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“Cautín” de Seba Calfuqueo llega al Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid)

Seba Calfuqueo (Santiago de Chile, 1991) lleva más de una década interrogando las huellas de la colonización desde una práctica artística profundamente vinculada a la experiencia mapuche. Su trabajo se ocupa de aquello que ocurre cuando un territorio es intervenido y administrado desde una lógica ajena a las comunidades que lo habitan. Esa investigación ha llevado sus obras hasta instituciones como la Tate Modern (Londres) y el Centre Pompidou (París), además de bienales internacionales como Venecia y São Paulo. En 2026 recibió el Focus Stand Prize de Frieze New York. Ahora presenta en Madrid CAUTÍN, su primera exposición individual en Europa.

Organizada por el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza junto a TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, la muestra toma el río Cautín como eje de una investigación desarrollada durante más de dos años. El cauce atraviesa la Araucanía, territorio histórico del pueblo mapuche, y permite a Calfuqueo abordar una historia marcada por la colonización y por la transformación del agua en recurso comercial. Para la artista, el río contiene también otra forma de entender el territorio, basada en una relación de reciprocidad entre aquello que lo habita.

El recorrido comienza en el Pacífico y avanza hacia el nacimiento del Cautín, en el volcán Lonquimay. La dirección elegida resulta significativa: avanzar contra la corriente supone alterar la lógica habitual del relato histórico y acercarse a una concepción circular del tiempo presente en el pensamiento mapuche. El agua se convierte así en una estructura narrativa capaz de conectar diferentes momentos sin someterlos a una secuencia lineal.

Vista de la exposición ‘Cautín’ de Seba Calfuqueo. Foto de © Maru Serrano. Cortesía de Museo Nacional Thyssen-Boremisza y TBA21.
Seba Calfuqueo, ‘Cautinazo’, 2026. Mural. Acrílicos y tinta china sobre algodón. 600 x 170 cm. Foto de © Cristián Arriagada Seguel.

Las obras siguen ese desplazamiento. Una instalación cerámica parte del metawe, recipiente tradicional mapuche, para adoptar formas inspiradas en especies que habitan el entorno del río. Algunas se encuentran amenazadas, como la ranita de Darwin o el huillín. En otra serie, Calfuqueo borda sobre pintura acrílica distintas representaciones del territorio, haciendo convivir códigos procedentes de tradiciones culturales diferentes. Los textiles cartográficos prolongan esa investigación desde otra perspectiva y pueden contemplarse por ambas caras.

El cuerpo de la artista aparece directamente implicado en una vídeo performance filmada en el río. En otra animación surge el shumpall, espíritu acuático de apariencia cambiante que introduce una dimensión mítica en el recorrido. La exposición también recupera la memoria del Cautinazo mediante un mural de gran formato. Las figuras representadas participaron en las recuperaciones territoriales que tuvieron lugar entre 1968 y 1973 y que marcaron un episodio decisivo en la reivindicación de tierras mapuches.

La historia del agua ocupa un lugar central en esta lectura. La privatización impulsada durante la dictadura de Pinochet consolidó un modelo en el que el agua podía convertirse en mercancía. La concepción mapuche parte de una premisa distinta: tierra y agua mantienen una relación inseparable. Desde esa tensión, CAUTÍN plantea una reflexión sobre las consecuencias que tienen determinadas formas de propiedad y explotación sobre un territorio.

Seba Calfuqueo. Detalle de pintura bordada de la exposición ‘Cautín’, 2026. Foto de © Cristian Arriagada Seguel. Cortesía de Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y TBA21.

El kalfü, azul sagrado para el pueblo mapuche, atraviesa visualmente las salas y adquiere una resonancia particular en la obra de la artista: su apellido significa «pedernal azul» en mapudungun. La museografía de Andrea Muniáin incorpora ese color a un espacio inspirado en los meandros del río. Calfuqueo introduce además pelo sintético, esmaltes metálicos y otros materiales artificiales que confrontan cualquier representación idealizada de la naturaleza. Son los llamados «materiales travestis», según la propia artista, capaces de poner en tensión lo orgánico y lo fabricado.

CAUTÍN podrá visitarse en el Thyssen hasta el 17 de enero de 2027. Después viajará a Santiago de Chile y, en 2028, llegará a Nueva York. El proyecto prolonga así una investigación en la que el río funciona como materia artística y como una forma de conocimiento: un lugar donde la historia permanece inscrita en el paisaje.

Seba Calfuqueo en una de las salas de la exposición ‘Cautín’ en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Foto de © Maru Serrano. Cortesía de Museo Nacional Thyssen-Boremisza y TBA21.

 

Este artículo fue publicado originalmente exibart.es

 

Redacción

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