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“Ukraine” de Fabrizio Bonato y el Poder Transnacional del Arte Contemporáneo

 En tiempos de guerra, cuando la identidad cultural se ve amenazada y el ánimo colectivo se resiente, el arte puede convertirse en un instrumento inesperado de resistencia.

El 24 de febrero de 2022 marcó un punto de inflexión histórico para Ucrania. La invasión a gran escala iniciada por la Federación de Rusia abrió un ciclo de violencia que, casi cuatro años después, continúa devastando ciudades, comunidades y patrimonios culturales. En este contexto, el arte, lejos de ser un mero refugio estético, ha adquirido un valor profundamente humano: sostiene, recuerda, convoca, y en ocasiones se convierte en un puente entre países que eligen estar presentes incluso desde la distancia.

Es en este escenario que la obra “Ukraine”, donada generosamente por el artista contemporáneo italiano Fabrizio Bonato, encontró su camino hacia Kyiv, transformándose en agente de ayuda concreta para el esfuerzo de defensa ucraniano.

El 4 de octubre de 2025, en un concierto íntimo del líder de Okean Elzy, Sviatoslav Vakarchuk, celebrado en el Palacio Nacional de las Artes “Ucrania” en Kyiv, tuvo lugar una subasta excepcional. En un ambiente de cercanía y emoción, donde música y memoria se entrelazan, se presentó la obra “Ukraine”, para recaudar fondos destinados a la 13ª Brigada “Khartiya” de la Guardia Nacional de Ucrania.

La iniciativa fue impulsada por el galerista romano Michele Mercurio, a través de una amiga diplomática en Kyiv,  demostrando cómo la visión artística, la diplomacia y el compromiso cívico pueden converger de manera extraordinaria.

Fabrizio Bonato

Un artista formado en la materialidad

Bonato, nacido en Milán en 1977 y actualmente radicado en Roma, ha construido su trayectoria sobre la investigación de la materia. Su trabajo se centra en el arte matérico, un lenguaje abstracto e intensamente físico en el que el cemento y otros materiales densos ocupan un rol fundamental. Sus obras, ya sea en pintura, escultura o diseño, mantienen una coherencia poética rigurosa: cada pieza es un proceso de transformación interior, donde gesto y sustancia se entrelazan para explorar energía, memoria e interioridad.

Sus superficies, a menudo monocromáticas o de dos tonalidades, se esculpen más de lo que se pintan. Mediante capas, contrastes y geometrías irregulares, Bonato crea campos táctiles que vibran entre lo sólido y lo atmosférico. Su práctica posee un carácter casi terapéutico, entendido como una forma de reorganización emocional a través del gesto.

“Ukraine”: el arte como acto solidario

La obra donada, Ukraine (100 × 70 cm, técnica mixta), es un ejemplo paradigmático de esta investigación. Organizada en dos franjas cromáticas—azul ultramar y amarillo intenso—la pieza combina austeridad y potencia visual. El azul sugiere cielo y vigilancia; el amarillo, los campos de trigo ucranianos y su carga simbólica.

La verdadera fuerza emocional radica en su textura: crestas, estratos y relieves que confieren a la superficie un carácter casi geológico. La obra parece herida y resiliente a la vez. En manos de Fabrizio Bonato, la materia se convierte en metáfora: presión, impacto, memoria, resistencia.

La subasta se realizó en vivo sobre el escenario, en el cual bajo los reflectores, la obra fue presentada al público y transformó un evento musical en un gesto de diplomacia cultural. La pieza se vendió por 106.000 UAH (aproximadamente unos €2,170.00), según confirmó la Fundación benéfica de Sviatoslav Vakarchuk, People of the Future. La totalidad de los fondos se destinó a apoyar a la Guardia Nacional de Ucrania.

La iniciativa demuestra un uso inteligente del soft power cultural.  El arte como un puente entre naciones, mientras que la participación de Michele Mercurio muestra cómo las galerías pueden activar intercambios artísticos internacionales.

En sus cartas oficiales, la Fundación describió la contribución de Bonato como un símbolo de unidad, esperanza y empatía.

Del taller al mundo: el arte como gesto humano

Las fotografías del backstage muestran la obra entre cables, estuches e instrumentos: una imagen sincera de cómo se construyen los gestos culturales en la práctica. Donar una obra así en un país en guerra no es un gesto accesorio: es una declaración de presencia. Es afirmar que la creación artística no es ajena al sufrimiento humano, sino una forma de afrontarlo. Ukraine ya no es solo un objeto matérico; es un acto de solidaridad transnacional, un puente emocional y un testimonio del poder perdurable del arte contemporáneo.

Carla M. Rossi

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