Línea I 2022. White marble. variable dimensions
La trayectoria de Dagoberto Rodríguez (Caibarién, 1969) es, en esencia, un ejercicio de relectura constante. Tras casi tres décadas como pilar fundamental del colectivo Los Carpinteros, su producción en solitario iniciada en 2018 no solo ha mantenido la maestría técnica que lo caracteriza, sino que ha profundizado en una narrativa más personal y política, donde la arquitectura, el diseño y la crisis de las utopías convergen en un mismo plano.
Si bien el legado de Los Carpinteros redefinió el arte cubano de los años 90, la etapa individual de Rodríguez, asentada entre Madrid y La Habana, se siente como una «guerra interior». El artista ha logrado desprenderse de la etiqueta de grupo para explorar cómo el objeto cotidiano y el espacio construido son, en realidad, depósitos de ideología y poder.
En sus obras recientes, Dagoberto utiliza el humor y la ironía como herramientas de análisis. No busca un cambio político directo, sino generar lo que él define como «activismo poético»: escenarios ficticios que obligan al espectador a cuestionar la fragilidad del presente y la solidez de las instituciones.
El Lenguaje de los Materiales: La «Suiza» y la Memoria
Uno de los puntos más disruptivos de su trabajo actual es la resignificación de materiales populares cubanos. En series recientes como Anamorfosis, el artista eleva la «suiza» (el cordón de PVC usado tradicionalmente en el mobiliario doméstico de la isla) al rango de material escultórico de alta cultura.
Este gesto no es solo estético; es un puente hacia la memoria afectiva. Los sillones de PVC de su infancia se transforman en estructuras que dialogan con el constructivismo ruso, conectando la precariedad del hogar cubano con las grandes ambiciones fallidas de la modernidad del siglo XX.
Dagoberto Rodríguez representa al artista que, a pesar de vivir en el nomadismo, mantiene la mirada fija en las contradicciones de su origen. Su obra es un testimonio de que el arte contemporáneo latinoamericano puede ser intelectualmente riguroso sin perder esa chispa de ingenio que desarma al poder. En un momento donde la sociedad parece buscar refugio en «retropías» o pasados idealizados, Dagoberto nos propone lo contrario: mirar los escombros de la utopía para entender qué nuevas estructuras podemos construir sobre ellos.
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