Pedro Roth, en su estudio
En su casa-taller de Buenos Aires, el artista húngaro-argentino Pedro Roth repasa su llegada al país, sus comienzos como fotógrafo y el pasaje a la pintura como territorio de libertad.
Pedro Roth (artista nacido en Budapest en 1938 y radicado en Argentina) es una figura singular dentro del campo visual contemporáneo: su producción se despliega entre la fotografía y la pintura; al mismo tiempo sostiene una tarea fundamental de preservación de memoria cultural a través de su trabajo de archivo. Su obra y su vida están regidas por creación y hospitalidad; hacer y compartir van juntos. En 2023 recibió el Premio Nacional a la Trayectoria Artística, distinción presentada en el Museo Nacional de Bellas Artes. En los últimos años, su nombre volvió a circular con fuerza por dos acontecimientos que condensan esa manera de estar en el mundo: la exposición “Pedro Roth. Como en casa” en la Casa Victoria Ocampo del Fondo Nacional de las Artes con un montaje que trasladó su universo doméstico al espacio público y la donación de un acervo fotográfico fundamental (miles de negativos, con un núcleo de alrededor de 8.000 imágenes ya digitalizadas del entorno del CAyC) al Archivo General de la Nación, para preservación y consulta pública. En la entrevista que sigue, Roth nos habla de su formación, su mirada, el paso del tiempo; también de su trabajo como pintor, y el modo en que la pintura se vuelve, para él, un territorio íntimo.
Si hoy tuvieras que presentarte, ¿cómo harías para explicar quién es Pedro Roth? ¿Qué contarías de vos?
Bueno, yo soy, como vos dijiste, soy un archivo viviente.
¿Cómo fue tu llegada a la Argentina?
A mi papá lo mataron en Auschwitz, mientras que mi mamá se salvó. Y yo me salvé también. Llegué acá a los 12 años, venía en el pasaporte de mi mamá. Ni siquiera tenía pasaporte. Empecé a trabajar de aprendiz de fotógrafo.
¿Con quién empezaste como fotógrafo?
Empecé con un fotógrafo industrial, un amigo de unos amigos de mi madre, que se llamaba Sandor. É l me contrató como aprendiz y aprendí con él. Después me conecté con el mundo del arte. Fui fotógrafo de muchos artistas y galerías. empecé con la galería Ruth Benzacar, fui su fotógrafo oficial.
Tomaste muchas fotografías a otros artistas y además empezaste a dedicarte a tu propia obra. ¿Qué te enseñó fotografiar al otro?
Primero que nada, la humildad. Para ser fotógrafo de otro, siendo pintor, hay que ser muy humilde. Sacarle la foto al otro y no juzgar.
Seguro te encontraste con muchos de quienes admirabas la obra.
Esos eran amigos. Con los que había una coincidencia de pensamiento o de concepto. Sí, y teníamos un grupo: Cruz del Sur en los años 70. Carmelo Arden Quin, Luis Fernando Benedit, Yuyo Noé, Marta Minujín, Federico Manuel Peralta Ramos, Pier Cantamessa o Juliano Borobio, muchos queridos amigos. También fui amigo de Victoria Ocampo y de todo ese grupo de gente, pero como fotógrafo. No sé si te acordás de mi muestra en casa de Victoria Ocampo.
Sí, estuve en tu muestra, “Como en Casa”, maravillosa.
Bueno, esa muestra la hice como un homenaje a la amistad. Porque a toda la gente que fotografié la conocí personalmente. Soy un archivo viviente de esa época.
Hace poco hiciste una donación al Archivo General de la Nación de Fotografía.
No quiero que el arte argentino pierda su historia. Entonces doné mi archivo para que quede como historia.
¿Cuándo empezaste a ser pintor? ¿Fue un camino paralelo al de fotógrafo?
Yo ya era un fotógrafo importante. Me hice amigo de los pintores. Me sentía como parte de ese mundo. Ahí empecé mi obra como pintor, porque quería hacer algo mío. La fotografía era un trabajo, y la pintura era mi obra.
Y la pintura, ¿qué te enseñó sobre cómo mirarte a vos mismo?¿Cómo te descubrís en la pintura?
Creo que lo que yo pinto es un autorretrato, más que nada. Todos los días me levanto temprano y pinto en la cama. Para estar cómodo haciendo.
Comparando a toda aquella generación con los artistas de hoy, ¿cómo ves el arte actual? ¿Qué te pasa con el arte de hoy?
Yo creo que falta riesgo, falta experimentación. Entonces la gente se copia. Y es un error. No se quiere correr justamente el riesgo; copiar es más fácil, digamos.
¿Cómo ves el arte argentino hoy en relación a lo internacional?
En los años 60, en los 70, fuimos parte. Porque había experimentación, había riesgo… había una energía. Hoy nos falta aventura. Nos falta… no sé.. nos falta esa chispa.
¿Cómo fue que te empezó a interesar coleccionar? Sos también un gran coleccionista.
Muchas obras fueron canje por trabajo, otros regalos, una forma de tener cerca a mis amigos.
¿Pensas hacer un museo, Pedro?
Y, es lo que pienso. Me gustaría que la gente pueda ver toda esta obra, de todos estos artistas. No sé si voy a vivir para lograrlo. Pero voy a tratar.
¿Qué le dirías a algún artista joven que quiere entrar en el circuito? ¿Se te ocurre algún consejo sobre cómo moverse?
No olvidarse de sí mismo. Ser fiel a uno mismo. Sí. No ceder a la moda. No empezar a copiarse, no olvidarse de la autenticidad de uno mismo. Eso es lo que yo le aconsejaría que haga.
Entre anécdotas, confesiones y momentos de humor, la conversación con Pedro Roth deja una idea nítida: la imagen no solo registra, la obra no es un objeto aislado, sino un modo de habitar el tiempo. Y en su pintura, esa práctica cotidiana que él describe como autorretrato, el paso del tiempo, no se “ilustra”: se trabaja, se insiste, se deja aparecer. Su “archivo viviente” no se limita a una colección de imágenes: es, sobre todo, una forma de mirar y de sostener vínculos. Hoy sigue trabajando y forma parte del colectivo “Estrella de Oriente” junto a Daniel Santoro, el Tata Cedrón, Marcelo Céspedes y Juan Carlos Capurro. Agradecemos especialmente a Pedro Roth por su generosidad y a Damián Roth por acompañar y facilitar este encuentro.
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