Sindicato del drone. Azotea.Ars
El modo en que el arte adquiere visibilidad y reconocimiento atraviesa una reconfiguración significativa respecto a los modelos que han regulado el sistema durante décadas. Por mucho tiempo, la legitimación de una obra dependía principalmente de dispositivos institucionales estables —exposiciones, espacios institucionales, programas oficiales— que definían su valor de manera lineal. Hoy, aunque siguen desempeñando un rol central, estos dispositivos ya no operan de forma exclusiva ni autosuficiente.
Junto a estos sistemas tradicionales surgen modalidades alternativas de construcción del reconocimiento, basadas en procesos más distribuidos y continuos que se extienden en el tiempo a través de prácticas de intercambio, redes profesionales y nuevas formas de visibilidad. En este contexto, la comunicación —especialmente la mediada por las redes sociales— ya no cumple una función meramente promocional, sino que se convierte en parte integrante del proceso: documenta el trabajo en curso, construye comunidad y hace que los proyectos sean accesibles antes y más allá del momento expositivo. Es dentro de esta transformación donde cobran fuerza estructuras alternativas como residencias, programas de investigación y plataformas independientes: no son simples «nuevos lugares» del arte, sino configuraciones operativas que desplazan el foco del resultado a la duración, de la obra terminada al proceso, y de la centralidad del espacio a la calidad de las relaciones que logran activar.
En esta configuración se ubican algunas realidades independientes particularmente significativas; sin constituir un frente homogéneo ni una corriente definida, las actividades promovidas por AZOTEA.ARS, R.A.R.O., Móvil, La Ira de Dios y Casa Salas pueden leerse como casos de estudio de una manera de entender la difusión del arte que privilegia el work in progress, la circulación de prácticas y la construcción de redes frente a la centralidad del evento y la representación.
Dentro de esta lógica operativa, AZOTEA.ARS representa uno de los casos más claros. Proyecto artist-run y sin fines de lucro, se configura como una infraestructura de trabajo antes que como un espacio expositivo, articulada en torno a estudios de artista, residencias, programas públicos y momentos de devolución. Estos elementos no se suceden como fases separadas, sino que conviven en un formato flexible que se activa por ciclos, colaboraciones y aperturas temporales, manteniendo el proceso en el centro de su estructura. Las actividades ya desarrolladas incluyen open studios, encuentros críticos y presentaciones de procesos, mientras que las líneas de desarrollo futuro apuntan a consolidar el programa de residencias y ampliar las colaboraciones internacionales. En este sentido, AZOTEA.ARS no se presenta como un lugar orientado a la estabilidad o a la permanencia monumental, sino como un contexto que privilegia la continuidad operativa y el trabajo compartido como condiciones esenciales de su propia existencia.
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