Ana Teresa Barboza: bordar el territorio
El proyecto especial dedicado a Ana Teresa Barboza abre el recorrido con una pregunta insistente: ¿cómo se traduce un paisaje cuando no se pretende dominarlo, sino escucharlo? Barboza trabaja desde el bordado y la fibra para desmontar la idea de naturaleza como imagen estática. Sus piezas, que desbordan el marco y desatan hilos como raíces expandidas, se sitúan en la intersección entre gesto manual y territorio intervenido. Gelfman lee en esta práctica una crítica sutil a las formas extractivas de mirar. La artista peruana no representa la geografía: la recompone, la sutura y a veces la deja abierta, como una herida que rehúye el cierre.
Alexandre Arrechea: arquitectura como cuerpo
En el stand de LnS Gallery, Alexandre Arrechea continúa su investigación sobre el edificio como organismo político. Sus esculturas y dibujos desplazan estructuras emblemáticas —torres, fachadas, columnas— hacia estados de torsión, flexión o caída. Las obras parecen registrarlo todo: ansiedad urbana, memoria de censuras, pulsos económicos. En diálogo con la selección de Gelfman, la presencia de Arrechea introduce un contrapunto necesario: si Barboza trabaja la porosidad del territorio, aquí la arquitectura se vuelve índice de control y tensión. Miami, con su urbanismo en permanente mutación, resuena como telón de fondo implícito.
Thomas Deininger: imágenes que se resisten
Las piezas de Thomas Deininger, ensamblajes construidos a partir de desechos plásticos y objetos de circulación masiva, interrumpen el recorrido desde otra dimensión: la saturación visual. A distancia, las obras parecen composiciones coherentes; de cerca, revelan su condición fragmentaria y profundamente material. Gelfman destaca esta capacidad de Deininger para exponer los mecanismos de la imagen contemporánea, hecha de residuos y pulsos de consumo. La elección funciona además como nota disonante dentro de Pinta: la presencia de un artista no latinoamericano recuerda que la feria, más que un perímetro identitario, es un espacio de fricción y conversación.
Jesús Soto: vibraciones de otra época
El recorrido concluye con una selección de obras de Jesús Soto que refuerza la vigencia del pensamiento cinético en la región. La lectura de Gelfman subraya cómo la obra del maestro venezolano, lejos de sentirse anclada en los años sesenta, ilumina debates actuales sobre percepción, ritmo y experiencia corporal. Frente a la sobrecarga visual de la feria, los trabajos de Soto funcionan como un punto de respiración: invitan a afinar la mirada y recuperar la temporalidad del cuerpo. Su presencia también permite trazar una genealogía crítica entre generaciones que, aun desde lenguajes disímiles, comparten una preocupación por la relación entre espectador y entorno.
Pinta Miami, en esta edición, enfatiza la amplitud de voces y estrategias que conviven bajo el paraguas del arte latinoamericano contemporáneo. Sin embargo, el recorrido propuesto por Gelfman opera como un editor silencioso: selecciona obras que se preguntan cómo narrar lo visible sin reducirlo; cómo trabajar la materia sin caer en el gesto decorativo; cómo habitar las tensiones entre territorio, arquitectura, imagen y percepción.
Más que ofrecer una panorámica unificada, las elecciones apuntan a un conjunto de preguntas abiertas: ¿qué implica producir desde geografías atravesadas por desigualdades estructurales?, ¿cómo sostener prácticas que desafían la inercia del mercado?, ¿qué formas de mirar se están reconfigurando en un ecosistema saturado de ferias y circulación acelerada?
Pinta no responde estas preguntas, pero sí las pone en juego. Y en ese gesto —a veces tenue, a veces incómodo— reside su potencia.