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Lula gana en Brasil y el sector de las artes visuales celebra una campaña que se organizó desde abajo

Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido presidente de Brasil. Con el 51,79 % de los votos válidos (64.256.232 contra 59.826.041), se impuso el domingo 25 de octubre a Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Es la primera vez que un candidato que terminó segundo en la primera vuelta logra ganar el balotaje, y Lula se convierte además en el primer presidente brasileño elegido cuatro veces por voto directo.

El camino fue estrecho. El 4 de octubre Flávio había quedado adelante, con el 47,03 % frente al 45,16 % de Lula. Tres semanas después, la distancia pasó de 1,87 puntos a favor del candidato del PL a 3,58 a favor del presidente. El Nordeste volvió a ser decisivo: Bahía le dio más de 6,4 millones de votos (71,02 %), y Salvador casi 1,2 millones (73,24 %).

Un sector que se organizó antes del balotaje

Tras los resultados de la primera vuelta, el campo de las artes visuales activó una campaña coordinada. Miles de personas marcharon por la Avenida Paulista, en São Paulo, con una concentración frente al MASP en la que se mezclaron artistas, curadores y trabajadores culturales bajo una consigna común: la defensa de la democracia. La movilización había empezado antes. El 17 de septiembre se presentó el manifiesto «A cultura está com Lula e pede mudanças», que reunió a más de cien firmantes en su lanzamiento y superó las 550 firmas en pocos días. Entre ellos figuran artistas visuales de proyección internacional como Rosana Paulino, Paulo Bruscky, Lucia Koch y Renata Lucas, además de cineastas como Gabriel Mascaro, Laís Bodanzky, Juliano Dornelles y Joel Zito Araújo. El texto apoyaba la reelección, pero no era un cheque en blanco. Reconocía la recreación del Ministerio de Cultura y la recuperación de presupuesto, aunque consideraba que los resultados estaban por debajo del potencial del sector. Pedía un nuevo ciclo de gestión, cuestionaba el reparto de fondos culturales por medio de enmiendas parlamentarias y reclamaba medidas frente al streaming, las casas de apuestas y las grandes tecnológicas.

«Artistas Visuais com Lula 13»

La iniciativa más específica del campo visual retomó el lema que ya se había usado en 2022. Más de 450 artistas, entre ellos Sonia Gomez, Yhuri Cruz y el colectivo Vilanismo, firmaron una declaración que evocaba los años de censura, intimidación política y desmantelamiento de las políticas culturales bajo el gobierno de Jair Bolsonaro, hoy condenado por la trama golpista. El texto iba más allá de la defensa del oficio: planteaba un país que enfrente sus desigualdades históricas, combata el racismo y la discriminación y garantice condiciones de vida dignas. Otras voces del sector sumaron cartas y pronunciamientos: El Fórum de Entidades em Defesa do Patrimônio Cultural Brasileiro, que agrupa a la Associação Brasileira de Antropologia, el ICOM-BR y la Sociedade de Arqueologia Brasileira, advirtió que solo uno de los dos proyectos de gobierno protegía el patrimonio cultural. Recordó los intentos de debilitar el IPHAN en la gestión anterior y señaló que hay un proyecto de ley en trámite que propone extinguir el instituto. Colectivos como WOW – Women on Walls, el Instituto Artistas Latinas y la plataforma Piscina firmaron una carta de profesionales de las artes que rechazaba el bolsonarismo y respaldaba a Lula, en nombre de la cultura, la ciencia, la educación y los derechos de todas las personas. El Projeto Mulheres Arquivadas llamó a convertir la indignación en movilización, recordando que la cultura y las mujeres suelen ser de los primeros blancos de los gobiernos autoritarios.

Campaña «Artistas Visuais com Lula 13»

Las preguntas incómodas

La campaña también tuvo una dimensión crítica hacia el propio circuito. El artista multidisciplinar Sindri Mendes cuestionó públicamente el silencio de sectores del sistema institucional y del mercado, preguntando dónde estaban quienes dicen defender el papel transformador del arte cuando la democracia está en juego. La curadora Cristiana Tejo interpeló directamente a galeristas y coleccionistas: ¿cómo emocionarse con obras que denuncian el racismo, el colonialismo y el autoritarismo mientras se apoyan proyectos políticos que amenazan a las personas y los pueblos que inspiran ese arte? El artista Hal Wildson, en una carta dirigida «a los patronos del arte brasileño», fue más lejos y preguntó a los museos si las luchas, los cuerpos y las disidencias que exhiben les sirven solo como colección o archivo, o si están dispuestos a acompañarlas más allá de sus paredes blancas.

Galerías e instituciones que tomaron posición

Para un sector que depende en parte de coleccionistas con intereses políticos diversos, posicionarse tiene un costo. Aun así, varios espacios lo hicieron de forma pública: Galería Athena sostuvo que no se puede ser indiferente ni neutral, porque el arte no existe fuera del mundo ni las instituciones que lo acogen, y expresó su apoyo a Lula. A Gentil Carioca, referente de la escena de Río de Janeiro, advirtió que todas las instituciones culturales estaban amenazadas por el programa del Partido Liberal y manifestó su respaldo a la reelección. Portas Vilaseca repudió en sus redes el avance de la extrema derecha y su agenda antidemocrática, en defensa de la libertad y la cultura. Instituto Tomie Ohtake afirmó que, con todas sus imperfecciones, la democracia es el único camino posible. Por su parte, el 16 de octubre la galería Fortes D’Aloia & Gabriel lanzó un comunicado que recitaba: «Hoy, la violencia volvió a ocupar el territorio de la política, siendo parte central de la ideología de la extrema derecha. Repudiamos el discurso de odio y las amenazas inconstitucionales, que no se alinean con la derecha republicana, abierta al diálogo en el ejercicio democrático. La historia nos recuerda que, bajo regímenes autoritarios, artistas y tantos otros ciudadanos fueron censurados, silenciados, exiliados, torturados y muertos. En nuestro equipo, tenemos opiniones diversas, pero no divergentes en lo que respecta a la construcción de un país más justo y plural, donde los derechos sean respetados y los prejuicios combatidos a través de la convivencia. La cultura brasileña es la imagen más potente de nuestro país. Como agentes culturales, apoyamos un proyecto de gobierno que defienda la educación, el combate al hambre, la salud, el medio ambiente y la creación artística, y que fortalezca la economía con base en estos principios. Por eso, declaramos nuestro apoyo a la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva y Geraldo Alckmin a la Presidencia de la República». Asímismo la galería Nara Roesler reafirmó «su compromiso con la democracia, la libertad de expresión y la pluralidad de ideas» subrayando el rol del arte «como instrumento fundamental de reflexión, cuestionamiento y diálogo, esencial para la construcción de una sociedad libre y democrática». El comunicado de la galería concluye con un posicionamiento contundente sobre la responsabilidad del sector cultural en el contexto actual: «Defender el arte es defender la libertad. Nuestro compromiso es con la preservación de un espacio donde diferentes ideas, perspectivas y formas de expresión puedan coexistir con independencia y autonomía».

Artistas, cine y música en la calle

La movilización excedió el campo visual. El 23 de septiembre Lula participó en la Fundição Progresso, en Río de Janeiro, del acto «Cultura com Lula», con Chico Buarque, Paulinho da Viola y Marieta Severo, entre otros. El colectivo 342 Artes, liderado por Paula Lavigne, difundió el vídeo «Bora, Lula» con 17 figuras, entre ellas Caetano Veloso y Gilberto Gil. Más de cien profesionales del audiovisual, como Fernanda Montenegro, Fernanda Torres y Kleber Mendonça Filho, declararon su voto por Lula en la segunda vuelta. Y el 18 de octubre Caetano organizó en Copacabana un acto por la democracia con Djavan, Jão y Marina Sena.

El peso de los trabajadores del arte

Si algo distingue a esta campaña es la forma en que se nombró el propio sector. Los manifiestos hablan de trabajadores, productores, creadores e instituciones, y eso incluye a montajistas, mediadoras, docentes, fotógrafas, editores, críticas y galeristas independientes, quienes sostienen la actividad cultural y rara vez ocupan los titulares. Hay una razón material detrás de esa organización. Los gobiernos de Lula ampliaron el acceso a la creación y a la formación artística mediante políticas como los Puntos de Cultura y el apoyo a la educación superior, lo que permitió que nuevas generaciones de artistas surgieran de bases sociales más diversas, en un país donde el arte fue durante décadas patrimonio de las élites. Defender esas políticas fue, para muchos, defender las condiciones de su propio trabajo.

Al acudir masivamente a las urnas, la sociedad civil y todos sus sectores —incluyendo la vibrante comunidad cultural que siempre se mantuvo firme— ratificaron su confianza en un proyecto de país basado en los derechos fundamentales, la justicia social y la libertad de expresión. Hoy Brasil celebra la madurez de sus instituciones y la continuidad de un camino de unidad, pluralidad y esperanza compartida para el futuro de toda su gente. Este triunfo se consolida, además, como una excepción democrática en una América Latina polarizada, encendiendo un faro de esperanza para el progresismo de toda la región.
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