Celebración, Oriol Vilanova (2020). Galeria Elba Benitez
Un anti-museo hecho de desechos, fragmentos y narrativas sumergidas: así se presenta el proyecto de Oriol Vilanova para el Pabellón España en la Bienal de Arte de Venecia 2026.
¿Qué queda de la memoria cuando solo se acumulan residuos, imágenes consideradas ya inútiles? En la próxima Bienal de Venecia, que se desarrollará del 9 de mayo al 22 de noviembre de 2026, el Pabellón España se convertirá en un archivo de visiones gracias a la obra de Oriol Vilanova.
El artista catalán, nacido en Manresa en 1980 y actualmente radicado en Bruselas, es un coleccionista compulsivo de postales, recuperadas durante más de veinte años en mercados y tiendas de segunda mano. Presentará el proyecto Los restos, curado por Carles Guerra.
El proyecto fue seleccionado por unanimidad por un jurado compuesto por figuras destacadas como Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía; Imma Prieto, directora de la Fundació Antoni Tàpies; Agustín Pérez Rubio, curador del Pabellón Español en la Bienal 2024; y el artista Ignasi Aballí, participante del Pabellón en 2022.
Reflexionando sobre el destino de las imágenes efímeras y condenadas al olvido, Vilanova reúne miles de postales desgastadas, descartadas y olvidadas, recomponiéndolas como reliquias mínimas de constelaciones visuales, mosaicos organizados según criterios cromáticos, temáticos o conceptuales, capaces de evocar tanto la potencia del azar como la rigidez del método archivístico.
El proyecto de Oriol Vilanova para el Pabellón España se perfila como un verdadero anti-museo, que subvierte los procesos tradicionales de las memorias oficiales y las jerarquías narrativas: lo que permanece, lo que el tiempo descarta —la fragilidad de las postales— se convierte en protagonista de la historia. El pabellón funcionará así como un archivo inestable sobre el valor cultural de las imágenes, y su destino dentro y fuera del circuito artístico.
Desde sus inicios, Vilanova ha explorado la capacidad narrativa de los objetos reutilizados, transformándolos en instrumentos de reflexión crítica. Las postales, en particular, son para él materia prima y lenguaje: imágenes estereotipadas, soportes sobreexpuestos que, justamente por eso, cargan memorias y experiencias, trazas íntimas y residuales de la cultura visual contemporánea. Su clasificación metódica se convierte en un modo de desenmascarar la arbitrariedad de los criterios que deciden qué merece preservarse y qué termina relegado al olvido.
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