Desde hace más de dos décadas, Gallery funciona como una plataforma de visibilidad y circulación para el arte contemporáneo en Buenos Aires. Lejos de ser solo un evento de agenda, su persistencia permite leer, año tras año, las transformaciones del ecosistema artístico local: los desplazamientos geográficos, los cambios en las formas de mediación y la relación, siempre inestable, entre arte, espacio urbano y público ampliado.
La edición 2025 propone una estructura en tres circuitos Palermo/Villa Crespo, Recoleta/Retiro y La Boca/San Telmo, que se desplegarán entre septiembre y noviembre. El primer recorrido, el sábado 20 de septiembre, activa dos barrios que concentran hoy buena parte del pulso galerístico de la ciudad: Palermo y Villa Crespo.
Palermo y Villa Crespo: densidad y proximidad
El circuito Palermo/Villa Crespo confirma una tendencia ya consolidada: la concentración espacial como forma de experiencia. Galerías, fundaciones y espacios híbridos se articulan a distancia caminable, favoreciendo recorridos no lineales y una relación menos protocolar con las obras.
En Villa Crespo, la participación de espacios como la Galería Ruth Benzacar, Fundación Cazadores o MicroGalería subraya la coexistencia de proyectos históricos con iniciativas más recientes. Las inauguraciones y visitas guiadas no funcionan aquí solo como instancias informativas, sino como dispositivos de encuentro: públicos diversos, escenas de conversación, cuerpos que circulan junto a las obras.
Palermo, por su parte, combina instituciones museales y galerías privadas, reforzando una lógica de cruce entre lo público y lo comercial sin que esa frontera se vuelva explícita. Más que una programación espectacular, el evento propone una ocupación gradual del barrio, donde el tránsito entre espacios es parte central de la experiencia.
Mediación, recorridos y performatividad
Uno de los rasgos distintivos de Gallery es su apuesta por la mediación. Los recorridos guiados, con inscripción previa, ordenan la circulación y proponen lecturas situadas, evitando tanto la sobreexplicación como el consumo acelerado de exposiciones.
La inclusión de performances y activaciones en el espacio público, así como el cierre con un after que combina música y acciones performáticas, señala un interés por expandir el campo de lo expositivo hacia lo corporal y lo relacional. No se trata de animar la noche, sino de ensayar otras temporalidades para el encuentro con el arte.
Un mapa en movimiento
Gallery no busca ofrecer una imagen total del arte contemporáneo porteño, y allí radica parte de su eficacia. Funciona más bien como un mapa parcial, atravesado por decisiones curatoriales, alianzas institucionales y límites logísticos. Su valor está en esa condición: mostrar una escena en movimiento, con densidades variables, donde el arte se piensa no solo desde la obra, sino desde su circulación y sus públicos.