THIERRY FRÉMAUX EN EL ALVEAR
En una reciente visita a Buenos Aires el 21 de noviembre, Thierry Frémaux, director del Instituto Lumière y actual director del Festival de Cannes, brindó una masterclass en el Teatro Presidente Alvear: «La nueva cinefilia y la importancia de la restauración del acervo audiovisual argentino»
Allí cuestionó la elevación automática del cine de autor como valor absoluto. Afirmó que prefiere “una gran película comercial” antes que una “mala película de autor”. Su declaración sacude certezas instaladas y reaviva el debate sobre calidad, público y mercado en el cine contemporáneo.
Para Frémaux la categoría “cine de autor” no garantiza calidad artística. Más allá del prestigio que muchas veces acompaña a ese rótulo, lo que verdaderamente merece ser reivindicado es la eficacia —narrativa, sensorial, emocional— de una película. Preferir una producción comercial bien resuelta a una obra fallida bajo etiqueta autoral implica admitir que la talla estética del cine no depende solo del estatus artístico, sino del impacto real sobre quien mira.
Su reflexión actúa como llamada de atención para curadores, festivales, críticos y espectadores. No todo lo que se presenta bajo bandera de autor tiene valor por ese solo hecho.
El reclamo de Frémaux sugiere revisar la lógica que muchas veces jerarquiza el cine “independiente” por sobre el cine mainstream. Esa división simplista ignora que el cine comercial puede ofrecer grandilocuencia, emoción, recursos narrativos potentes y una conexión genuina con el público. Y que el cine de autor, si carece de rigor, puede quedarse en un gesto estético vacío.
El planteo reconfigura el foco, deja de valorarse el origen o el formato para volver a poner en centro la experiencia cinematográfica concreta —el montaje, la actuación, el guion, la potencia de la imagen.
Esta declaración llega en un momento de tensiones crecientes en la industria global del cine. Con mercados fragmentados, plataformas de streaming, crisis presupuestarias y reacomodamientos estructurales, la pregunta sobre qué tipo de cine se produce, quién lo financia y quién lo consume se vuelve clave.
Frémaux no propone desechar el cine de autor. Lo que cuestiona es su uso como fetiche. Su advertencia empuja a pensar el cine como una zona de tensión permanente entre vocación artística, circulación masiva y construcción de comunidad.
Desde Buenos Aires, la frase resuena como alerta y como invitación. Al público se le pide conciencia crítica, juzgar una película por lo que es, no por el sello que trae. A los realizadores se les plantea ser honestos con sus pretensiones, si apostás a la forma, que la forma valga; si buscás audiencia, que la obra dialogue.
La reflexión de Frémaux empuja a repensar qué tipo de cine queremos, cómo lo sostenemos, a quién pensamos como público. Y, sobre todo, qué valor le otorgamos hoy al cine como arte y como industria.
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