MAMBO, Museo de Arte Moderno de Bogotá.
La reciente salida del Museo de Arte Moderno de Bogotá de su director artístico, Eugenio Viola, no constituye un episodio aislado ni un simple relevo de cargos. Es, más bien, el síntoma visible de una tensión estructural que atraviesa la institución desde hace dos años: un período marcado por renuncias masivas, disminución de apoyos financieros y un cambio de gestión (de la dirección de Claudia Hakim a la actual directora Martha Ortiz Gómez) que parece haber interrumpido un proceso de crecimiento paulatino consolidado a lo largo de la última década.
Durante los años de Viola al frente de la dirección artística, el MAMBO sostuvo una programación que apostó por investigaciones de mediano y largo aliento, con énfasis en cuerpos, archivos, materialidades y narrativas que escapaban a lecturas complacientes del presente. No se trató de una línea homogénea ni exenta de fricciones, ningún proyecto serio lo es, pero sí de una apuesta por situar al museo en una conversación regional e internacional que excede la agenda local inmediata.
El problema no es, entonces, la salida de una figura específica, sino el modo en que se produce y se comunica. Cuando un museo prescinde de su dirección artística sin abrir un diálogo público sobre el rumbo institucional, lo que se pone en juego es la credibilidad del proyecto cultural. La transparencia no es un gesto administrativo: es una condición simbólica.
La salida de Eugenio Viola como Curador Jefe y Director Artístico del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO), anunciada el 6 de febrero, llega en el marco de un clima de tensiones internas bajo la dirección de Martha Ortiz Gómez, quien asumió el cargo en febrero de 2024 tras los ocho años de gestión de Claudia Hakim (2016–2024).
La junta directiva informó que la terminación del contrato respondió a una revisión integral del funcionamiento del museo. El anuncio, escueto, institucionalmente blindado, evitó detallar razones y optó por una retórica de “evaluación” y “mejores prácticas”. En el ecosistema del arte contemporáneo, ese tipo de formulaciones suele operar como una cortina de neutralidad. Lo que queda fuera del comunicado, sin embargo, es cómo se toman las decisiones, desde dónde se piensa el proyecto museístico y qué lugar ocupa la práctica curatorial en ese entramado.
Viola, por su parte, señaló que la decisión le fue comunicada por correo electrónico y que su contrato concluirá con los tres meses de preaviso establecidos. Más allá del procedimiento formal, sus declaraciones públicas delinean un escenario más complejo. En su comunicado de despedida, el curador puso el acento en principios: transparencia absoluta en los procesos, equidad en el trato, respeto por la dignidad de los trabajadores, defensa de la libertad creativa y lealtad a la institución como bien público. La insistencia en estos valores, más que en los logros curatoriales de su gestión, marca el tono de su salida.
En la entrevista concedida el 8 de febrero a Revista Papel, Viola confirmó que desde 2024 se produjeron numerosas desvinculaciones en el museo: nueve personas en 2024 y diecinueve en 2025. Aunque reconoció que algunas salidas responden a dinámicas profesionales habituales, señaló que otras estuvieron asociadas a un clima laboral que se fue tornando “más pesado” y menos alineado con los valores que deberían regir una institución cultural. En los últimos meses, agregó, la situación alcanzó una dimensión “preocupantemente masiva”, con departamentos completos sin personal.
El propio Viola describió una reducción progresiva de sus funciones. Durante la etapa anterior, además de liderar la programación expositiva, coordinaba departamentos, participaba en procesos de selección de personal y asistía a reuniones de junta. Con el tiempo, afirmó, fue excluido de estas instancias y su rol quedó drásticamente limitado. Según explicó, esta percepción no fue individual sino compartida al interior del museo.
A este panorama se suma otro dato relevante: la disminución del apoyo de donantes y marcas tras la salida de Claudia Hakim. Viola confirmó que el museo perdió parte de la red de relaciones estratégicas construida durante esa gestión, un elemento clave para la sostenibilidad financiera de la institución.
En paralelo, uno de los episodios que más controversia ha generado es el proceso de contratación del diseñador Felipe Hernández Parias, hijo de María Claudia Parias, directora de Idartes. De acuerdo con lo publicado por Revista Papel, existirían chats en los que Martha Ortiz Gómez habría enviado por WhatsApp la hoja de vida del candidato y solicitado que fuera pasado a entrevista con ella, pese a que el proceso se desarrollaba en una plataforma independiente. La misma fuente señala que Hernández Parias no figuraba inicialmente entre los finalistas. El caso ha abierto cuestionamientos sobre la transparencia de los procedimientos, particularmente considerando la relación contractual entre el MAMBO e Idartes.
En este contexto, las palabras de Viola adquieren un peso específico. Cuando habla de transparencia, de respeto irrestricto por la dignidad de los equipos y de la necesidad de que el museo funcione como un espacio plural, abierto al disenso y al debate crítico, no lo hace en abstracto. En la entrevista subraya que una institución cultural solo puede sostenerse si se construye colectivamente y si asume su responsabilidad ética y pública. También advierte que el museo es, ante todo, un “ecosistema humano”, cuya fortaleza depende del cuidado y la escucha.
La desvinculación de Viola, incluido en 2025 entre las cien personalidades más influyentes del mundo del arte y recientemente curador de la Bienal de Arte Paiz de Guatemala, se produce así en medio de una crisis profunda en el MAMBO, sobre la que se pronunció incluso la Ministra de Cultura de Colombia Yannai Kadamani Fonrodona. Más que un simple relevo en la dirección artística, el episodio expone una disputa sobre el modelo institucional, las formas de liderazgo y las condiciones bajo las cuales se ejerce hoy la gestión cultural en uno de los museos más importantes de Colombia.
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