08 junio 2026

Pace Gallery recorta 50 artistas y 50 empleados: ¿es el fin de las mega galerías?

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Pace Gallery recorta un tercio de su plantilla de artistas y despide a 50 empleados: este es el balance del plan de reducción anunciado por la mega galería.

Pace Gallery, Ginebra.

El mito del crecimiento infinito también se ha hecho añicos en el mercado del arte contemporáneo, y esto ha quedado claro incluso para los más optimistas, tras la drástica reestructuración empresarial llevada a cabo por el gigante del arte contemporáneo Pace Gallery, que ha anunciado el recorte inmediato de aproximadamente 50 artistas y estates de su nómina, así como el despido del 20% de su plantilla global (50 empleados). La cartera de artistas de la galería sufrirá así una reducción del 30%, pasando de unos 135 a 85 nombres. La noticia llega menos de un año después del cierre de la sede de Pace en Hong Kong.

Pero lo que ha sacudido aún más a la opinión pública son las razones expuestas por el CEO Marc Glimcher, quien dio por terminada la era de las “mega galerías”, explicando que el mundo del arte ha cambiado drásticamente en la última década y que el modelo actual de galería no solo está roto, sino que es irreparable.

Según la dirección, esta maniobra constituye una necesaria «corrección de modelo» para volver a las raíces de la galería. El objetivo declarado es abandonar la lógica puramente financiera de la multinacional para concentrarse en una selección más rigurosa e intergeneracional de aproximadamente 80 artistas, reconstruyendo con ellos relaciones más íntimas y profundas.

Pace Gallery, 540 West 25th Street, Nueva York. (Cortesía de Pace Gallery, Nueva York; fotografía de Thomas Loof)

Las razones de la crisis: la ilusión del crecimiento infinito

El giro de Pace llega después de una década dominada por una carrera de expansión inmobiliaria y financiera: las grandes galerías internacionales conquistaron los mercados globales abriendo sedes por todas partes y ampliando desmesuradamente sus listas de artistas. Sin embargo, este enfoque ha mostrado sus límites estructurales frente a varios factores concatenados, empezando por unos costes de gestión insostenibles. En cualquier caso, Pace mantendrá su colosal sede de ocho plantas en Chelsea, Nueva York, inaugurada en 2019 con una inversión de 100 millones de dólares y un alquiler estimado cercano a los 9 millones de dólares anuales. Se trata de una inversión que el propio Glimcher ha admitido que hoy no volvería a realizar, pero de la que no puede desligarse debido a un contrato de veinte años.

También han pesado sobre las cuentas las apuestas fallidas en el ámbito cripto-tecnológico. Pace fue una de las pioneras en el arte digital y los proyectos NFT con la plataforma Pace Verso, pero el desplome del sector de las criptomonedas y los importantes retrasos relacionados con Superblue —la red de centros expositivos dedicada al arte inmersivo e interactivo a gran escala impulsada por la propia Pace Gallery— han dejado profundos agujeros financieros.

Por último, se ha hecho evidente la imposibilidad de mantener una verdadera relación curatorial: con más de 130 artistas en catálogo, se volvió cada vez más difícil para los galeristas garantizar la atención, los recursos y el apoyo estratégico que cada creador merece.

¿Quiénes han sido eliminados? Los primeros nombres borrados del sitio web de Pace Gallery

Pace ha optado por no publicar una lista oficial de los perfiles eliminados por razones de confidencialidad, lo que provocó no poco caos y preocupación entre el personal antes del anuncio oficial. Sin embargo, al comparar los registros web, ya han desaparecido de la lista oficial importantes nombres del arte digital, la fotografía y el arte público.

Entre los excluidos figuran el célebre fotógrafo francés JR, el colectivo de arte tecnológico teamLab, los artistas multimedia Rafael Lozano-Hemmer, Glenn Kaino y John Gerrard, además de importantes patrimonios históricos como los estates de Richard Avedon y Keith Sonnier.

Los recortes, en cambio, han respetado a los pesos pesados históricos de la galería, como David Hockney o la Fundación Calder, y no impedirán la incorporación selectiva de grandes nombres icónicos, como demuestra la reciente y prestigiosa incorporación del estate de Constantin Brancusi.

Este artículo fue publicado originalmente en exibart.com