más poderosa del mundo reducida a un montón de ruinas. Como una advertencia, una premonición. Porque en Nueva York todo pasa antes. Solo que esta vez, lo que ocurrió en la Gran Manzana trajo alivio —y hasta alegría— a muchísima gente.

Hace pocos días, Zohran Kwame Mamdani, político demócrata de origen indio-ugandés, se convirtió en el nuevo alcalde de Nueva York, después de ganarle por diez puntos al candidato Andrew Cuomo en las elecciones de 2025. Un resultado histórico, inesperado aunque no sorprendente, viendo las encuestas y el entusiasmo que generó este joven de 34 años.
Nacido en Uganda, Mamdani se mudó a Estados Unidos a los siete años con sus padres. Una familia cosmopolita, dividida entre Kampala, Delhi y Nueva York: su padre, Mahmood Mamdani, es un reconocido académico ugandés de origen indio; su madre, Mira Nair, una prestigiosa directora de cine india. Estudió economía, filosofía y pensamiento poscolonial, y siempre se interesó por temas como la movilidad urbana y los derechos de inquilinos e inmigrantes.

Una historia típicamente neoyorquina. Inmigrantes cultos, exitosos, con ambiciones y logros. No es un self-made man, pero tampoco lo fueron Obama o Trump. Gente que aprovechó al máximo el punto de partida que les tocó. ¿Dónde está entonces la gran novedad? En su programa.
Socialista al borde del bolchevismo: universidad, transporte, guarderías, todo gratis. Su campaña apuntó directamente a la clase trabajadora media-baja, esa que quedó marginada en una ciudad donde una habitación en el Bronx puede costar 1.200 dólares, las escuelas privadas hasta 6.000 por año y una guardería 2.000 por mes.

¿Y de dónde sacar el dinero? De los ricos. Con su famoso lema “Tax the Rich” (Impuesto a los ricos). El resultado: pánico entre los millonarios —unos 400 mil en Nueva York—, que intentaron frenar su avance financiando a Cuomo y atacando sin descanso al joven socialista.
“Crazy situation”, “disaster for New York”, “horrible blow”, “scared and depressed”, “very sad night”: son solo algunas de las frases que usaron multimillonarios como Michael Bloomberg, los magnates de las finanzas Bill Ackman y William Lauder, o Joseph Gebbia de Airbnb. Que, por supuesto, lo hicieron todavía más popular.
Después vino su mensaje: potente, moderno, veloz. Videos virales, transmisiones en vivo, entrevistas callejeras, desafíos en redes, sketches con creadores de Instagram y TikTok. El 1 de enero de 2025, Mamdani se tiró al mar helado de Coney Island, en el clásico Polar Bear Plunge, para promover su campaña “Freeze the Rent” (congelar los alquileres).

Hizo campaña con un gatito en una bodega (las típicas tienditas de barrio neoyorquinas), con subtítulos en español, pero también habló en hindi-urdu y árabe, idiomas que domina, mostrando atención real hacia las comunidades indias, pakistaníes y musulmanas. Caminó la ciudad de punta a punta, hablando con taxistas, comerciantes y laburantes. Mostrándose como uno de ellos. Y logró movilizar a miles de voluntarios que hicieron campaña puerta a puerta.
“Soy como ustedes”. Ese fue su lema implícito. Su campaña, dirigida por la artista sirio-estadounidense Rama Duwaji, usó una paleta de amarillo-taxi sobre fondo violeta y azul, con un toque Bollywood. Una ciudad de inmigrantes gobernada por un inmigrante: cálida, diversa, acogedora. Muy distinta al frío azul y rojo institucional de la política tradicional.

En resumen, una victoria aplastante, en todos los frentes. ¿O no?
Hace pensar ese mensaje de Zohran, enviado con las urnas ya cerradas y vuelto viral: «Donald Trump, sé que me estás mirando, tengo tres palabras para ti. ¡Sube el volumen!». Suena más o menos como un “Escúchame, estoy aquí, te veo, te hablo, ¡esto también va para ti!”.
Ahora bien, la pregunta surge sola. ¿Por qué este llamado tan estridente, cargado, prácticamente un promo de wrestling, en perfecto estilo trumpiano? ¿Un desafío lanzado en televisión, igual que un luchador retador en Wrestlemania que sabe que debe enfrentarse al Campeón de los campeones? ¿O sea, The Donald? ¿O quizá un momento de liberación después de meses de convivir con una durísima campaña difamatoria (no es estadounidense, ha recibido fondos ilegales del extranjero, es un vendedor de humo, es antisemita, es comunista…)?
En el fondo, para Mamdani, Donald Trump representa ese universo criminal, corrupto, de jefe mafioso, patriarca de esos “malos caseros” responsables de la especulación inmobiliaria y de jugar con la piel de la gente pobre. Pero ¿es realmente así? ¿Es Trump la raíz de todos los males? Obviamente no, y Mamdani lo sabe perfectamente. The Donald es el efecto, no la causa, de un sistema político e institucional —sobre todo, de comunicación— que ya está fuera de control. Y Mamdani es plenamente consciente de ello.

La política ya no se juega en un nivel local, en este caso municipal. De hecho, lo local prácticamente no existe. Cada aventura política, cada desafío, debe inevitablemente apuntar al centro del sistema para poder ser eficaz. Debe necesariamente apuntar al Jefe final. Porque hoy Trump, con su mueca, su flequillo, su corbata roja y sus trajes azul marino de sastrería, parece impregnar cada espacio vital y social, no solo de Nueva York y de Estados Unidos, sino del mundo entero.
Como le gustaba recordar a Mario Cuomo, antiguo gobernador del Estado de Nueva York y padre del candidato Andrew: «En campaña electoral se hace poesía, pero para gobernar se usa la prosa». ¿Podrá realmente Mamdani cumplir lo que ha prometido? ¿Dar un giro socialista en la ciudad donde nació la finanza global 24/7 y los primeros rascacielos, donde nació el propio concepto de metrópolis contemporánea? Será durísimo.

Pero Nueva York es también la ciudad donde se desarrollaron el melting pot, el multiculturalismo, los derechos LGTBQ+ y el feminismo moderno; donde el arte, la cultura, la sociedad del espectáculo y la riqueza se fusionan en un todo. Así que la respuesta es: quizá.
Quizá solo en Nueva York podría lograrlo. Quizá todo realmente pueda empezar aquí.
En Nueva York todo sucede antes.
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