Tras diez años cerrada, la sala de exhibiciones de la sede Alsina del Fondo Nacional de las Artes vuelve a abrir con una instalación de Pablo Curutchet y un renombramiento simbólico que restituye el legado del arquitecto Clorindo Testa. La reapertura reactiva un espacio histórico en pleno Casco Histórico porteño y vuelve a situarlo en la escena contemporánea.
La sala Alsina, inaugurada originalmente en 1995 como parte del edificio diseñado por Clorindo Testa, llevaba una década sin actividad. Su reapertura devuelve a la ciudad un espacio pensado desde el inicio para ser permeable, visible y activo.
La decisión del Directorio de renombrarla Sala Clorindo Testa subraya ese origen y reconoce la importancia del arquitecto en la identidad del lugar. No se trata solo de habilitar una sala: es recuperar una pieza significativa del patrimonio cultural público.
La instalación elegida para reabrir la sala es Flores: un jardín suspendido, de Pablo Curutchet, con curaduría de Pedro Bedmar Rodríguez. Dentro de la sala, flores inflables de nylon amarillo conviven con piezas cerámicas en suspensión, creando un ambiente híbrido que oscila entre lo lúdico y lo artificial.
“En 2006 gané una Beca Creación que me permitió desarrollar proyectos a gran escala. Volver al Fondo me conecta con esa parte de mi historia y es muy emocionante” recuerda Pablo Curutchet acerca de su vínculo con el Fondo.
Su visibilidad desde la calle —color, volumen, iluminación— vuelve a activar uno de los principios del edificio: atraer al transeúnte, convertir la vereda en parte de la experiencia, tender un puente entre interior y exterior. La elección de esta obra como punto de partida funciona como gesto de reapertura en sentido literal y simbólico.
La sede Alsina fue concebida como un nodo público de circulación cultural. Durante años, su sala principal permaneció apagada y su función se diluyó. La reapertura no solo recompone un espacio físico, también reestablece una relación con la comunidad artística y con el público que transita el Casco Histórico.
Volver a poner esta sala en actividad implica reactivar un lugar para muestras contemporáneas, experimentación, investigación visual y proyectos curatoriales que necesitan un sostén institucional.
El gesto de reabrir la Sala Clorindo Testa en un contexto de incertidumbre para muchos espacios culturales públicos es significativo. Reinstala una presencia institucional que acompaña a artistas y curadores, recupera un punto de encuentro y proyecta la posibilidad de programaciones futuras.
El FNA vuelve a tener un espacio visible, permeable y activo en la ciudad. Y ese retorno abre una nueva etapa para un edificio que siempre estuvo pensado como lugar de cruce, intercambio y mirada contemporánea.
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