Henry Moore en Kew Gardens, "Three Piece Sculpture Vertebrae", 1968-1969. Foto: Ines Stuart-Davidson
La historia de Kew Gardens, el principal jardín botánico de Londres, comienza en el siglo XVIII, cuando la princesa Augusta decidió incorporar a la finca de Kew Palace tres hectáreas de jardín botánico con plantas exóticas. Aquel fue el primer paso para convertir el lugar en uno de los parques más fascinantes de Londres, que hoy se extiende sobre más de 120 hectáreas y recibe más de dos millones de visitantes al año.
En 1761, el célebre arquitecto William Chambers decidió rendir homenaje a la princesa con la construcción de una pagoda de 50 metros de altura, que aún se alza en su emplazamiento original. Chambers añadió además una veintena de edificaciones, algunas de las cuales, como la Orangerie, han resistido en excelentes condiciones el paso del tiempo. Siguiendo la moda de la época, durante algunos años también existió un pequeño zoológico con animales exóticos que incluía los primeros canguros llegados a Inglaterra. Fue un experimento que pronto se abandonó para volver a concentrarse en el desarrollo del jardín botánico.
Junto con estos enriquecimientos estéticos, los jardines nunca perdieron su vocación científica original, orientada al estudio y la investigación botánica. Desde 1840 están abiertos al público, aunque no sin contratiempos: en 1913, el primer salón de té instalado en el recinto fue destruido en un incendio provocado por dos sufragistas.
Las numerosas expediciones del Imperio británico, que permitieron a los naturalistas de la época explorar territorios hasta entonces desconocidos, beneficiaron también a Kew Gardens, que pudo incorporar constantemente nuevas especies vegetales a su colección. Testimonio de ese desarrollo son dos grandes invernaderos construidos en el siglo XIX que siguen en funcionamiento: la Temperate House, que alberga unas 1.500 especies de plantas, y la Palm House, con alrededor de 1.300.
Hoy el parque forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Alberga uno de los herbarios más importantes del mundo, invernaderos, espacios museísticos, estructuras arquitectónicas, alrededor de 14.000 árboles y más de 40.000 variedades de plantas. Abierto durante todo el año, ofrece un paisaje que cambia radicalmente con cada estación.
El arte contemporáneo también ocupa un lugar destacado y, hasta enero de 2027, el parque acoge una exposición excepcional: treinta grandes esculturas de bronce de Henry Moore, la mayor muestra de este tipo de obras jamás organizada, concebible solo en un espacio de estas dimensiones. Se trata de un homenaje sin precedentes al artista, cuarenta años después de su muerte.
Fieles al sugerente título Monumental Nature, las esculturas se distribuyen por el parque guiando a los visitantes a través de un extenso recorrido en contacto con la naturaleza. Una aplicación específica permite elegir distintos itinerarios, desde una visita parcial de 45 minutos hasta el recorrido completo, que puede realizarse en unas cuatro horas.
A pesar de la monumentalidad de las esculturas, esta guía resulta indispensable para encontrarlas todas, atravesando zonas de vegetación densa y claros, como si se tratara de una búsqueda del tesoro. Las obras han sido colocadas cuidadosamente para integrarse con el paisaje y las construcciones históricas del jardín. Decenas de esculturas, cada una de varias toneladas de peso, parecen emerger naturalmente del terreno. El resultado es un espacio expositivo dinámico y en constante transformación, donde la experiencia cambia según el recorrido del visitante y la luz del sol.
Henry Moore fue un escultor semiabstracto, ya que sus obras permanecieron siempre vinculadas a la representación del cuerpo humano y del mundo natural. Encontró inspiración en plantas, troncos, huesos, piedras y cuerpos, reinterpretándolos y moldeándolos para crear formas en las que la imagen original se transforma con el fin de transmitir sensaciones y emociones potenciadas por los reflejos y juegos de luz sobre las superficies. Su instalación en este espacio abierto intensifica ese diálogo entre la obra, la naturaleza y el espectador.
Paralelamente, otras cuatro grandes esculturas de Henry Moore pueden verse en Wakehurst, el jardín botánico asociado a Kew Gardens, situado en Sussex.
La producción de menor formato del artista protagoniza, además, una exposición en la Shirley Sherwood Gallery, ubicada dentro del parque, que reúne unas noventa esculturas en distintos materiales, grabados y dibujos. Varias de estas piezas rara vez se habían mostrado al público y constituyen un complemento esencial para comprender las distintas vertientes de la práctica artística de Moore.
Cabe recordar que Kew Gardens alberga de manera permanente obras e instalaciones de otros artistas contemporáneos vinculadas a la naturaleza. Entre ellas destaca The Hive (La Colmena), diseñada por Wolfgang Buttress: una estructura visitable de 17 metros de altura conectada a una colmena real. Los movimientos y el zumbido de las abejas modifican la intensidad de los mil LED y del paisaje sonoro en el interior de la instalación. También en este caso, la obra cambia con las estaciones, invitando a los visitantes a regresar una y otra vez para redescubrir este singular encuentro entre naturaleza y arte.
Este artículo fue publicado originalmente en exibart.com
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