Exposiciones

Andrés Piña en Ruth Benzacar

En El alma volvió preñada de materia, en Ruth Benzacar, Andrés Piña reúne esculturas e instalaciones realizadas con camas, ropa, zapatillas, muebles, lámparas, una silla de oficina, perchas, un teléfono, agua y otros objetos de uso cotidiano. Las obras remiten de manera recurrente al sueño, el descanso y la habitación como espacio donde el cuerpo deposita sus hábitos. Una columna de zapatillas adquiere una escala corporal; prendas acumuladas sobre una silla extienden mangas en distintas direcciones; un armario contiene una figura envuelta en una manta; una cama sostiene una gran bolsa transparente inflada. Los objetos conservan las marcas de sus funciones habituales mientras ingresan en nuevas configuraciones materiales.

Vista de la exposición «El alma volvió preñada de materia», de Andrés Piña, Ruth Benzacar, Buenos Aires, 2026. Cortesía de Ruth Benzacar.
Vista de la exposición «El alma volvió preñada de materia», de Andrés Piña, Ruth Benzacar, Buenos Aires, 2026. Cortesía de Ruth Benzacar.

El texto de Martín Felipe Castagnet que acompaña la exposición, El futuro de los sueños de ayer, recorre la historia de la cama como mueble, espacio de descanso y tecnología doméstica. Piña lleva algunas de esas preguntas al terreno material. En Egósfera (2026), una cama, una silla, un ventilador, una bolsa de plástico, una mochila de Rappi, diccionarios, un colchón y prendas componen un dispositivo doméstico. En Todo lo que se descompone forma una familia (2026), una bandeja de acero con agua ocupa la superficie de una cama. El mueble destinado al reposo se convierte también en recipiente: contiene, acumula y refleja.

Andrés Piña, «Todo lo que se descompone forma una familia», 2026. Cama, bandeja de acero y agua. 92 × 149 × 202 cm. Cortesía de Ruth Benzacar.
Andrés Piña, «Egósfera», 2026. Cama, silla, ventilador, bolsa de plástico, mochila de Rappi, diccionarios, colchón, calzoncillos y remera. 107 × 297 × 110 cm. Cortesía de Ruth Benzacar.

Esta capacidad de desplazar las funciones de las cosas atraviesa la práctica de Piña. Su trabajo se desarrolla principalmente entre la escultura y la performance; la pintura aparece también como una herramienta para materializar artefactos, asociaciones y situaciones difíciles de concretar físicamente. Sus procesos parten con frecuencia de objetos existentes y tecnologías menores. Piña observa cómo una forma registra su fabricación, su uso y sus transformaciones. Una zapatilla, una prenda o un mueble contienen información sobre los cuerpos para los que fueron diseñados y sobre los gestos repetidos a su alrededor.

Andrés Piña, «Somnículo», 2026. Zapatillas, fibra de vidrio, resina, buzo y hierro. 177 × 52 × 33 cm. Cortesía de Ruth Benzacar.
Andrés Piña, «Somnículo», 2026. Silla, ropa, impresión PETG, lámpara, vaso, blísteres de pastillas y celular. 161 × 80 × 68 cm. Cortesía de Ruth Benzacar.

En las dos obras tituladas Somnículo (2026), esa relación adquiere una formulación precisa. Zapatillas, fibra de vidrio, resina, un buzo y hierro componen una figura vertical de 177 centímetros. En la otra, una silla desaparece parcialmente bajo una acumulación de prendas; entre ellas aparecen una lámpara, un vaso, blísteres de pastillas y un celular. En ambas obras, la escala y la organización de los objetos remiten al cuerpo. Las mangas señalan brazos posibles, las zapatillas conservan la medida del pie y la silla, las proporciones de un cuerpo sentado.

Andrés Piña, «Nictálope», 2026. Armario, lámpara, manta, pantuflas, algodón, ropa, fibra de vidrio, mezcla de cemento, ferrita y tierra. 205 × 85 × 77 cm. Cortesía de Ruth Benzacar.

Nictálope (2026) desarrolla esta operación desde el mobiliario. Dentro de un armario de madera, una forma voluminosa cubierta por una manta ocupa el espacio interior; unas pantuflas aparecen en su base y una lámpara corona el mueble. En Noctívago (2026), ropa y fibra de vidrio se acumulan verticalmente sobre un canasto de plástico con un calefactor halógeno. El calor pasa a formar parte de la materialidad de la obra, junto con prendas destinadas a conservarlo alrededor del cuerpo.

Los procesos de Piña trazan una arqueología material de lo cotidiano. Su atención se dirige hacia objetos ordinarios y tecnologías menores capaces de conservar en su forma historias de fabricación, uso y transformación. En esta exposición, los materiales permiten reconocer un repertorio específico de acciones: dormir, vestirse, iluminar, calentarse, guardar, sentarse. El mobiliario doméstico está construido alrededor de esas acciones. Una silla anticipa una postura; una zapatilla conserva la medida de un pie; una cama establece una superficie para el cuerpo; una prenda conserva la forma prevista para un cuerpo incluso cuando está vacía.

Esta investigación alcanza un problema más amplio dentro de su práctica: las categorías con las que organizamos materialmente el mundo, como sujeto y objeto, naturaleza y cultura, orgánico e inorgánico, y las propiedades que asignamos a cada una. Piña interviene esas clasificaciones mediante operaciones concretas: apila, cubre, ensambla, suspende, contiene. Cada elemento sigue siendo reconocible dentro del conjunto. Precisamente esa persistencia permite que una silla, una prenda, una cama o un armario acumulen asociaciones sin perder las historias materiales que ya cargaban.

Andrés Piña, «Noctívago», 2026. Ropa, fibra de vidrio, wata, canasto de plástico y calefactor halógeno. 233 × 86 × 62 cm. Cortesía de Ruth Benzacar.

Fecha: 10 de septiembre – 17 de octubre de 2026

Redacción exibart latam

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