El museo MUDE de Lisboa dedica una retrospectiva al mítico diseñador gráfico portugués João Machado, quien constituye un punto de referencia ineludible del sector, aunque su investigación artística permanezca aún por descubrirse en toda su profundidad.
En el corazón de Lisboa, el MUDE (Museo del Diseño y de la Moda), inaugurado en el año 2009 no solo con el propósito de albergar la colección de objetos de diseño de Francisco Capelo Baixa en sus múltiples vertientes, sino también para funcionar como un centro de investigación y debate sobre el diseño y la moda, acogerá hasta el 4 de enero una exhibición dedicada al diseñador gráfico portugués João Machado, titulada Poética Visual: 59 años de obra gráfica.
A pesar del rol estratégico que ha desempeñado en el desarrollo del diseño gráfico en Portugal, la figura artística de João Machado no goza del reconocimiento que su trayectoria ameritaría, debido quizás a que el autor ha evitado sistemáticamente la exposición mediática personal, permitiendo únicamente que las imágenes de sus numerosas obras circularan a través de libros y revistas especializadas.
A lo largo de las décadas, no obstante, se le han dedicado múltiples exposiciones y galardones, fundamentalmente en Portugal y en continentes ajenos al europeo, donde ha exhibido sus piezas en contadas pero prestigiosas sedes, tales como la Bienal del Póster de Lahti en Finlandia (donde fue invitado entre 1983 y 1997), Bratislava, Varsovia y, en el año 2002, el Dansk Plakatmuseum de Aarhus. En Italia, su única comparecencia data de 1981, en la Feria del Libro Infantil de Bolonia. El reconocimiento internacional de mayor trascendencia sobrevino en 2015, cuando el International Poster Festival de Shenzhen, en China, lo incluyó en la nómina de los cien diseñadores más relevantes del mundo.
La carrera de Machado, nacido en 1942, se inició a finales de los años setenta en el ámbito de la escultura. Posteriormente, el artista se volcó al diseño gráfico, incursionando inicialmente en la ilustración infantil, labor que le valió el primer premio de la Fundación Gulbenkian de Lisboa. De aquel período de experimentación surgió uno de sus primeros afiches de importancia, creado en 1979 para conmemorar el Año Internacional del Niño. Durante los años ochenta, Machado incursionó asimismo en el diseño filatélico, habiendo proyectado para el servicio postal nacional portugués decenas de sellos que celebran la cultura, los ecosistemas y las aspiraciones de su nación. Resultan particularmente notables sus experimentos con el corcho como material para la filatelia, así como la obtención del Premio Internacional Asiago de Arte Filatélico en 2005.
Más allá del cartelismo, en su taller de trabajo, Machado ha continuado durante décadas proyectando libros, embalajes, ilustraciones editoriales, identidades visuales y logotipos para instituciones, museos y empresas de transporte. Cada propuesta revela su estilo inconfundible, el cual se caracteriza por composiciones expresivas, colores vibrantes, formas geométricas y abstractas e imágenes sinuosas que el autor continúa explorando en la actualidad, si bien los bocetos iniciales se realizan ahora mediante herramientas digitales.
Es, sin embargo, el afiche el medio de comunicación visual a través del cual la obra gráfica de João Machado ha alcanzado su máxima visibilidad en más de cuarenta años de práctica profesional. Una lectura atenta de la riqueza de esta producción proporciona las claves interpretativas necesarias para comprender el lenguaje gráfico del cartel. En la amplia gama de sus invenciones pictóricas se percibe una latente resonancia con la esencialidad de los grandes maestros del siglo XX que abordaron el afiche, Miró en particular, aunque Machado se alinea con curiosidad y humildad a los signos en rápida evolución del arte contemporáneo. Sus imágenes se abren de este modo a un vasto espectro de escenarios artísticos diversos.
Hacia los años ochenta, el artista se aproximó a los códigos estilísticos del Pop Art, mientras que en la década del noventa su obra acusó la marcada influencia de la claridad y linealidad del Modernismo Escandinavo. En el nuevo milenio, la inspiración de Machado se ha visto fuertemente condicionada por el arte japonés, lo que ha derivado en una progresiva rarefacción de la composición gráfica.
Aquello que a primera vista podría interpretarse como una cierta carencia de reconocimiento inmediato podría considerarse, en rigor, una fortaleza en un campo como el del afiche. En equilibrio entre su rol informativo, sus funciones políticas e ideológicas y sus objetivos publicitarios, el cartel debe, en última instancia, sustentarse en la coherencia intrínseca del concepto que transmite antes que en la pura fuerza del estilo distintivo del artista. Se puede afirmar, ciertamente, que en toda su producción es la acentuada intensidad cromática la que actúa como el verdadero sello de su autoría.
A diferencia del arte en sentido estricto, el afiche no busca desvelar el secreto de la realidad, sino que despierta sueños que trascienden la realidad que representa. El lenguaje gráfico del cartel publicitario trasciende los datos fácticos para extraer la esencia del mensaje que debe comunicar. En tal sentido, Machado funde la expresión política con la construcción de la identidad, utilizando el diseño como un mediador cultural entre el pasado y el futuro, entre las empresas y los individuos, y entre diversos grupos sociales. Ejemplares en este sentido resultan los afiches para la Cumbre de la Tierra de Río en 1992 y para la Exposición Mundial de Lisboa de 1998, animados por un empático sentido de asombro y de cuidado protector.
Sus propias palabras sintetizan con claridad el espíritu que anima su labor: «Soy por naturaleza una persona pesimista e introspectiva, pero en mi trabajo me concentro siempre en el aspecto positivo de la cuestión. En otras palabras, aunque se trate de un asunto delicado e irremediable, busco siempre abordar el contenido del mensaje de un modo positivo y esperanzador». La composición de sus imágenes cuando se enfrenta a cuestiones ambientales constituye un testimonio elocuente de esta actitud.
La exhibición, dotada de un montaje sumamente eficaz, ofrece un panorama integral de su producción, estructurado en cinco secciones temáticas y temporales (El diseñador como artista 1974-1982, Comunicar la economía 1983-1993, Reparar la naturaleza 1994-2003, Conservar la naturaleza 2004-2013, Reinventar la naturaleza 2014-2024) junto a una sección dedicada a sus autorretratos.
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