Una donación sin precedentes de 375 millones de libras para la construcción de un nuevo ala rompe el tabú del 1900 y abre una nueva era para el museo londinense.
El 2025 quedará marcado como el año en que la National Gallery de Londres decidió reescribir sus reglas. Tras dos siglos dedicados a custodiar el gran canon de la pintura europea, desde retablos renacentistas hasta Monet, la célebre institución de Trafalgar Square anunció una inversión histórica de 375 millones de libras, destinada a la construcción de un nuevo ala y a la revocación de la prohibición de coleccionar obras posteriores a 1900.
El proyecto, bautizado Project Domani (sic), se concreta gracias a dos donaciones de 150 millones de libras cada una, provenientes de la fundación Crankstart de Michael Moritz y del Hans and Julia Rausing Trust, a las que se suman 75 millones del National Gallery Trust y de un grupo de benefactores anónimos. Se trata de la mayor inversión en un museo británico desde la apertura de la Tate Modern en 2000, un verdadero golpe maestro para la National.
La nueva ala se construirá detrás del Sainsbury Wing, donde actualmente se encuentra la St Vincent House, y el concurso de arquitectura para seleccionar a sus diseñadores recién ha sido lanzado. La apertura está prevista para después de 2030.
“La National Gallery siempre tuvo la virtud de ser a escala humana, un lugar que se puede recorrer en un día, sin abrumar al visitante como ocurre en el Louvre o el Prado”, declaró al Guardian el director Gabriele Finaldi, subrayando que la intervención no alterará la atmósfera del museo.
Sin embargo, el cambio es radical. La National Gallery siempre siguió una línea precisa para sus exposiciones: detenerse en 1900, dejando el campo del modernismo y la contemporaneidad a la otra gran institución londinense, la Tate. Una división que se volvió cada vez más anacrónica y que hoy queda definitivamente superada.
Cuando Finaldi asumió la dirección en 2016, no ocultó su frustración:
“Es algo irritante llegar a 1900 y no poder ir más allá”.
Si bien ya existían excepciones —Picasso y Cézanne forman parte de la colección desde hace tiempo—, ahora el muro cronológico ha sido derribado.
Las razones son claras: cuanto más se aleja el 1900, más natural resulta considerarlo parte de una narrativa amplia de la historia del arte. Y existe además una urgencia adicional: reequilibrar el canon. De las más de 2.300 obras que custodia la National Gallery, solo 27 son de autoría femenina. Ampliar el horizonte al siglo XX y más allá permitirá incluir artistas hasta ahora excluidas.
El primer ministro Keir Starmer celebró la noticia como:
“Un giro fantástico para la National Gallery y para las artes en general”,
destacando los beneficios económicos y educativos de la inversión.
El anuncio también fue recibido favorablemente por la directora de la Tate, Maria Balshaw, quien lo consideró una oportunidad para:
“Fortalecer la colección nacional en su conjunto”.
No obstante, en un contexto de disminución de visitantes y dificultades financieras, la Tate compartirá con la National la responsabilidad —y la competencia— de contar la historia del arte moderno.
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